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EL TABLERO CATALÁN

Se busca un presidente

Jordi Turull y Jordi Sànchez se ven lastrados por su horizonte penal para relevar a Puigdemont. Sectores de Junts per Catalunya impulsan a Elsa Artadi antes de alcanzar un consenso con ERC

 

Carles Puigdemont y Artur Mas, con la directora de campaña de JxCat, Elsa Artadi, en Bruselas. -

DANIEL G. SASTRE / XABI BARRENA
09/02/2018

Carles Puigdemont ya ha asumido que, al menos formalmente, no será el próximo presidente de la Generalitat. Al margen de fórmulas imaginativas como la creación de un Consejo de la República en Bruselas, y más allá de la distribución de poder que se acuerde sobre el papel, las negociaciones sobre la investidura se centran ya en los nombres. Ayer volvió a cobrar fuerza una alternativa que hace semanas se barajaba –hasta ahora a media voz para no contrariar al expresident– en las reuniones de Junts per Catalunya: la de Elsa Artadi.

Por mucho que Artadi, una de las principales colaboradoras hasta ahora de Puigdemont, se descartase, el hecho de que los problemas para una investidura efectiva del president cesado sean cada vez más evidentes devolvió a la exdirectora de Coordinación Interdepartamental de la Generalitat al primer plano. Fuentes conocedoras de las negociaciones admiten que su nombre es uno de los que se cita con mayor insistencia en encuentros internos. Pero también afirman que no hay nada cerrado en ese ámbito, y que por tanto no puede haber todavía ningún acuerdo al respecto con el resto de partidos independentistas.

«Es evidente que Elsa está capacitada. Por su juventud y porque no tiene un horizonte penal», sostienen desde JxCat. Sin embargo, el distanciamiento de los últimos días entre el equipo de Puigdemont y parte del grupo parlamentario hace que otros sectores de la formación enfríen la posibilidad de que Artadi se convierta en presidenta de la Generalitat.

Y luego está el ámbito externo. La puesta en circulación del nombre de Artadi, y sobre todo una supuesta bendición republicana a su ungimiento, fue acogida en ERC con una media sonrisa. Un capítulo más de la serie de semifiltraciones e intoxicaciones que, extrañamente, rodean este subproceso que es la investidura del president tras el 21-D. Ninguna voz en Esquerra entró a ponderar la figura de Artadi ni su extensa biografía, tan solo indicaron que mal podría haber beneplácito sobre alguien cuando no ha habido siquiera propuesta. Es decir, que su nombre no se ha puesto sobre la mesa.

Lo único que se atrevió a señalar una de las voces consultadas es que tenía dudas de que la exalumna de Harvard levantara en la tercera parte contratante, la CUP, olas de emoción y adhesión. Y si dentro del rosario de nombres que aparecen como líderes de la era post-Puigdemont, más o menos como hace la prensa deportiva cada verano con los fichajes, hay alguno que destaca es el de Jordi Turull. Entre otras cosas, por su alto grado de entendimiento con ERC, por ejemplo, cuando fue presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí, trabajando codo con codo con Marta Rovira. Un dúo que podría reproducirse en el Palau de la Generalitat.

LA OPCIÓN DIFERIDA / Cuando en Esquerra arreciaban las críticas a los posconvergentes por su poca implicación efectiva en el procés, los republicanos siempre salvaban el nombre de Turull y, más tarde, cuando fue nombrado, el de Joaquim Forn. Turull y el también exconsejero Josep Rull –aunque este no quiere figurar en ninguna quiniela– podrían tener un peso en el acuerdo final mucho mayor del que parece estos días, sostienen desde el entorno posconvergente. El carisma de ambos dentro del PDECat es incuestionable, y ha crecido tras su paso por la cárcel.

Su principal problema para convertirse en el recambio de Puigdemont es que están encausados, y podrían ser inhabilitados en pocos meses. Y es entonces, afirman las mismas fuentes, cuando la opción Artadi, que ya ha sido nombrada portavoz parlamentaria de JxCat, cobraría fuerza, siempre que no hubiera sido la elegida en primera instancia.

Si a Turull lo lastra su futuro, a Jordi Sànchez le pasa lo mismo con su presente. El líder de la ANC lleva casi cuatro meses en la cárcel, y su nombramiento supondría afrontar un escenario de conflicto constante con el Estado. Y esa no es la estrategia que prioriza ahora mismo la mayoría del independentismo.