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Ruina junto al Malecón

Wendy Guerra publica 'Todos se van' en Anagrama

 

Antonio Garrido
04/10/2014

La obra narrativa de Wendy Guerra se ha traducido a varias lenguas, trece me parece, pero no se ha editado en su país, en Cuba. No será por falta de calidad. La razón es estrictamente política y como toda forma de censura, deleznable, venga de quien viniere en cualquier lugar y tiempo. La autora se graduó en la Escuela Superior de Arte, en la especialidad de Dirección de Cine. Es actriz, poeta y novelista. Con esta obra, Todos se van , publicada por Anagrama, ganó en 2006 la primera edición del Bruguera de Novela. Un galardón con jurado único, Eduardo Mendoza, lo que no está nada mal.

Las decadencias como actitud estética siempre me han atraído de manera irresistible. La Habana vieja o Lisboa, por poner dos casos aunque diferentes, han sido testigos de mi deambular con más placer que las nuevas y asépticas avenidas, todas iguales, de cualquier ciudad. Hace unos años escribí mis sensaciones de Harlem y esta tendencia, consecuencia de la cultura y del carácter, me hace difusamente feliz. No me refiero a las ruinas, no estoy pensando en los Foros Imperiales ni en la Acrópolis. Hablo de los edificios llenos de nobleza que se desmoronan sin caer del todo, con las heridas del tiempo y de la incuria como máscara grotesca de lo que fue. Ya lo sé, lector avisado, se trata de una manera muy barroca de mirar pero, bueno, uno es así.

La palabra ruina es la que resume los diarios de infancia y de adolescencia de Nieve, un nombre tan poco apropiado para una niña cubana. Ruina en todos los sentidos, marco en el que hay que construir, por paradoja, una vida con horizontes muy estrechos, en los que sobrevivir es lo máximo a que se puede aspirar.

Un diario es un desdoblamiento, una alteridad, un espacio para la confesión, un lugar en el que se intenta ordenar, en la linealidad del texto, el universo de su autor, autora en este caso. Es también un refugio, un lugar donde todo se puede decir en la relativa seguridad del secreto bien guardado. Es también una trampa en la que caemos para justificarnos.

Nieve considera su diario una tabla de salvación, un espacio para la supervivencia y así lo afirma en varios lugares. La evolución temporal es la evolución del yo; de esta manera, en la crónica de los hechos, se articula una estructura que sirve de consuelo o de desaliento a través de una prosa muy efectiva, muy rica en la sinceridad de la escritura. Todos sabemos que, desde un punto de vista teórico, la sinceridad es casi imposible pero el convenio de verosimilitud, nuestra mentira aceptada, nos mantiene pegado a las páginas. Una novela llena de dolor y de esperanza, de sueños y de fracasos, de ensayos y de errores, en un contexto asfixiante, en un marco que nos parece imposible pero que es el pan de cada día; o mejor, la falta de pan.

Un padre brutal y despreciable. El lector tiene el derecho de emitir sus propios juicios, de opinar. No hay nada que salve a quien ejerce la violencia sobre un niño. Son páginas que te impactan, son páginas de desconsuelo y de llanto, también de ira. Lo peor es que la víctima llega a justificar las palizas, la sangre, el hambre, la crueldad del hambre.

Una madre, sensible, de temperamento artístico, débil, muy débil, que se refugia en la música, en los amigos, que quiere mucho a su hija pero que no actúa cuando tiene que hacerlo, desengañada de los derroteros que la Revolución ha tomado con los años.

Ambos se enfrentan con Nieve como instrumento arrojadizo. Una niña a la que le gusta pintar, que se niega a ceder, que quiere salir de esta ratonera física y afectiva, que tiene curiosidad y necesidad de amar y de ser amada. Si la literatura, entre otras cualidades, es capaz de despertar sentimientos de compasión, Guerra lo consigue de manera sobrada.

La adolescencia es complicada y cuando vives en una ratonera de la que todos intentan escapar aún más. Nieve se introduce en el mundo artístico, el de las artes plásticas, que está bullendo en momentos muy difíciles en los que el control político se hace cada vez más espeso. La historia se repite pero es única en cada caso. Nieve se enamora de un artista consagrado que vive en una gran casa. Ninguna revolución es igual para todos hasta que no se demuestre lo contrario. Con él descubre otro mundo pero este también tiene sus reglas y también es cruel.