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ANÁLISIS

«Dale a la tecla, a ver si empatamos»

Los números solo orientan sobre lo bueno o menos bueno de un equipo y son una mera herramienta que antes, hace décadas, no existía / Muchos clubs de élite aplican el «big data» para la búsqueda de talentos y crecer en el juego

 

José Ramón Sandoval se baja del autobús antes de un entreno de esta temporada. - SÁNCHEZ MORENO

Ignacio Luque Ignacio Luque
09/11/2018

La estadística es la primera de las ciencias inexactas, dijo alguien alguna vez. Los números de cualquier equipo, incluido el Córdoba, reflejan en su mayoría la situación en la tabla de cada uno y si el Granada, por ejemplo, flaquea en alguna estadística, trabaja sobre el campo no para mejorar números, sino para crecer en ese apartado.

En los tiempos buenos de Rafael Sedano lo más parecido a la estadística era el calendario Dinámico, de ahí que la llegada de la primera informática, en la que solo se recopilaba en hojas de cálculo las acciones más significativas de cada jugador se mirara con cierta desconfianza, incluida la del propio profesor, al que en su momento le pusieron un ayudante con uno de los primeros portátiles IBM.

Evidentemente, no había forma de acceder al «juego» del equipo, así que mucho menos era posible llegar al de los rivales. Hoy la cosa ha cambiado mucho, aunque siempre se debe tener presente que, como dijo un escritor, «hay dos estadísticas: las que lees y las que haces». Los números inundan todo y hoy por hoy, en la web de la Liga de Fútbol Profesional, por ejemplo, hay diversas estadísticas para seguir a los equipos. Disparos, centros, posesión, etcétera. Para estas páginas, por ejemplo, se utilizan semanalmente dos herramientas más fiables, según los profesionales del fútbol precisamente: Instat y Wyscout. Más fiables, entre otras cosas, porque disponen además de la herramienta de vídeo para repasar hasta el más mínimo los detalles de cada encuentro, de cada jugador.

La cosa ha llegado a tal punto que esas mismas empresas que hemos mencionado ya van directas al «big data», análisis masivo de datos que sirve no solo para ayudar a interpretar el juego y, por la misma vía, a mejorarlo, sino también para firmar a talentos que en ocasiones pasan desapercibidos a los clásicos ojeadores. Cifras que valoran no solo los kilómetros recorridos en un partido, sino también los que se han hecho en alta intensidad. Vamos, distinguir entre un esprint o trote cochinero. Porque hay que recordar que la estadística no es sino una herramienta que ha de aplicarse luego sobre el terreno de juego, en el campo de entrenamiento. Por sí misma no vale para nada. Ayuda a interpretar en qué se mejora o se debe mejorar y muestra los puntos débiles de un equipo, incluso de un jugador. Es obvio que el Córdoba, por ejemplo, es uno de los peores -o el peor- en muchos apartados defensivos en esta Segunda División. Verle cinco jornadas como colista de la categoría y como equipo más goleado con una notable diferencia sobre el segundo ya hace intuir, incluso al menos avezado, que las estadísticas del equipo en ese apartado no serán para hacer vibrar a El Arcángel.

De ahí que si se da por hecho que se trabaja en la mejora de ese apartado, haya que ir a otros, como pueden ser la construcción de juego, la recuperación de balón en el mediocampo, las pérdidas de posesión en esa misma zona o la llegada del equipo al área rival o, al menos, a zonas comprometidas. Hace más de un mes, por poner otro ejemplo, se avisaba de los problemas que sufría el conjunto blanquiverde por los contragolpes de los rivales o las transiciones rápidas. En las últimas jornadas, sin embargo, parece haber contenido ese problema. ¿Cómo lo ha hecho? Un aspecto fundamental -no el único, como en todo- es finalizando jugada. Como sea. Algo así es una mejora, aunque otro apartado encadenado -todo va unido- es la manera de finalizar. Así, también hemos explicado que el conjunto blanquiverde es de los que menos pisa el área rival. ¿Disparos? Todos y con toda la gama. De hecho, el tercer gol en el último encuentro llegó desde fuera del área y, en realidad, era un centro-chut. Pero bien está lo que bien acaba. También genera un problema el trabajo de presión de la primera línea cuando ésta la integra un solo delantero, en este caso Piovaccari. Del italiano se puede decir todo menos que no trabaja sin balón. Otra cosa es su presencia en el área, pero hasta que no se le descubra el don de la ubicuidad esa situación se debe resolver tácticamente. Si los números explicados anteriormente, añadidos a otros, indican que a este Córdoba le falta llegada, profundidad, presencia en las zonas importantes del ataque la estadística ha de servir para trabajar en el campo, para mejorar. Negar los números es como asegurar que la situación de este Córdoba no preocupa a nadie.

Alguien escribió en su momento que hay quien «usa las estadísticas como un borracho utiliza las farolas: para el apoyo en lugar de para la iluminación». Este Córdoba puede entrar en ese camino de la iluminación si se hacen más caso de las realidades que de las sensaciones. Las primeras son inamovibles, las segundas van y vienen.

Cuando en el primer partido con el «estadístico» de nuevo cuño en el banquillo, al equipo de Sedano le marcaron. El profesor se giró y le espetó: «Niño, dale a la tecla a ver si empatamos». 

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