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ANÁLISIS

Los carontes del Córdoba (II)

Una plantilla que nunca dio el nivel, una dirección deportiva sin dinero y obligada a un acierto del 100% y una política de comunicación que se intentó enmendar y parecía planeada por un enemigo

 

Javi Lara y Rafa Berges. - SÁNCHEZ MORENO

Ignacio Luque Ignacio Luque
15/05/2019

En el empeño de buscar culpables nadie se ha salvado esta temporada en el entorno del Córdoba, por más que desde dentro del propio club se intentara señalar a unos u a otros, los que teóricamente estaban en el mismo barco. Fue un ejemplo más de la bicefalia transmitida durante meses desde El Arcángel. Pero en el plano deportivo tampoco se salva nadie. O casi nadie. A Berges le mandaron a la compra semanal de la familia con la paga del hijo menor y la plantilla, a pesar de algunos nombres, nunca llegó a dar el nivel. El banquillo se debatió entre el populismo y la bisoñez, con un prólogo marcado por la espantada protagonizada por Francisco. Y en el vestuario hubo demasiadas divisiones y egoísmos individuales. El descenso fue la consecuencia lógica después de que ningún departamento funcionara, si no correctamente, al menos con cierta lógica.

POLÍTICA DE COMUNICACIÓN
Errática y sin conocer el terreno
La política de comunicación, vista desde esa aparente bicefalia que se describió ayer, ha resultado como mínimo errática. En primer lugar, desde el club no se comunicó de manera efectiva y clara la situación de emergencia que se vivió el pasado verano y que afectaría a toda la temporada. No bastaba con fotografiar una situación de dificultad. El Córdoba, históricamente, siempre ha tenido dificultades. El club debió llamar a la unión desde la base de que la entidad vivía esa situación de emergencia, que deportivamente quedó clara, como se explicará más adelante. Lejos de conciliar y de mandar ese mensaje de unión se mostró tensa, cuando no frentista, con medios y aficionados «excesivamente» críticos. Responder con los problemas personales del interlocutor no solo refleja una evidente falta de profesionalidad, sino un dudoso nivel personal. El Córdoba necesitaba de todos, no de una mayoría o un sector, para afrontar una temporada crítica. Y no se supo -o no se tuvo capacidad- para lograr ese «pacto social» en el momento de mayor necesidad del club.


Quizás el mayor reconocimiento del fracaso en la política de comunicación fue la llegada, en un primer momento, de Ángel Sanz y José Joaquín Brotons. Ambos intentaron remontar una situación nada fácil, pero desde el propio club -vuelve la imagen de la bicefalia- se torpedearon constantemente diferentes acciones dirigidas a mejorar la relación del club con su masa social y con los medios. Con un departamento de comunicación activo, con unos asesores externos llegados en mitad de la temporada (25.000 euros), llegó una nueva admisión del fracaso: Rebellious Words (Santiago Martínez Vares), agencia radicada en Sevilla y que asesoró a Zoido y Nieto en sus etapas como ministro de Interior y secretario de Estado de Seguridad, respectivamente, aparecieron cuatro meses después de la llegada de Sanz y Brotons. Otros 50.000 euros, aproximadamente, para un equipo que trabajó para Interior en la campaña a favor de la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y que antes había ayudado a aupar al propio Zoido a la alcaldía de la ciudad hispalense. Alguna acción reseñable, como el vídeo con Ignacio Ramos El Calorro, pero poco más. Más ocupada en proteger a determinadas personas de la entidad que en cuidar la imagen del propio club, la política de comunicación del Córdoba, en esta temporada, es de las que más han dejado que desear en muchos años. Y el nivel no estaba, precisamente, por las nubes. Además de lo anteriormente expuesto, las imágenes y palabras de tensión con su máximo responsable, tanto fuera como dentro del propio club así lo corroboran.

