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narrativa

Soliloquios heterogéneos

 

Alberto Díaz-Villaseñor. -

Soliloquios heterogéneos -

Francisco Onieva
22/12/2018

‘Soliloquios’. Autor: Alberto Díaz-Villaseñor. Editorial: Amazon. Año: 2018.

Convencido de ofrecer su obra al lector sin intermediarios, deseoso de marcar tanto los tiempos del proceso de edición como de promoción y estimulado por los buenos resultados de ventas de sus anteriores aventuras editoriales, Alberto Díaz-Villaseñor (Peñarroya, 1959) acude de nuevo a la autoedición a través del gigante Amazon.

Soliloquios, disponible tanto en papel como en formato digital, está compuesto por cuarenta relatos que pertenecen, según el propio autor reconoce en la nota inicial, «a diferentes épocas y a diversas circunstancias e intenciones, que ahora vuelven a ser corregidos, vuelven a ser visitados, vuelven a ser molestados en el sueño que dormían justamente».

Concebido, pues, como un conjunto heterogéneo, el libro aborda múltiples núcleos temáticos, «porque, de algún modo, alientan en el interior las viejas pulsiones de la fantasía, el sexo, el misterio, el amor, el miedo, la risa...», a través de historias de diferente extensión (desde microrrelatos como «Cartas de amor», «Asombro», «El peligro de las playas», «Entendí», «Sueño de mantas» o «Avispa» hasta las diecisiete páginas de «Deuda pagada» o las trece de «Pregunté por ti») construidas desde diversos enfoques narrativos, con los que el escritor peñarriblense pretende seducir al lector y hacerlo partícipe de las mismas para desmontarle los andamios con los que ha apuntalado el frágil mundo en el que se afana por sobrevivir.

En ese sentido, se me antoja una obra fronteriza, en tanto y en cuanto conviven temas, perspectivas y tonos ya transitados por Díaz-Villaseñor con inéditas indagaciones. Así, junto a la presencia de la infancia, de la memoria del pueblo o de la minería aparecen la incomunicación, las grietas de nuestra sociedad o la identidad. Igualmente, se alternan relatos más clásicos en cuanto a la arquitectura de la narración con otros más actuales, en los que el narrador se despega del contexto inmediato para construir una mirada más universal.

Semejante dualidad lleva aparejada una utilización distinta de la sintaxis y del léxico. De hecho, coexisten sus característicos períodos sintácticos extensos con la oración corta y rotunda, que quiere noquear al lector y no dejarle margen de reacción. Del mismo modo, la experimentación con un léxico sencillo y sugerente, que busca potenciar los significados de las palabras, alterna con la hibridación de un lenguaje formal e informal e, incluso, coloquial, que utiliza como resorte narrativo el humor y la ironía, llevado al delirio en «Concierto» o «Jóete», auténticas astracanadas.

No puedo cerrar estas líneas sin citar algunas de las historias que han quedado en mi cabeza dando vueltas: «Por fin esta tarde», «Cenas», «Deformación profesional», «Cariño, cielo, amor», «Tesis», «Mobbing», «Deuda pagada» y, sobre todo, la que abre el libro: «Soliloquio», toda una declaración de intenciones, todo un camino abierto.