+
Accede a tu cuenta

no

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

EL RINCON DE LA CIENCIA.

Cuando los seres vivos no tenian historia

 

ANTONIO MUÑOZANTONIO MUÑOZ 11/02/2009

En un día tal como mañana, pero hace ya 200 años, ni más ni menos, nace el personaje que al cumplir 50 años publica un libro... el libro del que no sólo no se agotaron todos los ejemplares el mismo día que salió a la venta sino del que hoy, ya en el siglo XXI, aún no se deja de hablar, recibiendo la atención de todo tipo de personajes ilustres o no, científicos, religiosos, creadores...

´El origen de las especies por la selección natural´ es un libro que sigue descargando ríos de tinta y hasta pasiones desenfrenadas, y es que "con la Iglesia hemos topado". Un libro que marca un antes y un después en la concepción social de la ciencia.

En 1809, no sólo nace Charles Darwin sino que también se publica la famosa Philosophie zoologique, obra de Jean Baptiste de Monet, caballero de Lamarck, que proponía que todas las especies, incluida la humana, proceden de otras más sencillas por una progresión que siempre llevaba hacia la complejidad y la perfección. No es que acertara en gran cosa pero sí que propuso ideas evolucionistas, que no es poco dadas las circunstancias históricas.

Transcurren 23 siglos desde Aristóteles y su ´Escalera natural de la Perfección´ hasta Darwin y su ´Arbol de la vida´. El hombre (que no la mujer) es el ser vivo más perfecto, la creación divina fetén, en torno al que gira la naturaleza entera y hasta los mismísimos planetas. Esta concepción aristotélica fue primero boicoteada por Copérnico y Galileo, dejando la Tierra de ocupar una posición central, y ahora, con Darwin, le toca también al ser humano, que ya queda como cualquier especie entre otras, bajo una concepción de un mundo azaroso donde no hay un objetivo final o meta. Duras palabras, sin duda, para un ser humano ávido de soberbia y envanecimiento propio.

La teoría de la evolución de Darwin supone el nacimiento de la Biología como ciencia y, curiosamente, no habría sido posible el planteamiento de sus ideas del gradualismo y de la selección natural sin el previo afianzamiento de la Geología y de una entidad más real del "tiempo geológico". Efectivamente, de una interpretación literal de la Biblia era materialmente imposible datar la historia de nuestro planeta en más de unos 6.000 años (según el arzobispo anglicano Ussher, que vivió hace 400 años). Sin embargo, para hablar en términos de evolución era necesario el empleo de una nueva unidad de tiempo: ¡el millón de años!

Ya estaba todo servido para que unos genios como fueron Darwin y, el gran olvidado, A. R. Wallace, pusieran orden y sentido al aparente caos que suponía la extraordinaria diversidad de seres vivos e incluso de individuos dentro de la misma especie.

Y de este modo se formula una teoría del origen común y de la diversidad de las especies, que desde entonces está sometida a intensas críticas y revisiones científicas que la han llevado hasta una teoría más moderna y sintética, o teoría neodarwinista, donde ramas muy diferentes del saber tienen lugar de forma cooperativa, armoniosa y plausible. Aún pudiendo pecar de sintéticos hay una idea que aflora: la variación al azar junto con una selección no al azar, da lugar a diseños que parecen ´perfectos´.

Pero ni ha sido ni es un camino de rosas por el que han de atravesar las ideas evolucionistas, empezando por las objeciones del obispo Wilberforce, contemporáneo de Darwin, que no escatimó esfuerzos en caricaturizar al mono Darwin y sus peregrinas ideas, y siguiendo en la actualidad con el llamado Diseño Inteligente, forma enmascarada de creacionismo, que abunda en más de lo mismo, en el toque ´divino´ o ´mágico´, unas ideas que están a años luz del verdadero método y proceder científico en la interpretación eficiente de la naturaleza y sus leyes.

Y es que puede que nunca se acabe con este acose y derribo a las teorías evolucionistas (al menos hoy podríamos afirmar que es indiscutible el ´hecho evolucionista´), pues no sólo aún se siguen negando (habiendo ¡museos creacionistas! en EEUU) sino que hay hasta quien interpreta el origen del fascismo nazi en la teoría original de Darwin.

Qué duda cabe de que el tema sigue prometiendo y que la celebración de esta efemérides quizá anime a más de uno y de una a adentrarse en el apasionante mundo de la evolución y sus controversias, que no es otro que el de la misma ciencia y la sociedad humana.