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EL RINCON DE LA CIENCIA.

Los tres entierros de los isotopos radiactivos

 

RAFAEL ENRIQUEZRAFAEL ENRIQUEZ 14/04/2010

"Si se cargaran todos los residuos nucleares de alta actividad generados en EEUU en toda su historia en vagones de ferrocarril, rodearía el planeta por el ecuador y aún sobrarían vagones". Esta frase extraída de un artículo de julio del 2002 de la revista ´National Geographic´ servía para abordar una problemática que aún no se ha solucionado: ¿existe algún lugar seguro para guardar los residuos nucleares de alta intensidad?.

Por aquella época se trabajaba en la adecuación del Almacén Geológico Profundo de Yucca Mountain (Nevada), hoy se ha abandonado esta instalación por falta de estabilidad geológica. Un proyecto fallido donde se han esfumado millones de dólares.

Hace pocos días la Administración Obama reconocía que a largo plazo serán necesarios varios repositorios geológicos profundos y, al mismo tiempo, anunciaban la financiación para la construcción de dos nuevas centrales. Financiación que necesita el apoyo estatal porque desde hace más de 20 años ninguna empresa estadounidense ha querido afrontar los gastos necesarios para construir estas centrales. Eso sin contar los gastos relativos al almacenamiento de los residuos, al tratamiento de aguas freáticas y suelos contaminados y a la clausura y desmantelamiento de los edificios una vez que hayan dejado de ser útiles.

La administración del país más poderoso del mundo no puede asumir hoy día los formidables costes para el confinamiento definitivo. El resultado es que los residuos siguen estando en la superficie, un lugar provisional, ya que su sepultura final sigue posponiéndose. Quizás las generaciones venideras encuentren una solución, quién sabe cuándo.

En nuestro país reposan en piscinas de agua donde se refrigeran, junto a las centrales que los producen. Su siguiente emplazamiento será el A.T.C. tan de actualidad. Estas siglas significan Almacén Temporal Centralizado. Como su nombre indica será temporal, unos 70 años, en los que se realizará el control y la gestión de los mismos. La sepultura definitiva en las profundidades terrestres corresponderá, como no, a nuestras futuras generaciones, y el almacén temporal será clausurado, desmantelado y también sepultado.

Europa ha creado una plataforma tecnológica para analizar este almacenamiento a largo plazo. En ella participan ocho países, incluido el nuestro. Suecia dio el primer paso aprobando el pasado junio el primer depósito geológico profundo con un coste estimado de tres mil millones de euros y que debería empezar a funcionar en torno a 2025, según explicó Claes Thegerstrom, director de la compañía sueca de gestión de residuos nucleares, análoga a nuestra Enresa.

Una vez conocido el periplo de los tres entierros quiero pasar a explicar un concepto relacionado con la economía de todo este entuerto. Su nombre es internalización de costes. Se denominan efectos externos a aquellas consecuencias que tiene un proceso productivo sobre los individuos o empresas ajenos a su industria, por ejemplo los problemas de salud ocasionados por empresas que contaminan el aire que respiramos. La internalización de los costes haría que cada industria se encargase de la depuración o eliminación de sus propios residuos, algo que sin duda encarecería el coste del producto.

Por último, quiero recordar que la energías renovables tienen unos efectos mínimos sobre el medio ambiente y la salud de las personas, además de su principal virtud, la de no agotarse, sin duda son las que nos abastecerán en el futuro. Sus costes de implantación pueden resultar elevados, pero en cambio no necesitan internalizar los costes de sus efectos externos porque no los tienen o son mínimos.

Los poderes públicos tienen varios objetivos en la gestión energética. Garantizar el suministro y propiciar el ahorro y la eficiencia energética son primordiales. También descentralizar y diversificar las fuentes. Tenemos que implantar las renovables, son las que tenemos en nuestro país: sol, viento y agua.

Yo añadiría que ninguno de estos objetivos es posible sin la formación y educación de los ciudadanos para que adoptemos hábitos menos derrochadores.