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ELECCIONES AUTONÓMICAS 2019

Podemos busca otra Carmena

La alcaldesa de Madrid no repetirá en 2019 y los morados admiten que carecen de relevo

 

Manuela Carmena llega al Foro por la Paz, en Madrid. - JUANJO MARTÍN

IOLANDA MÁRMOL
23/04/2017

La anécdota viajó 10.000 kilómetros de vuelta y está guardada en esa intrahistoria de Podemos que no siempre se cuenta pero que ofrece muchas más pistas que el argumentario oficial para comprender los desafíos a los que se enfrenta el partido. Cuando Manuela Carmena viajó a Buenos Aires en agosto deL 2015, recién elegida alcaldesa de Madrid, la recibió la entonces presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que le abrió la Casa Rosada. Fascinada por el auge del podemismo, le preguntó a la regidora: “¿Y cómo están los chicos?”. “¿Qué chicos?”, respondió Carmena. “¿Quiénes van a ser? ¡Pablo e Íñigo!”, aclaró Kirchner. “Ah, no lo sé, apenas tengo contacto con ellos”, adujo con indiferencia la alcaldesa. La conversación dejó a Kirchner de una pieza, pero se ocupó de que la conversación llegase a Madrid para que en Podemos tuviesen claro el desapego que la edila muestra hacia el partido que aupó su candidatura como independiente al consistorio.


La dirección de Podemos dio por sentado desde entonces que Carmena no les apoyaría en las campañas de las elecciones generales y empezó a prever lo complicado de relevar a una figura tan simbólica al frente del ayuntamiento con mayor poder político de España. En esa encrucijada están ahora los morados.

HASTIADA POR LAS PUGNAS INTERNAS
La alcaldesa mantiene firme su promesa electoral de no presentarse a los comicios del 2019. A mitad de su mandato, explica a su entorno, está hastiada de los conflictos estériles que estallan con frecuencia entre las diferentes familias podemistas presentes en el ayuntamiento y ha llegado a amenazar con dimitir en varias ocasiones. Dice que está desilusionada y que se siente sola luchando contra regidores inexpertos que cruzan los sables a la mínima discrepancia enarbolando banderas e identidades partidistas.

Pero Carmena no cree en los partidos políticos, ni en las etiquetas ideológicas, sino en la eficacia de la gestión. De ahí su capacidad de mantener relaciones de amistad con dirigentes de fuerzas políticas distintas a la que la llevó al cargo.

FALTA CARISMA Y EXPERIENCIA
A dos años de las elecciones, su puesto no tiene recambio. El único perfil con nombre propio tras la alcaldesa es la portavoz de la corporación, la errejonista Rita Maestre,pero su juventud (29 años) y su escasa experiencia institucional la descartan: Podemos sabe que necesita a alguien com más trayectoria y ella misma niega que vaya a dirigir el ayuntamiento, aunque podría asumir el liderazgo de los morados en la capital.

Tras la asamblea ciudadana de Vistalegre 2, el podemismo madrileño se llenó de informaciones y desmentidos sobre el regreso de Juan Carlos Monedero para ocupar la silla de Carmena. A fin de cuentas, el fundador del partido se había puesto a disposición de Iglesias en las primarias de Podemos en Madrid, el pasado noviembre. La sugerencia no prosperó entonces y, aunque en Podemos son especialistas en dobles mortales hacia atrás, el pablismo niega que vaya a postular a Monedero a la alcaldía. ¿Quién entonces? No hay más nombres. Carmena se compromete a supervisar su relevo, pero si tiene a alguien en mente, no lo ha dicho.

Y mientras, el partido busca candidato con magnetismo para ganar, alguien quien, como la acaldesa, amalgame voto más allá de las etiquetas ideológicas de la izquierda. ¿Tiene Podemos grandes perfiles así? Íñigo Errejón queda descartado -pactó con Iglesias postularse como candidato a la Comunidad de Madrid- y las filas moradas no parecen haber alumbrado cuadros a la altura de un desafío que incluye otra incógnita: quién será rival en el PP.

La delicada situación de Esperanza Aguirre dificulta que pueda repetir en el 2019 como candidata, hecho que nadie se atreve a vaticinar si es bueno o malo para Podemos. A fin de cuentas, admiten, Carmena ganó la campaña en el 2015 beneficiada por su antagonismo con la agresividad de Aguirre.

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