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(31) NATURALEZA / SUBBÉTICA

Junta de los ríos

Priego. El inicio del Guadajoz es un lugar estratégico donde se han encontrado restos arqueológicos de diferentes épocas

 

PANORÁMICA DE LA JUNTA DE LOS RÍOS. - AUMENTE RUBIO

JOSÉ AUMENTE RUBIO
23/03/2018

El río Guadajoz, , el segundo afluente más importante del Guadalquivir, de 114 kilómetros, nace de la confluencia de los ríos Salado y San Juan, en los confines meridionales de la provincia de Córdoba. El ángulo que forman ambos ríos sirve de límite del territorio prieguense en su extremo norte y el lugar concreto donde confluyen, conocido como Junta de los Ríos, se encuentra cerca del puente de San Juan, en la carretera N-432. Hasta aquí llegan las colas del embalse de Vadomojón, donde el río Guadajoz se ensancha y remansa cuando el pantano se llena. De hecho, los últimos tramos de la ribera del río Salado en Priego de Córdoba están incluidos en el monte CO-60011-EP Corona rustica embalse de Vadomojon, monte público de cerca de 220 hectáreas propiedad de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.

El inicio del río Guadajoz es un lugar estratégico donde se han encontrado restos arqueológicos de diferentes épocas. En la Base de Datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía se incluye la Junta de los Ríos como lugar donde se halló un tesorillo de cincuenta dirhemes, que seguramente tuvo que estar relacionado con un asentamiento de la época del emirato de Córdoba. Cerca de allí, en el barranco de la Jumilla, aparecieron grandes sillares removidos por el arado, aunque algunos podrían estar in situ, así como abundantes fragmentos de cerámica común, terra sigillata y tegulae, un fragmento de recipiente de vidrio y varios fragmentos de placa de mármol, de época romana.

Desde Campo Nubes parte un camino conocido como camino de la Junta de los Ríos, cuyos primero metros se han asfaltado, sirviendo de enlace con la carretera A-333. Este camino, que aparece perfectamente definido mientras trascurre por la zona de olivar, se hace más complicado se seguir cuando penetra en el entramado de senderos, cortafuegos y pistas forestales que surcan los pinares de los Molares. El camino finaliza en una pequeña parcela de olivar aledaña a la unión de los ríos Salado y San Juan.

Nada más pasar el puente de San Juan, en la carretera N-432, si tomamos el primer camino que encontremos a la derecha, podremos llegar a las ruinas del cortijo de la Junta de los Ríos, pero el denso ramaje de tarajes impedirá que podamos apreciar claramente el lugar exacto donde se unen ambos cursos de agua. Si queremos obtener una vista más general del paraje podemos dejar el coche en un ensanche acondicionado como aparcamiento, con un panel informativo, en la carretera A-333, a unos 500 metros de su confluencia con la N-432; y ascender a los peñascales que quedan al otro lado de la carretera, hacia el noroeste. Este roquedo, que está situado a 422 metros de altitud y unos 50 metros por encima de la carretera, constituye un espléndido mirador de la junta de los ríos. Se puede apreciar claramente como, desde el sureste, fluye el río San Juan, oculto por una franja dorada y tostada de cañaverales y tarajales; y otro tanto hace el río Salado, en este caso por el suroeste, para unirse ambos a nuestros pies dando lugar a un bosque de ribera aún más ancho, en lo que ya se consideraría río Guadajoz.

El tramo de río Salado situado entre la carretera A-333 y la CO-7201 se caracteriza por su sinuoso trazado, dibujando meandros muy cerrados entre cerros que acogen interesantes yacimientos arqueológicos, tanto en su margen izquierda, del lado de Luque, como en su margen derecha, que correspondería a territorio prieguense.

El yacimiento más importante cae del lado de Luque, y en su momento le dedicaremos la atención que le corresponde. Se trata la Almanzora, cerro amesetado de unos 10.000 metros cuadrados de superficie y 470 metros de altitud, que domina la confluencia de los ríos Salado y San Juan. La Almanzora es un asentamiento ibérico de grandes dimensiones en el que destacan sus imponentes murallas dotadas de dos baluartes defensivos de aparejo ciclópeo.

La colonización romana ha dejado también numerosas huellas materiales en aljibes, pavimentos y muros, mármoles y fragmentos de mosaicos.

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