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RETRATO DE UNA ÉPOCA

Cuando Francisco Camps reinaba

El expresidente y Ricardo Costa derrocharon dinero público para «poner a la Comunidad Valenciana en el mapa» H Aquella ‘vuelta de honor’ en un Ferrari en el circuito de Cheste simboliza la grandilocuencia del exmandatario y refleja un periodo

 

Camps, en un Ferrari, con Rita Barberá al lado y de pasajeros Fernando Alonso, Luca Cordeo y Felipe Massa. - MANUEL BRUQUE (EFE)

NACHO HERRERO
29/01/2018

Francisco Camps, al estilo de su mentora Rita Barberá, fue un presidente excesivo. Así lo definió, sin decirlo, esta semana en la Audiencia Nacional Ricardo Costa, su exmano derecha en el PPCV. «Era, es, una persona muy compulsiva, muy especial», apuntó. Juntando compulsivo y especial, aparece la grandilocuencia de Camps.

También se puede llegar a esa conclusión al ver la «serie de complementos» que, según Costa, el expresidente de la Generalitat valenciana decidió incluir en un mitin de Mariano Rajoy en Valencia. Fueron «fuegos artificiales, alguna pantalla adicional, algún animador, por ejemplo, una banda de música». Pero, claro, el exsecretario general del PPCV, también reconoció que esos complementos los pagaban empresarios a los que luego se les adjudicaba obra pública.

O igualmente se puede recordar cosas que dijo Camps en su día. Como que era «el candidato más respaldado de todos los candidatos de la historia de las democracias occidentales en todo el mundo» o que el suyo era «el gobierno más transparente de España y de Europa».

Del mismo modo se mostró convencido de que «los 45 millones de españoles» sabían que era «honrado» e incluso, tras ser absuelto del caso de los trajes, dijo que estaba más preparado que nunca para volver al Palacio de la Generalitat... o a la Moncloa. También quedan imágenes para ilustrarlo y puede que todas se resuman en la vuelta de honor que dio a los mandos de un Ferrari en el circuito de Cheste, con Barberá de copiloto y Fernando Alonso, de pasajero. En total fueron casi siete años en los que Camps y Costa, uno jefe y otro mandado, se entretuvieron «poniendo a la Comunidad en el mapa», ejerciendo de dique y estilete ante el Gobierno de Zapatero y apuntalando el débil liderazgo interno de Rajoy.

Esa icónica imagen del Ferrari es del 15 de noviembre del 2009, apenas unos días después de que Camps hubiera asumido que había perdido el pulso con Génova por Costa, al que la dirección nacional había suspendido de militancia para que cesara como secretario general del partido en la Comunidad. Pero la relación entre ambos aún era sólida.

Confianza y ruptura

El despegue definitivo del que en 1995 se convirtió en el diputado más joven del Parlamento autonómico, se inició en el 2004 cuando Camps lo nombró vicesecretario general del partido casi al mismo tiempo que invitaba a los cabecillas de la Gürtel a que se trasladaran a Valencia.

Juntos, él y Álvaro Pérez El Bigotes, conseguían todo lo que les pedía el presidente. Por eso, Costa nunca cumplió su sueño de ser nombrado consejero, porque Camps quería al joven diseñándole las campañas.

La confianza se resquebrajó en julio del 2011. Confirmada la imputación de Camps, Costa y los exdirigentes Rafael Betoret y Víctor Campos, Federico Trillo convenció al expresidente para declararse todos culpables por el caso de los trajes.

Betoret y Campos firmaron en el TSJCV la conformidad pero Costa se olió la jugada y dijo que firmaría después de Camps, que en el último momento cambió de idea, presentó su dimisión y decidió defender su inocencia ante el tribunal. Ambos salieron absueltos juntos pero sus caminos ya se habían separado. Después de esta semana parece imposible que vuelvan a juntarse.