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ENTREVISTA

«Bailo al son que me tocan, la vida manda, y luego manda la poesía»

Juana Castro, poeta

 

Juana Castro recibirá hoy un homenaje de la Asociación de Escritores de Andalucía. - A.J. GONZÁLEZ

Carmen Lozano Carmen Lozano
15/06/2019

Con una trayectoria impecable, llena de premios, y entre las quinielas de reconocimientos aún más importantes, la poeta Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945) ha sido pionera en la defensa de los derechos de la mujer. Luchadora incansable, se ha convertido en guía para otras muchas mujeres que posteriormente iniciaron su mismo camino. Pero, además de ese rasgo distintivo de su personalidad, que se manifiesta desde su primera obra, Cóncava mujer, lo más importante de su trayectoria literaria es su capacidad metafórica, puesto que su palabra está llena de ternura y sensibilidad, pero también posee una gran fuerza expresiva. No le teme a decir lo que piensa, y a lo largo de esta entrevista se muestra sincera y abre su corazón en un momento en el que «no siente la necesidad de la poesía», aunque, reconoce, «la buscaré porque es difícil vivir sin ella». Hoy, a partir de las 18.30 horas, la Asociación de Escritores de Andalucía le rendirá un homenaje en el Círculo de la Amistad.

-Lleva un año muy completito de premios y hoy recibirá un homenaje. ¿Qué se siente ante tanto reconocimiento?

-Gratitud, en primer lugar. Alegría. Pero viene enseguida la conciencia del tiempo, la finitud, saber que estoy en el último tramo de la vida. Lo dije hace dos semanas en la ermita de la Virgen de Gracia en Torrecampo, al recibir el premio Solienses, este último invierno he visto a la vejez andar por el pasillo de mi casa.

-Han pasado muchos años desde su primer poema. ¿Se reconoce cuando lee sus versos de juventud?

-Me reconozco en la energía, el entusiasmo y la fe en la humanidad, en Andalucía. Prácticamente, no tengo versos de juventud, apenas conservo nada, el primer cuaderno se perdió, solo tengo un poema publicado en mi pueblo, en una revista parroquial. Mis poemas de juventud son los de la revista Zubia, con 30 años, y los de mi primer libro, Cóncava mujer.

-¿Cómo recuerda aquellos años?

-Ya en Córdoba y con tres hijos, recuerdo esos momentos como la gran suerte de haberlos podido vivir. Se estrenaba el mundo. Asistíamos al final de la dictadura, al inicio de la democracia, a los poemas en las calles, al descubrimiento del feminismo y del Círculo Juan XXIII, a la apertura de la facultad de Filosofía y Letras. Había más prosa que poesía.

-¿En qué ha cambiado su poesía en todo este tiempo?

-Curiosamente, al principio fue la elegía y el lenguaje plagado de imágenes, como en Del dolor y las alas. Luego, el culturalismo barroco con la naturaleza y el cuerpo, sobre todo en Narcisia. Después, el clasicismo de Arte de cetrería. Luego, lo femenino, el campo y la memoria en Fisterra, lo mitológico en No temerás. Otra vez la memoria y la mitología personal en Del color de los ríos y El extranjero. Y siempre la voz de mujer que se hermana con otras.

-¿Qué la ha empujado a esa evolución?

-La poesía evoluciona, pero de tanto en tanto aparece el dolor, y hay como una vuelta de tuerca, un ir hacia dentro, a lo espiritual. No hay otro camino cuando la vida te marca. Y me ha marcado con la muerte de un hijo, la enfermedad del olvido en mi madre y mi padre, con la muerte de una nieta. Por eso están ahí Del dolor y las alas, Los cuerpos oscuros y algunos poemas en el último libro, Antes que el tiempo fuera. Quiero decir que yo bailo al son que me tocan, la vida manda y luego manda la poesía, he pasado por todos los periodos y por todos los temas, y ahora estoy en la poesía esencial, que es a la vez la de lo agrario, el tiempo, mi campo, la intrahistoria de Los Pedroches, su mítica y su épica.

