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ENTREVISTA

Bunbury: "La política son los huesos que nos lanzan a los perros para que nos devoremos"

El cantante aragonés publica 'Posible', un disco en el que se aleja del compromiso sociopolítico y busca una conexión con el oyente "a través de las preocupaciones más hondas y personales"

 

Enrique Bunbury. -

Jordi Bianciotto
28/05/2020

La pandemia ha postergado un mes y medio la salida de ‘Posible’, el nuevo álbum de Enrique Bunbury, que ve la luz este viernes con su cancionero de tacto contemporáneo, con rock y electrónica, y sin rastro de los géneros populares de otros tiempos. El cantante zaragozano responde a este diario por correo electrónico, el medio que desde hace un tiempo elige para atender a la prensa.

--En una de las nuevas canciones, ‘Deseos de usar y tirar’, habla de los hombres quiso ser, y en otra, ‘Arte de vanguardia’, desliza: “Quizá no haya vivido como debiera / Quizá haya bebido de más”. ¿Se arrepiente de algo? 
--Yo no soy nada nostálgico. Pienso muy poco en el pasado. Es cierto que a veces fantaseo con la posibilidad de haber sido diseñador de alta costura o haber vivido en Tailandia o poder leer a Mishima en japonés. Las posibles versiones de uno mismo que se dejan pasar, en mi caso, pesan menos que las posibilidades que se abren a cada paso. Soy un tipo positivo. Y creo que el futuro es un horizonte abierto hacia el que puedes avanzar y sorprenderte a cada paso. Las posibilidades de evolución en lo personal y lo profesional son lo suficientemente amplias como para que lo que dejamos atrás no sea tan importante.

 --“Como me dijo Nick Cave / tú no eres tu pasado”, dice en ‘Deseos de usar y tirar’. ¿Es su carrera un ejercicio de superación de etapas frente a las expectativas de quienes le reclaman que se quede en el mismo lugar? 
--Entiendo a aquellos que fueron felices en un lugar y desean poder volver a él, idealizando unas coordenadas espacio-temporales que dejaron de existir fuera de su recuerdo. Pero poder liberarte del peso de tu propio pasado, viajar ligero de equipaje, es una opción que me parece muy útil para la evolución artística y para moverte con mayor facilidad cada vez que te enfrentas a un proyecto creativo.

--Se ha referido a ‘Posible’ como un álbum difícil de hacer. ¿En qué sentido? 
--Fue difícil de hacer para mí, sí. A lo mejor otra persona hubiera sido mucho más hábil manejándose en el estudio, con la tecnología que hemos utilizado, con los músicos que lo hemos grabado y el tiempo disponible. Tuve momentos de crisis durante la grabación del disco, creyendo que no iba a llegar al lugar que sonaba en mi cabeza, pero que en ocasiones no alcanzaba a escuchar a través de los altavoces del estudio. Fue un proceso largo hasta que, en los dos meses de posproducción, el disco alcanzó la sonoridad que buscaba.

--La mayoría de sus músicos son los mismos desde el 2008, cuando cada disco plantea modulaciones: un peso electrónico más grande en ‘Posible’. ¿Cree que sigue pensando en parte en términos de banda, de grupo de músicos con los que avanzar juntos? 
--No fue así en este disco. Aunque han grabado todos los miembros de Los Santos Inocentes, también colaboraron dos o tres músicos más. Y si no me equivoco, es el disco en el que he tocado más instrumentos y grabado más pistas desde ‘Radical sonora’ (1997). He tenido una banda a disposición, pero no hemos funcionado exactamente como banda. Los ensayos no se realizaron en un local de ensayo al uso. Fueron un mini estudio de grabación improvisado en el que cada uno fue haciendo pruebas, a veces conjuntas y otras muchas de manera individual. No quiero que parezca que la aportación de los músicos no ha sido importante: lo ha sido y mucho. Pero no de la manera ortodoxa y orgánica a la que estamos acostumbrados.

--En su música han ido quedando atrás las referencias a géneros canónicos (blues, cabaret, latinidad). ¿Aspira a alcanzar un imaginario musical sin raíces o de síntesis?
--Esa era la idea en esta trilogía de discos que conforman ‘Palosanto’ (2013), ‘Expectativas’ (2017) y ‘Posible’. Creo que este último es el disco en el que más se nota. Mis álbumes previos a esta trilogía ya profundizaron en las raíces de la música que me interesaba. Lo fronterizo en los discos grabados entre el 2006 y el 2011, y el cabaret latino y mediterráneo entre 1999 y el 2004. Con mis últimos álbumes he querido traer mi música al presente después de tantos discos profundizando en la tradición y mezclándola con mi propuesta.

