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POESÍA

Tiempo, desazón y optimismo

 

Tiempo, desazón y optimismo -

Antonio Moreno Ayora Antonio Moreno Ayora
12/01/2019

Rafael del Campo Vázquez, narrador de buena pluma en su libro de relatos de 2017 Los xílgaros del tío Jacob, se acredita ahora como poeta con el título Las edades del día, cuyo prefacio es ya una explosión de ideas, un alumbramiento inesperado de sonantes alejandrinos blancos que aturden la emoción, un venero que señala la fortaleza de una interioridad de irremediable desbordamiento. El autor, que ha sido precoz y constante lector de poesía, ha esperado ilusionado el momento psicológico más oportuno para exponer su escritura poética con una suave y pulida sonoridad.

Sus poemas, muy bien estructurados en cuatro apartados, denotan sucesivamente la rápida instauración del amanecer, el vívido transcurrir del día que se alboroza en la luz, el lento aletargamiento en la amplitud de la tarde y, al fin, la despedida de las horas con la umbría del ocaso. Se ve así que es el concepto de tiempo el que lo rige todo, por lo que el tiempo se muestra como un fluir necesario, como un avance vital que se agota en etapas y como un acabamiento al que se llega concretamente en el ocaso vital.

Aunque el poemario comience exaltando la armonía cósmica primigenia, esta se va a quebrar pronto en la sección inicial «Amanecer», que en su significado anuncia tanto parajes de dolor («unos cándidos ojos lloraron dulces lágrimas») como escenas de luminaria contemplación y esperanzado futuro («nidal donde reposen, tras sus vuelos, los sueños»). Luego en la sección «El hueco del día» cabe lo mismo la posibilidad del amor que la lucha fructuosa o la merecida delectación, mientras que la siguiente, «Atardecer», cobija por un lado los más hermosos sentimientos y por otro afianza vivencias de desilusión o melancolía, reconociéndose «que no habrá gallos en la amanecida/ ni agua en los arroyos». Será, por fin, en «Ocasos» donde se agiten recuerdos y experiencias para alternar la aceptación resignada y hasta feliz o indolente de la realidad, que incluso se retrae a momentos más negativos.

Los lectores verán en este libro una explosión de verdadero lirismo salteado con luminosas metáforas («La vida es esa brisa que sopla donde quiere,/ agita las retamas de perlas amarillas») y convirtiendo la mezcla de sus versos (alejandrinos, heptasílabos, endecasílabos) en un caldo de cultivo para la defensa de aquellas cualidades humanas que suscitan la emotividad y la sensibilización del vibrante sentir en los lectores.

Las edades del día, en síntesis, hacen prevalecer, ante el paso de tiempo, la perplejidad y la cruda adversidad, aunque enarbolando frente a ellas el valor de la dignidad del hombre y de su lucha por superar los malos vientos, lo que en el primer poema se proclama así: «el tiempo siente miedo si lo enfrentas en corto/y le hieres la frente con un golpe de piedra».

Junto al deseo del ser humano de dejar un recuerdo de bondad que mejore el mundo, aparece igualmente como legítimo un inmenso amor al campo y a sus criaturas que se trasluce en muchos de estos versos del poemario de Rafael del Campo Vázquez, que claramente subliman las diferentes etapas de este simbólico día cuyas inquietudes, tristezas y sinsabores acuciantes pueden enfrentarse valorando lo positivo y enaltecedor de la existencia.

‘Las edades del día’. Autor: Rafael del Campo Vázquez. Edita: Ánfora Nova. Rute, 2018.