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ENTREVISTA

James Rhodes: "La música fue un milagro en mi vida, allí me sentía seguro"

Pianista y escritor

 

James Rhodes - JUANJO MARTIN/EFE

Selina Otero
15/09/2020

James Rhodes, pianista y escritor, habla con naturalidad y sinceridad de cómo debe ser la educación, de la importancia de la creatividad y el talento, de tener sueños, de la música clásica y también de sentimientos dolorosos, como los vinculados a los abusos sexuales.

-¿Cómo definiría usted una buena educación?

-Es una visión muy personal. Si pudiese, cada mañana en cada escuela del mundo habría veinte minutos de meditación. Además, necesitamos enfocarla más en las artes. La música, por ejemplo, es esencial pero está en crisis en todo el mundo. Obviamente lenguaje, matemáticas, idiomas... es importante pero me gustaría que la música estuviese al mismo nivel. Los alumnos son pequeños. Tienen que aprender a hacer algo que les guste: tocar, un deporte... pero también relajarse. La escuela ya de por sí es demasiado dura para un adolescente en 2020. No debería haber tantos deberes, tanto estrés. Ya trabajan en clase: en casa deberían relajarse. Sería más equilibrado.

-¿En qué momento descubrió usted su talento para la música?

-¿Qué talento?... (bromea)

-...(risas)...Su evidente talento.

-Cuando era pequeño no era bueno en música. Con 30 años empecé con un profesor a practicar a fondo. Es muy técnico. Necesitas practicar ‘de manera muy tiquismiquis’. ¡Es un poco loco! Y llevo 15 años trabajando mucho para mejorar. Eso sí, siempre he tenido pasión por la música clásica, desde niño. Como muchos niños que sueñan con ser como Messi, por ejemplo. Pues yo soñaba con ser pianista.

-En su historia de vida, con violaciones y abusos sexuales de los 6 a los 11 años, la música es su salvación, como usted ha contado.

-Sí, porque es como un truco de magia. Algo privado, que no necesito compartir con cualquier persona, solo para mí... Con la música llegué a un nuevo mundo, fue como un trampolín hacia un mundo totalmente diferente, seguro, a salvo, inspirador... En un mundo tan feo, con tantas cosas tan terribles, encontrar la música, como un nuevo idioma, fue un milagro, me salvó. Fue una vía de escape. Alguna gente lo encuentra en las drogas, en el alcohol. Yo lo encontré en la música.

-¿Por qué Mozart en particular?

-Mozart fue cuando era más pequeño. Pero todos los compositores son como estrellas de rock para mí: Bach, Mozart, Beethoven,Chopin... Escuchamos Bach desde hace muchos años, muchos. No sé si en el futuro vamos a escuchar a Luis Fonsi o a Rosalía, pero seguramente seguiremos escuchando Bach, Beethoven, etc... y por supuesto en la misma categoría metería a Bob Dylan, Sabina, Charly García, The Beatles. Son músicos increíbles. A mí me apasionan los compositores clásicos; no entiendo la razón pero es como si se desbloqueara algo en mi interior.

-¿Fue muy difícil dar el paso de escribir ‘Instrumental’, el libro en el que describe su historia personal de abusos en su infancia?

-Es una mezcla. Sí, por supuesto, fue muy difícil. Un montón de problemas legales, mucha exposición, mucha vergüenza y también fue muy doloroso. Pero lo haría otra vez. Porque no puedo contar cuántos mensajes y correos electrónicos he recibido de gente que ha leído el libro y de repente entienden lo que sienten. O qué le está pasando a su novio o novia, a su hijo, a su primo... El libro ha ayudado a mucha gente y sin ese libro creo que no sería posible la nueva ley de la Infancia en España. Es decir, el libro me ha dado un pequeño micrófono y con ese micrófono pude hacer un montón de trabajo para ayudar a niños, ayudar a proteger a los niños y niñas.

-¿Por qué cree que usted llega tanto a la gente cuando toca el piano?

-¡Ah! ¿Crees que es así? ¿En serio? ¡Qué amable apreciación! Es lo que intento hacer. Lo que trata de hacer cualquier persona que escriba, que pinte, que practique un deporte... He tenido muchos problemas, en concreto con la música clásica, con la manera en la que se presenta esta música al público: corbata, traje, reglas de cómo y cuándo aplaudir. Son etiquetas y creo que son chorradas, totalmente irrelevantes. Lo que yo intento es hacer la música más amigable, más cercana. Que no sientas como si fueras a un lugar serio. Simplemente vas a un lugar en el que puedes cerrar los ojos, apagar la luz, tocar una pieza y sentir... Hay una historia dentro de cada persona. Es como una banda sonora de una película. Y cada persona tiene su propia película en su cabeza cuando yo estoy tocando. De esta forma es menos estricto.

-Es otra forma de poner en escena la música clásica, de un modo más informal... ¿Logra así llegar a nuevos públicos?

-Los músicos de este estilo de música (clásica) son muy reservados. No sabemos mucho sobre ellos. No se abren sobre quiénes son, de dónde proceden... Yo creo que mucha gente que lee mi libro me conoce más cuando toco, quiero decir, me conoce mejor y esto ayuda a crear una conexión también en un concierto.

-En cierto modo rompiste las reglas...

-¡Es de locos! Hay gente en España muy respetada en este ámbito que no tiene en cuenta a la gente joven. He oído que me consideran «peligroso» y para nada es así. No consiste en eso. Lo que sé es que tengo la suerte de llegar al ‘Sold out’ (entradas agotadas) cuando hago conciertos en auditorios o en teatros. Y en el público hay adolescentes y jóvenes que escuchan este tipo de música por primera vez.

-Usted sufrió abusos sexuales de niño y tras años de sufrimiento decidió contarlo. Y escribió su historia para ayudar a más gente. ¿Por qué existe ese silencio cuando pasa algo así?

-Hay muchas razones. La víctima siente vergüenza y miedo. El abusador amenaza. Te dice que no se lo puedes contar a nadie porque si lo haces te pasará algo terrible y tu familia morirá, por ejemplo. Después, en el ámbito de la escuela, los medios o las propias familias puede existir como una tendencia a negarlo. Eso incrementa la vergüenza de la víctima. Casos en los que se protege incuso al abusador. Mira lo que pasó en la Iglesia. Es triste.

-¿Cómo superar un trauma así?

-Honestamente no creo que se pueda salir. Para mí es como una enfermedad, es algo con lo que aprendes a vivir. No va a curarse, no se va a ir. Simplemente aprendes a aceptarlo.

-Usted ha sido clave en la elaboración de la nueva Ley de Protección de la Infancia. Incluso la llaman ‘ley Rhodes’...

-Sí, bueno. Yo prefiero que la ley simplemente se llame Ley de la Infancia, que es lo que es... Es evidente que yo he contribuido a una parte de su desarrollo, pero hay centenares, quizás miles de personas trabajando durante muchos años en este ámbito, en el ámbito de la protección de menores, como Save the Children, doctores, etc... Por eso no creo que sea apropiado llamarle ‘Ley Rhodes’. No necesita un nombre.