-¿En qué momento se encuentra ahora?

-Yo estoy ahora más relajada, lenta, comprensiva, disfrutando mucho del pannuestro-de-cada-día, de la soledad y de nuestra pareja, con este amor que dura y perdura más de 50 años de convivencia y los cinco de noviazgo; una pareja, la de Pedro y yo, tan milagrosa, porque ha atravesado alegrías e infortunios, con una hija y un nieto en Holanda, otra hija y otra nieta aquí en Córdoba y un hijo en Málaga. Me mantengo en un grupo de amigas feministas en que nos alimentamos mutuamente y del que sabemos y empezamos a experimentar el cuidado de unas a otras en según qué momentos, y eso da mucha confianza.

-Siempre ha sido una activista del feminismo. ¿Cree que la mujer va adquiriendo fuerza en el mundo de los versos?

-Las mujeres estamos en todas partes, nos interesa todo, pero ahora lo más importante quizá sea la ecología y el cine dirigido por mujeres. El problema de la poesía es que nadie la lee, más que los poetas o quienes la sienten cerca, más las mujeres que los hombres. Y a pesar de que hay más mujeres poetas y lectoras, cuando alguien cita a sus escritores, no hay nadie, ni mujeres ni hombres, que citen, no ya a poetas, casi tampoco a escritoras.

-Como si no existieran.

-Nos han robado nuestra genealogía, no tenemos capital simbólico, como dice Noni Benegas, que legar a las nuevas poetas. No hay en los manuales mujeres literatas, en los siglos XX y XXI no hay escritoras, no hay poetas, nos pasamos la vida rescatando, recordando, una y otra vez, a las sinsombrero, a las creadoras del 27. No se cumple la ley de igualdad en los jurados de los premios que pagamos todos. Tenemos únicamente seis mujeres premios nacionales en poesía durante la democracia. A pesar de que hay un gran número de autoras, no pasan a la historia literaria. Y cuando algún autor o autora cita a sus maestros, efectivamente, son maestros, todos hombres.

-Es evidente que aún queda mucho por hacer en cuanto a igualdad. ¿Dónde hay que poner el foco para dejar de hablar de machismos y techos de cristal?

-Se dice continuamente: en la educación. Pero la educación no es solo la escuela ni la Universidad. Es la familia, la tradición, los libros, los programas. Son muchos siglos de interiorizar y exteriorizar «el hombre» como universal humano, la medida: en la cultura, las religiones, la empresa, la política, las artes. Y con esa medida hemos construido la historia.

-Y tantos siglos de supremacía masculina no se superan fácilmente.

-Así es. Casi creo que está en los genes de los hombres. Si no, ¿cómo pueden –algunos– confundir el amor con la posesión? ¿Cómo pueden gozar comportándose como animales al forzar a una menor? La mayoría de los que matan son conscientes de cometer un crimen horrísono, por eso se suicidan. Mientras no hayamos vivido la igualdad como normal en la familia y las relaciones durante uno o dos siglos, no la tendremos normalizada. Arrastramos una herencia de dominación y minusvaloración que lo impregna todo, de las canciones al refranero y los antiguos manuales de ideología «ángel del hogar», que todavía colean.

-Ama a su tierra, que ha dado muchos escritores y poetas ¿Qué tiene Los Pedroches? ¿Es una fuente de inspiración?

-Amamos la tierra primera, la de los primeros recuerdos y los primeros aprendizajes. Los Pedroches es una tierra lejana y sola, como Córdoba en los versos de Lorca. Y allí, en lo agrario antiguo, se desarrollan las gestas y las virtudes humanas. Venir a Córdoba, cuando yo era chica, era una odisea.

-Cuando le entregaron el premio Solienses dijo que llegaba en un momento en el que no sabía si seguiría escribiendo poesía. No será una despedida.

-Sí. Llevo un año sin sentir el deseo ni la necesidad de la poesía. La buscaré, porque es difícil vivir sin ella.

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