LA DIRECCIÓN DEPORTIVA
Comprar con la paga del niño y una incongruencia
La media de altas en Segunda División, el pasado verano, rozó los 13 futbolistas por club. El Córdoba se quedó en siete. De esos siete, cuatro eran sub 23, procedentes de filiales. Y todos llegaron por el mínimo interprofesional. Obviamente, a la dirección deportiva blanquiverde habría que exigirle un mayor índice de acierto. Carlos Abad realizó una buena primera vuelta, Luis Muñoz se ha descubierto como un buen futbolista de futuro, al igual que Bodiger, y Piovaccari ha anotado una docena de goles. Pero las necesidades perentorias de este Córdoba necesitaban, prácticamente, de un acierto pleno, rozando el 100%. Y no fue así. Un claro error o, como mínimo, una incongruencia, fue la modificación de la plantilla en enero en base al juego de tres centrales que quería implantar Curro Torres y despedir al de Ahlen apenas un mes después de cerrarse el mercado invernal. Los resultados y la presión de un sector, que incluso hoy en día sigue sin olvidar al antecesor de Curro Torres terminaron por sentenciar al ex del Lorca y del Mestalla. En cualquier caso, y para poner en perspectiva, habría que facilitar un dato más que revelador. Hasta la jornada 34, los minutos de los siete jugadores llegados en verano eran de 10.048, mientras que los que sumaban las seis fichas más altas de la plantilla, que ya estaban en el plantel, eran de 6.835, algo más de la mitad. Haciendo una sencilla operación, el coste de los llegados en verano era de 59 euros por minuto jugado. El de los jugadores de más ficha era de 263 euros por minuto. Cuatro veces más caros, casi la mitad de rendimiento en cuanto a minutos jugados e incluyendo al. gran fiasco del verano, Erik Expósito. Por cerrar con otro dato que atornille esa perspectiva, baste decir que los llegados en verano tenían un coste en fichas de algo más de 600.000 euros, lo que supone, aproximadamente, el 14% del coste total del plantel deportivo. A pesar de todo, la parte de responsabilidad de la dirección deportiva está ahí, porque nadie se libra en este Córdoba, aunque se hubiera podido analizar con más profundidad en caso de haber tenido alguna herramienta más.

EL AMBIENTE
De todo menos fútbol hasta marzo
El terremoto del verano, con el bloqueo del límite salarial deportivo, provocó muchas réplicas que se hacían patentes en cada partido de El Arcángel durante la temporada. Los enfrentamientos que en estos días están empezando a dar la cara vivían un periodo soterrado prácticamente desde el pasado otoño. Joaquín Zulategui, hombre de Oliver, se marchó de la Fundación el 24 de octubre y desde entonces sus llamadas y reuniones han sido constantes. Con extrabajadores del club, con empleados del Córdoba, con aficionados, con seguidores del Córdoba activos en redes sociales... El navarro aún sigue con su particular despliegue y este periódico informó ayer de que el propio Córdoba reconoce que tiene «pruebas documentales» de esas actividades y otras que seguirán apareciendo en los próximos días. Eso, abonado con decisiones de la entidad blanquiverde nada defendibles, crearon un caldo de cultivo nada favorable a que el ambiente alrededor del equipo fuera lo más conveniente posible, lo que entronca con lo detallado anteriormente de la política de comunicación. En Córdoba, en esta temporada, se ha hablado de todo menos de fútbol. Al menos, hasta marzo. La derrota en Almendralejo giró la vista, por fin, al equipo. Posiblemente cuando ya no había remedio. Quizás nunca lo hubo. Aunque es algo que ya nunca se sabrá. A partir de ahora, este Córdoba debe haber aprendido de la experiencia para el futuro a corto y medio plazo. Todo pasa por reequilibrar la nave, principalmente en el aspecto económico, cambiar por completo la política de comunicación del club para transmitir la situación real en todos los aspectos y plantear un proyecto creíble e ilusionante. 

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