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FÚTBOL SALA / LA CONTRACRÓNICA

Sorpresa al cuadrado

El debut del Córdoba Patrimonio en 1ª no solo despertó entusiasmo, sino también el asombro ante la inesperada presencia de Carlos González

 

Enrique Martín (i) se cruza con Carlos González ayer en el palco de Vista Alegre. - MANUEL MURILLO

Francisco Gaitán Francisco Gaitán
14/09/2019

La Primera División del fútbol sala regresaba a Córdoba y nadie se quería perder esta histórica fecha. Ni los 2.200 abonados del club --que al final pudieron acudir con su carnet-- ni las autoridades de un palco que fue el centro de atención durante los prolegómenos del encuentro.

Se sabía que el técnico del Córdoba CF, Enrique Martín, acudiría al pabellón cordobés para ver a sus paisanos de Osasuna Magna, pero nadie contaba con la aparición de Carlos González, que dejaría a más de uno con cara de asombro.

El alcalde de la ciudad, José María Bellido, apareció minutos antes del inicio de un choque en el que cuya banda sonora inicial fue el himno del Córdoba CF.

Cuando el árbitro hizo sonar su silbato, la afición se sentó para ver el espectáculo de la mejor liga del mundo. Los detalles técnicos de Osasuna daban una idea del reto que iba a afrontar el Córdoba Patrimonio esta temporada, pero los blanquiverdes rápidamente se hicieron a la situación y desplegaron la intensidad que les caracteriza.

Ese detalle hizo reaccionar al público y comenzó a animar a los suyos. Era un partido de fútbol sala, más allá de ser de Primera División. Los jugadores respondieron al empuje de su sexto jugador con el tanto del capitán, Manu Leal, para llevar el delirio a los casi 2.500 espectadores que no querían perderse una cita para el recuerdo del deporte cordobés. Si ese gol supuso la parte amable del encuentro, todavía quedaba el sufrimiento por dejar los primeros tres puntos en casa.

Esos nervios llegaron a nueve minutos del final cuando el Córdoba Patrimonio cometió su quinta falta. A partir de ahí, el público se contagió de la garra de los jugadores blanquiverdes y generaron un ruido ensordecedor con cada posesión larga de los rojillos. Al final, esos minutos de angustia valieron la pena y el marcador no se movió. La bocina final supuso el desahogo y la euforia, a la vez, de jugadores y afición para vivir el mejor estreno posible. No fue una noche mágica como las anteriores, pues hubo sorpresas, mayúsculas ambas, al principio y al final. 

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