Ni la semana que viene ni en septiembre. «El PP no le va a regalar la investidura a Pedro Sánchez, no va a permitir que sea presidente ni por activa ni por pasiva», exclamó ayer el secretario general del PP, Teodoro García Egea, en la sala de prensa de Génova. Y si el presidente en funciones no acaba de entenderlo, añadió el número dos de los populares, que relea su propio libro, Manual de resistencia, en el que Sánchez asegura que la abstención del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy «fue una idea pésima y una equivocación de magnitud histórica». «Debería recordar esto cuando nos pida la abstención», añadió. El lema del no es no de Sánchez en el 2016, versionado por el PP en julio del 2019. Veremos cuál es la última interpretación, porque dos meses en política son un mundo.

En el partido conservador se revuelven contra la presión que intenta trasladarles el Gobierno al pedirles que se abstengan y faciliten la proclamación de Sánchez como presidente. Este cambio de tercio de los socialistas rompe la estrategia puesta en marcha estas últimas semanas por el líder de los conservadores, Pablo Casado, que había decidido desaparecer de los focos y tener un perfil bajo para dejar que los choques entre el PSOE y Podemos, por un lado, y las «contradicciones» de Ciudadanos por su relación con Vox y su crisis interna, por otro, se llevaran los titulares.

El plan b de Sánchez para su investidura traslada a Casado un protagonismo que él no desea en estos momentos, en los que su principal objetivo es cerrar de una vez por todas los pactos para los gobiernos de Murcia, con el candidato Fernando López Miras, y de la Comunidad de Madrid, con Isabel Díaz Ayuso. El primero «va muy bien», según fuentes del PP. El segundo, no tanto.

Los optimistas cálculos de Casado del miércoles pasado, que confiaba en lograr esta semana el entendimiento entre Ciudadanos y Vox, han chocado con una variable que ayer preocupaba en la sede de Génova: la fuerza de ultraderecha de Santiago Abascal está en una fase de «ensoñación», según un dirigente del PP madrileño, con la posibilidad de provocar la repetición electoral en esa comunidad (que se celebraría el 10 de noviembre) y que antes, en septiembre, los populares se hayan tenido que abstener en la investidura de Sánchez para no volver a las urnas. «En ese escenario, Vox cree que arrasaría con nosotros en Madrid porque tendría la campaña hecha con nuestra abstención», admite un miembro del equipo de Casado.

¿Nuevas elecciones?

En el entorno del dirigente conservador no hay una opinión unánime, en estos momentos, sobre la conveniencia de volver a enfrentarse a Sánchez en unos comicios que también serían, como en la Comunidad, el 10 de noviembre. Algunas fuentes consideran que ir de nuevo a elecciones generales sería como jugar a la «ruleta rusa» y que ni el PP ni el PSOE tendrían asegurado un triunfo de «suma fácil».

Otras consideran que sí sería bueno y que Casado podría llegar a gobernar si se dieran unas circunstancias muy concretas: «Que los ciudadanos perdieran el miedo a Vox y que en la izquierda surgiera un nuevo partido que disgregara todavía más el voto de esa parte del electorado». La declaración de Iñigo Errejón, líder de Más Madrid, en una entrevista en El Mundo ayer da alas a esa hipótesis. «Hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria», declaró Errejón.

Casado asegura en público que no cree que llegue a haber otras elecciones y en su partido invitan a Sánchez a buscar a sus socios en el mismo lugar en que encontró a los de la moción de censura, sobre todo, apuntan, cuando han pactado con Junts per Catalunya en la Diputación de Barcelona o impidieron a Xavier García Albiol ser alcalde de Badalona.

En Génova esperan que la verdadera presión del PSOE la ejerza sobre Ciudadanos, que también insistió en que Sánchez no debe contar con ellos. «Hay socios preferentes, que intente negociar con ellos y que se deje de personalismos y de reparto de sillas», le dijo el secretario general, José Manuel Villegas.