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CONGRESO SOBRE ARTE BARROCO Y VIDA COTIDIANA EN EL MUNDO HISPÁNICO

El Barroco y la reivindicación del artista

Da comienzo el encuentro, que profundiza en la importancia de la vida diaria en la sociedad

 

Imagen de la apertura del congreso, ayer, en el Rectorado. - FRANCISCO GONZÁLEZ

Carmen Lozano Carmen Lozano
20/11/2019

Con la ponencia inaugural del profesor de la Universidad de Murcia Cristóbal Belda sobre el intento de modernizar a la sociedad española durante el reinado de Carlos III, comenzó ayer el tercer Congreso sobre Arte Barroco y vida cotidiana en el mundo hispánico, que pretende dar una visión muy diferente a la oficial en torno al estudio del Barroco, ya que se adentra en otros sectores de la vida cotidiana, pequeña y silenciosa, que «es la que realmente da el pulso exacto de la sociedad de aquel momento», según el experto. Un periodo este en el que los artistas tienen que luchar porque se reconozca la importancia social de su trabajo en una sociedad jerarquizada y dejar claro el lugar que debían ocupar, que para ellos debía alejarse de esos otros oficios manuales, ya que consideraban que la pintura pertenecía a esas artes liberales «que son hijas y fruto de la inteligencia».

Bajo el epígrafe De artistas y artesanos y obradores, este congreso reunirá en el Rectorado a un importante plantel de ponentes que hablarán hasta el viernes de muy diversos temas. Según relató Belda, los ilustrados y grandes pensadores contribuyeron a modernizar el Estado durante el reinado de Carlos III, para lo que necesitaban la ayuda de todos los sectores sociales, especialmente de los productivos. Los artesanos, entre los que se incluían los artistas, habían sido denostados a lo largo de la historia, lo que se transformó porque aquellos pensadores se dieron cuenta de que todos aquellos que podían producir podrían contribuir a la felicidad del Estado. Por tanto, la reivindicación social del oficio de las manos es una conquista de ese Estado nuevo, que, en un momento determinado creó la gran esperanza en «una España abandonada y atrasada». Toda esa dignificación laboral también conllevó a que «todas las personas debían ser iguales».