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MAESTROS

Trampas consentidas

 

Isabel Agüera Isabel Agüera
12/02/2020

Nunca he sido partidaria de andar a la caza y captura de posibles fallos del alumnado para amonestarlos y evaluarlos.

Mi estrategia ha sido siempre adelantarme de cara a evitar en todo lo posible, dudas, errores, faltas, etcétera. Convencida de que los tradicionales dictados, entre otras cosas, son una especie de aberraciones pedagógicas, he buscado siempre fórmulas, con algo de trampa, si queremos llamarle así, pero que han dado su fruto con respecto a las faltas de ortografía en este caso.

La estrategia consistía, en primer lugar, en escribir en grandes trozos de cartulina las palabras clave que les iba a dictar, por ejemplo: abuelo, hueco, gusano, aguja, huevo...

Esas cartulinas las ponía en grandes paneles en la pared y durante unos días les pedía que eligiesen dos o tres de aquellas palabras para escribir frases, con lo cual ya se iban familiarizando. Después, les pedía que buscaran en el diccionario el significado de aquellas palabras y lo copiaran: abuelo, hueco, gusano, aguja, huevo, etc. -suelen decir: agüelo, güeco, busano, abuja, güevo, etc. Es conveniente empezar por su vocabulario más usual. En la pizarra y a modo de retahíla les escribía: Mi abuelo tiene un agujero / y en él cría gusanos. / Mi abuelo se come un huevo / y se chupa un dedo. / Mi abuelo tiene una aguja que si te descuidas, te pincha.

A su manera, ellos inventaban otras frases con estas palabras. Finalmente, llegaba el dictado.

Las palabras las dejaba en los paneles y a la vista, en un primer dictado, anunciándole que haríamos un segundo sin paneles.

Puedo asegurar que no cometieron ni una sola falta ni las hubo más en lo sucesivo por lo que seguíamos avanzando con estrategias que, aunque parecidas, nunca eran iguales porque lo más importante para mí y para todos debe ser siempre no aburrir a los alumnos.