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FERIA DE LAS ARTES ESCÉNICAS de palma del río

Mascotas, cabaret y un espejo que engulle

 

Juan Antonio Díaz
06/07/2019

La tercera y apretada sesión de artes escénicas comenzó de nuevo en la Sala Reina Victoria con el texto de Cristina Rojas La perra, con un elenco formado por Raquel Mirón, Cristina Rojas, Homero Rodríguez, Chema del Barco y Mónica Mayén. La pérdida de Marisol, la perra mascota de una familia, en Nochevieja, sirve de excusa para que los componentes de la Cía. Tenemos Gato muestre todos los recovecos de la naturaleza humana reflejados en las relaciones familiares. Un montaje que deja un buen sabor de boca por la entrega de todos los intérpretes. En el Teatro Coliseo, Emilio Goyanes escribe y dirige para Laviebel, bajo el título de Babylon Cabaret, un espectáculo desenfadado que mezcla música en directo, canciones, números de circo y cabaret y una buena dosis de humor.

Todo el montaje transcurre con total corrección; la música en directo está perfectamente ajustada y supone el soporte ideal a las magníficas voces que interpretan las canciones llenas de intención cabaretera de libertad y, entre todo ello, unos perfectos números circenses que hicieron las delicias de los presentes, un público que aplaudió con ganas cada una de las intervenciones.

Para cerrar la noche, y de nuevo en la Sala Reina Victoria, un espectáculo que se puede considerar, en el más puro lenguaje coloquial, una pasada. El Espejo Negro celebra su aniversario con este Espejismos, que tiene a Ángel Calvente como autor. Todo parece desmadrado: la escenografía que inunda la sala con alfileres de luz robotizada que funcionan durante las dos horas de espectáculo con el engranaje del más perfecto reloj. No hay descanso para los sentidos.

Espejo Negro crea su propio espejo escénico, que engulle a los espectadores. Ángel Calvente, junto a Laín Calvente y José Vera, hace que las marionetas cobren vida alrededor de un gran muñeco andrógino y extravagante que lleva a los espectadores a un mundo paralelo al otro lado del espejo, como si de Alicia se tratara. Calavente no deja en el texto títere con cabeza. Esta es su genialidad, utilizar un lenguaje corrosivo, burlón e irreverente para presentar las luces y las sombras de las que nadie se libra.

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