--La electrónica marcó su primer álbum como solista, ‘Radical sonora’ (1997). ¿Quizá en aquel momento era una electrónica más sujeta a las tendencias del momento, y ahora se siente menos interesado en las modas?
--Totalmente. En ‘Radical Sonora’ los ritmos que sostienen las canciones están más anclados en los movimientos de la época. El jungle, el drum'n'bass, el trip hop, el breakbeat o la música industrial. En cambio, en ‘Posible’ no se encuentran referencias claras a las tendencias del momento.

--Algunos aspectos del ambiente y el tacto de álbum pueden hacer pensar en el Bowie de madurez, a partir de los 90. ¿Alguna identificación con esa etapa del Duque Blanco, que siempre ha sido uno de sus referentes?
--No lo tengo tan claro. Y eso que me halaga que pienses en Bowie de alguna manera. Me gusta mucho el Bowie de los noventa, pero también creo que bebe demasiado de los ritmos de la época como para encontrar similitudes con 'Posible', donde no hay ese interés.

 --Esta vez no hay referencias políticas tan explícitas como en ‘Bandeja de plata’, de ‘Expectativas’ (2017). ¿El paisaje político es demasiado empobrecedor o tóxico para que interfiera en su mundo de canciones?
--Después de dos discos con un enfoque social y de compromiso, me parecía que, en este disco, la mirada debía tornarse hacia adentro, atendiendo a lo personal e intentando llegar a una conexión con el oyente a través de las preocupaciones más hondas y personales. Por otro lado, a mí la política no me interesa. Me parecen huesos que nos lanzan a los perros para que nos devoremos los unos a los otros, mientras lo realmente sustancial ocurre por detrás o por encima.

--"Llegará el momento en que ya no hablaremos de contar mascarillas, sino de los temas importantes, como el debate entre la seguridad y los derechos fundamentales, el 'Big Pharma'..."
Se especula sobre qué mundo nos va a dejar la pandemia. ¿Hay algún aspecto en el que este ‘shock’ pueda representar una oportunidad?
--Claro. Hoy es complicado entrar en ello, porque tenemos la mierda pegada a la suela de nuestros zapatos, pero llegará el momento en que ya no hablaremos de contar mascarillas, sino de los temas importantes. Pienso en el debate entre la seguridad y los derechos fundamentales, o en el manejo de las instituciones internacionales y el 'Big Pharma', o en la dependencia o independencia que tenemos para tomar decisiones sustanciales que salpican a la salud y la economía de un pueblo. Y las intenciones de los filántropos de las nuevas tecnologías… No sé, son temas en las que podríamos enfocar nuestros esfuerzos y debates, por que me parecen importantes.

 --¿Y en el plano musical, cree que sería el momento de repensar algunos aspectos de la cadena de la industria?
--Uf, creo que debemos pensar en cómo y cuándo volver a salir a la calle y abrazarnos y besarnos. Esa es la dirección. No la contraria. Pensar que nunca volveremos a cosas tan básicas como la convivencia, es poco realista y no favorece en nada a nuestra evolución como especie.

 --La música en directo se ha complicado. ¿En qué términos y plazos ve la gira de ‘Posible’?  
--Hemos decidido reprogramarla para el 2021. Empezaremos en Latinoamérica en febrero-marzo, seguiremos en mayo-junio por Estados Unidos y en agosto-septiembre estaremos en España y Europa. Las noticias que nos llegan de las distintas normativas de los países que vamos a visitar no son nada halagüeñas. Tenemos que viajar con carga y personal, y las fronteras están tiquismiquis. Y la distancia social y la limitación de aforos no cuadran con la visión que tenemos de la gira, ni hacen fácil la rentabilidad de un ‘tour’ internacional. Por no hablar de ideas como el público dentro de automóviles y otras que nos parecen poco realistas o factibles. Pero insisto, en que además está la parte emocional y humana de la vida que no la tenemos que apartar de nuestro objetivo. Un concierto debe ser un intercambio de energía y una comunión entre público y artista.