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RELATOS

Paisajes nevados de Peter Stamm

«... entre los pliegues... se esconden Carver y Chéjov, una mezcla que convierte a este relato en magistral»

 

Peter Stamm. - CÓRDOBA

Paisajes nevados de Peter Stamm -

Pedro M. Domene Pedro M. Domene
26/12/2020

Los relatos breves del suizo, Peter Stamm (Weinfelden, 1963), se caracterizan por la intensidad, el uso extensible de la elipsis y, sobre todo, por la incapacidad, en su mayor parte, de sus personajes para expresar lo que piensan o sienten, algo que les lleva a una profunda tensión que acaba generalmente en nada. El narrador afirma que, casi siempre, alcanza un determinado estado de ánimo cuando escribe, y a través de ese sentimiento le surge el lenguaje. El tono esencial de su escritura ilustra a un individuo cuando se expone a lo desconocido, de ahí que su literatura, sus novelas y sus relatos, describan momentos en los que todo puede ser posible, y entre las muy notables características de su prosa, el paisaje surge con paralela fuerza, cobra inusual presencia en sus cuentos que resultan tan áridos y frágiles como se dilucida por la extremada precisión y la fuerza del lenguaje empleado, o por sus acertadas y milimétricas descripciones. Sencillez y una inteligible capacidad para construir ambientes resumen, aún más, su obra. Los personajes de Stamm tienen el privilegio de intentar convivir en la más absoluta cotidianidad, no se les exigen reacciones extraordinarias, ni deben mostrar actitudes de héroes, pese a las angustiosas situaciones sufridas, aunque en ocasiones logran salir indemnes del dolor que les causa su melancólica circunstancia. En uno de sus textos más poéticos, «A los campos hay que acudir...», escrito en segunda persona, que puede leerse en una de sus colecciones más valoradas, Los voladores (2010), se cuenta la vida de un artista que, aún en el fracaso de su arte, logra triunfar.

La literatura de Peter Stamm, antes que un entretenimiento, se muestra como una vía de conocimiento y algunos de sus personajes sobreviven a una existencia que se derrumba por completo, su vida desaparece en un instante, deben empezar de cero, y es así como constatan la necesidad de conocerse a sí mismos, aunque la historia no siempre acabe bien, pero al final sabrán más sobre ellos de lo que sabían al principio. Todos se aproximan a su esencia, y en ese sentido podría decirse que se acercan a un final feliz, como ocurre en Marcia de Vermont. Un cuento de invierno (2020), donde el protagonista se llama Peter y el narrador centra el relato en un artista que pasa dos meses en una residencia de Vermont, en el norte de los Estados Unidos, cerca de la frontera con Canadá. Ese viaje, rodeado siempre de un paisaje nevado, desencadena los recuerdos de Peter, y su mente le lleva treinta años atrás, cuando conoció a Marcia en Nueva York, un encuentro casual, aunque determinante para el futuro de la historia. Una joven desconocida le pide en la calle unos dólares, y le propone organizar una pequeña fiesta, de alguna manera conviven en una extraña relación, aunque treinta años después apenas se acuerda de su cara, pero tiene la seguridad de que la reconocería si se la encontrara por la calle alguna vez.

Peter Stamm juega con la posibilidad de que aquel encuentro con Marcia se hubiera convertido en algo más que un amor fugaz. El narrador del relato, Peter, apenas tiene recuerdos de aquellos días en Nueva York, pero por extraño que parezca, esa evocación había cobrado vida propia con los años, se había ido ensamblando para crear una historia que encajaba muy bien con la biografía de un artista: inicios en Nueva York, años de penuria, amistades con otros artistas que luego siguieron su propio rumbo, o murieron jóvenes, muestra inequívoca de esa y otras vidas que no vivimos. Lo característico de Stamm es que sus historias, el argumento que desarrolla en sus cuentos y novelas, suele comenzar con una pregunta, tal vez, de lo más inocente, ¿y si las Navidades junto a Marcia hubieran cambiado su vida para siempre? El centro del cuento es aquello que se quedó en un germen. No ha sido una vida pero en algún lugar de nuestro cerebro sigue latiendo, como si fuera el escozor de un miembro fantasma. Peter y Marcia son, en este Cuento de invierno , dos seres reales que habitan un dentro y un afuera sin llegar a atravesar la puerta para reencontrarse, aunque el narrador deja señales, marcas en el tiempo, para descubrir aquella vida que se quedó en una posibilidad, mientras la otra, la que parece más real, continúa. La huella de dos maestros que elige Stamm pululan por este breve relato de apenas noventa páginas, entre los pliegues de su historia se esconden, el norteamericano Carver, y el ruso Chéjov, una mezcla que convierte a este relato en magistral.