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Toda hora llega

 

Toda hora llega -

Antonio Luis Ginés
07/03/2020

‘Toda hora’. Autor: Manuel Mata Piñeiro. Editorial: Cántico. Córdoba, 2019.

Si llega la hora de plasmar una apuesta, una estética que lleve un cierto sello personal, o al menos, que escape de la generalidad, es probable que podamos pensar en este poemario de Manuel Mata, con el que se alzó con el Premio de Poesía Irreconciliables. El tono prosaico -que en no pocas ocasiones domina el centro de la escena- a veces se dirige a crear ese punto de tensión que suele elevar el poema, sin precipitar el final, sino con equilibrio contenido. Fronteriza, la voz siempre cuenta algo, en verso, siempre pasa algo, se percibe entonces una motivación, no es la simple contemplación, lo estático, y ello crea un dinamismo cómplice que nos inocula el poema de forma vertiginosa. Solo diecisiete poemas para armar este libro, tal vez no parece mucho, pero mejor dejar lo esencial al desfile de versos intrascendentes.

Manuel Mata construye con estas piezas -y con fotos de su propia cosecha- un tono y un ritmo, una serie de secuencias que son parte de un mundo que nos transmite, desde lo personal hacia lo universal, porque la conexión suele ser fluida, y en el que el destello -cuando se produce- no es producto de algo aleatorio, sino de una construcción equilibrada. Lo lírico queda diluido dentro de ese tono que tiende a lo prosaico, pero está ahí, en su desnudez, en esa huella de lo experimental que la palabra permite.

La sencillez no significa simpleza. Llevada adecuadamente produce una impresión primera y luego un efecto bien distinto más expansivo, sobre todo cuando se da una lectura reposada. Las imágenes y metáforas, generalmente, sugieren, sobre todo perfilan el espacio que se está pisando, y el que se reconoce mejor el poema, alcanzando los momentos más álgidos de algunas piezas. Además están las fotos que el autor inserta entre los poemas. Plasman una serie de instantáneas que complementan la palabra escrita, sin estridencias, con cierta suavidad y sensualidad en ocasiones, como si las líneas curvas calmaran el posible vértigo de las frases. Casi podemos reconocer una cierta estructura circular con dos poemas «Querido niño» y «Circular». El primero casi abre el libro, y el segundo sí lo cierra. Piezas casi a modo de epístolas, más discursivos, con fraseo corto y directo, en busca de un impacto en quien recibe la sugerencia. Sin perder de vista otros poemas como «Los pájaros», «El movimiento del mundo» etc, de alta intensidad, y no son los únicos. Curiosamente estos dos se construyen (hay más) con la figura paternal o familiar, muy presente. Otro detalle es el estilo conversacional de la voz, siempre habla con alguien -estilo indirecto-, siempre busca esa presencia cómplice que le sirva de referencia. Hay un tú, digamos que perceptible, sobre el que descansa el discurso, y que permanece al otro lado, y el yo se refuerza en su agilidad y en su fluidez, frente a esa otra figura que a veces se hace más visible, y otras se mantiene tras la niebla. Una apuesta estética que mantiene coherencia de fondo y frescura, en una mirada sin filtro que cautiva.

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