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REPORTAJE

El milagro del Albolafia

Los niños del colegio ubicado en la barriada de San Martín de Porres participan en la transformación de la calle Motril con un original mural diseñado por Sara Moyano y sus alumnos

 

Los alumnos que han participado en el mural, junto a Sara Moyano. - DANIEL GRANAHAN

José Juan Luque José Juan Luque
05/06/2019

Es viernes, son las doce del mediodía, ya hace calor y no hay mucha gente en la calle Motril. Gregorio, sentado en el suelo, se esmera en que toda la brocha coja pintura verde. La mete en el cubo, la mueve haciendo círculos durante varios segundos y la lleva a la pared; con mucho esmero, procura no salirse de la línea que hay dibujada. A su lado, Coral hace el mismo procedimiento, a ras de suelo, con un pincel marrón. Unos metros más al fondo, Pili completa la parte del mural morada, de pie. La calle Motril ya no es la misma.

Estos chicos y chicas de cuarto de Primaria, junto al resto del alumnado del colegio Albolafia, han conseguido un milagro: transformar una calle marginada, triste y fría en una obra de arte. Guiados por Sara Moyano, profesora de la escuela de Arte Mateo Inurria y creadora del dibujo, con la colaboración de sus propios estudiantes, han convertido una pared que hacía de barrera entre el colegio y el barrio en un símbolo de esperanza y participación. «Quería hacer un diseño optimista, refrescante, y por eso pensé en la flor del azahar, el naranjo, los limones, la vegetación... Quería hacer algo inspirador y que transmitiera sensaciones positivas», relata la artista.

El colegio Albolafia, situado en Zona de Transformación Social, es Comunidad de Aprendizaje desde hace siete años y una de sus fases de constitución fue elaborar una lista de sueños por todos los implicados: alumnado, familias, profesorado, vecindad y asociaciones. Uno de los sueños que más se repitió fue pintar esa pared para que dejara de ser un simple muro. Por eso, la participación de los niños era fundamental. «El colegio es de ellos, la pared es lo que ellos cruzan todos los días y era importante que se hicieran partícipes del proyecto porque cuando crezcan siempre van a acordarse de lo que hicieron», cuenta Sara. Quizá ahora estos pequeños no sean conscientes de la magnitud, pero el director del centro, Ximo Roig, sí lo es. «Supone romper con la visión triste y seria que hasta ahora se proyectaba al mirar desde fuera, supone transmitir el color, la vida y la alegría de la escuela desde el diálogo y la apertura a toda la comunidad, y la corresponsabilidad con un contexto tan complejo y difícil como el de Albolafia». También Floren Sánchez, el educador social, alaba la intervención: «Va a ser algo muy útil para el tema de la localización y también para la luminosidad. Es una calle muy apagada y fea, y le va a dar más luz y alegría». Desde hoy, hay un nuevo motivo para acercarse a este barrio.

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