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ENTREVISTA AL DIRECTOR DE ORQUESTA

Jesús López Cobos: "Deseo que se considere mi presencia en Córdoba como un apoyo a la Orquesta"

 

López Cobos dirigirá a la Orquesta de Córdoba. - Foto:CORDOBA

CARMEN LOZANO
14/12/2014

LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO TORO (ZAMORA), 1940

TRAYECTORIA DEBUTO COMO DIRECTOR DE ORQUESTA EN VENECIA EN 1969. ENTRE 1981 y 1990 FUE DIRECTOR DE MUSICA DE LA OPERA DE BERLIN. TAMBIEN HA DIRIGIDO LA ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA, ENTRE OTRAS, Y DEL 2003 AL 2010 FUE DIRECTOR MUSICAL DEL TEATRO REAL DE MADRID. EN 1981 LE FUE CONCEDIDO EL PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LAS ARTES.

Se consuela en los momentos tristes con Mozart, compositor con quien también celebra la felicidad, pero es una obra de Brahms, Un réquiem alemán , la que dirigirá su prestigiosa batuta ante la Orquesta de Córdoba --de la que es director titular su hijo, Lorenzo Ramos-- el próximo fin de semana en el Gran Teatro, junto a los coros de ópera Cajasur y Ziryab. Consciente de la situación económica que vive la formación cordobesa, Jesús López Cobos pretende que su esperada actuación sirva como un apoyo, "con el deseo que no se destruya lo que con tanto esfuerzo se ha construido en estos años".

--Viene a Córdoba a ponerse frente a su orquesta. ¿Qué opina de esta formación? ¿La conoce?

--Es la primera vez que dirijo la orquesta, aunque conozco la ciudad.

 

--Supongo que sabrá de los problemas de financiación por los que pasa en la actualidad, no solo la Orquesta de Córdoba, sino todas las españolas. ¿Qué opina al respecto? ¿Cree que esto podría pasar en cualquier país del norte o del centro de Europa?

--Soy consciente de los problemas que sufren bastantes orquestas en España. La crisis ha hecho mella, especialmente en el mundo de la cultura al haber disminuido considerablemente las subvenciones, en general, y haberse retraído también la ayuda privada, que tan poca tradición tiene por nuestros lares. En los países nórdicos, en los que la cultura forma parte del ADN de la sociedad, es más difícil que ocurran estas cosas, pero tampoco se han librado de tener que hacer reformas y ahorrar para mantener las instituciones.

 

--Dirigirá Un Réquiem alemán , de Brahms. ¿Es una pieza especial para usted?

--Yo siempre he amado el repertorio sinfónico coral (comencé dirigiendo coro). El Réquiem de Brahms es una obra señera de este repertorio que, aunque Brahms no hubiera escrito otra obra, le hubiera bastado para pasar a la historia de la música como uno de los grandes. Particularmente, tuve que dirigirlo recién muerta mi mujer Karin y me sirvió de un gran consuelo, pues Brahms buscó los textos en la Biblia que retratan la muerte como algo positivo. ¡No en vano la primera y última palabra de la obra es "selig", bienaventurados!

 

--Su actuación en Córdoba ha creado mucha expectación y, además, es de los pocos directores invitados de la temporada. ¿Qué cree que puede aportar a Orquesta y público?

--En primer lugar, deseo que se considere mi presencia en Córdoba como un apoyo a la Orquesta con el deseo de que no se destruya lo que con tanto esfuerzo se ha construido en estos años y ha supuesto poner a Córdoba en el mapa de la música en este país. Espero también que pueda hacer llegar al público a través de nuestra interpretación toda la grandeza de esta obra.

 

--¿Le gustaría ponerse al frente de algún proyecto nacional?

--Para mí ya pasó ese tiempo. Creo que con casi 75 años a mis espaldas no tengo la suficiente garantía de tener tiempo y energías para guiar un nuevo proyecto. Creo que solo valen la pena relaciones largas con una institución para que el trabajo dé sus frutos.

 

--¿Cree que algún día en España se le dará el valor a la música clásica que tiene en los países del norte y centro de Europa? ¿Es un problema de educación?

--Es un problema de educación, desde luego. ¿Cómo se van a crear nuevos públicos si los niños no tienen el mínimo acceso a la música culta? Pero también es cuestión de tradición y España no ha tenido gobernantes que hayan sabido alimentar esa tradición, apoyar la cultura y no creer que es solo un entretenimiento para las clases pudientes que se lo pueden pagar.

 

--¿Qué supone para usted dirigir la orquesta de la que es director titular su hijo?

--Es muy emocionante, pues todo padre desea dejar en herencia a su hijo, al menos, el amor por esta profesión mía que requiere tantos sacrificios y que nos da también tantas satisfacciones. El ha heredado ese amor por la música y espero que pueda disfrutar de su profesión hasta el final de sus días.

 

--¿Tiene la música un valor terapéutico?

--Por supuesto. Yo llegué a recibir un anónimo en que una persona me confesaba que había decidido suicidarse y al salir de un concierto en que tocábamos el preludio y muerte de Tristán e Isolda , de Wagner, y la Séptima de Bruckner decidió que valía la pena vivir. ¡Mire si la música puede ser terapéutica!

 

--¿Con qué compositor se consuela en los momentos difíciles?

--Con Mozart, sin lugar a duda. ¡Es el ángel de la guardia de los músicos!

 

--¿Y con quién celebra los alegres?

--También con Mozart. Es la sonrisa hecha música. Es humano y divino al mismo tiempo y, aunque solo hubiera existido él habría valido la pena la estirpe humana

 

--¿Los directores de orquesta piensan en la jubilación?

--Solo pensamos en seguir haciendo música hasta que nuestra salud nos lo permita. Nosotros necesitamos años para madurar y es justo a partir de los 60 años cuando comienzas a entrever y entender algo de lo que tienes entre manos.

 

--A lo largo de su carrera, ¿qué público es el que más le ha impresionado?

--El público japonés, sin ninguna duda. Las salas de conciertos japonesas son templos en las que el público oye con suma concentración y respeto. Muchas veces piensas, al dirigir, si hay alguien en la sala. Y eso ayuda inmensamente a los que estamos en el escenario y tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos.

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