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Javier Morales Ortiz

 

Javier Morales Ortiz -

Pedro M. Domene
14/03/2015

Javier Morales Ortiz (Plasencia, 1968) imparte talleres de escritura y colabora en diversos medios y revistas. Escribe una columna dominical en El Asombrario , portal de cultura de eldiario.es . Ha publicado hasta el momento los libros de cuentos La despedida (2008), Lisboa (2011) y Ocho cuentos y medio (Baile del sol, 2014) y la novela Pequeñas biografías por encargo (Huerga & Fierro, 2013). Sobre su literatura se ha dicho que es "austera, concisa, pero sobre todo auténtica, y en la brevedad de sus textos puede meterse toda una vida".

 

--Dígame, ¿cómo se llega al cuento?

--No creo que haya una única forma de llegar al cuento, sino que cada lector, cada escritor, encuentra el camino a su manera, si es que lo encuentra. Al principio como lector y luego como narrador siempre me interesaron la brevedad y la concisión, cualidades inherentes al género breve. El predominio editorial de la novela no ha facilitado el acercamiento del gran público al cuento, que sigue siendo minoritario.

--¿Intenta con sus relatos mostrar la fragilidad humana?

--La necesidad de mostrar la fragilidad humana, lo que somos, viene de cualquier impulso literario, no solo del cuento. Pensemos en Shakespeare. Creo que un error en el que han caído algunos cuentistas es pensar que el género es superior a otros, como la novela. Algo parecido a lo que ocurre con algunos poetas respecto a la narrativa. Creo en la buena literatura, al margen de la cara que tenga.

--Entonces, ¿hasta qué punto se implica usted en sus relatos?

--Mi implicación es total cuando escribo, pero no solo relatos. Cuando se cuenta una historia, al margen del género que hayamos elegido, estamos dejando en el papel un pedazo de nuestra alma. Y hay que dar lo mejor de nosotros mismos. Otra cosa es el resultado.

--Sus personajes, al hilo de un posible realismo sucio, pretenden no seguir siendo los mismos, ¿es esa la intención en sus historias?

--Al hablar de mi último libro, Ocho cuentos y medio , el escritor Juan Ramón Santos se preguntaba si en mi caso, más que de realismo sucio, no habría que hablar de realismo limpio. Me parece una observación muy aguda y atinada porque una cosa es el lugar en el que pueden transcurrir algunas historias y otra el tratamiento de la historia y el tratamiento de los personajes.

--¿Ha necesitado usted un espacio concreto para contar, o es un mero recurso literario?

--En mis dos primeros libros de relatos, La despedida y Lisboa , podríamos decir que el espacio donde se desarrollan las historias se convierte en un personaje más. Era algo meditado. En el primer caso, el mundo rural. En Lisboa una urbanización de las afueras de Madrid. Ambos libros están conectados. Quería demostrar que la fragilidad del ser humano de la que hablabas antes es la misma, que nuestros conflictos son parecidos y universales, al margen de donde vivamos. Algo que también puede visualizarse en mi novela, Pequeñas biografías por encargo .

--En La despedida , los personajes conviven con temas comunes: superar su derrota, y cuanto media entre realidad/ deseo.

--Decía Bolaño que la literatura es una batalla perdida de antemano, como la vida misma. Creo que cualquier historia que se precie nace de esa derrota, de la necesidad de adaptar nuestras aspiraciones a la vida real, a lo que realmente tenemos.

--La ambientación de los cinco relatos en un medio rural, ¿ayuda a los personajes a vivir en un último paraíso?

--Quise rendir un homenaje a una cultura que se pierde, que agoniza. Y en este sentido, como señaló en su día Gonzalo Hidalgo Bayal, los personajes de La despedida viven en una especie de arcadia, un mundo en extinción donde los humanos veían a la naturaleza como parte de sí mismos y no como un mero paisaje.

--En su libro Lisboa sobresalen los personajes, ¿son capaces de resumir sus intenciones a la hora de contar un cuento?

--Me gustan las historias en las que los personajes juegan un papel importante. Como dices, a través de ellos podemos tratar de inocular una especie de verdad literaria, un espejo en el que mirarnos.

--Crisis y falta de comunicación son motivos dominantes en estos relatos, ¿crónica de una época?

--Mi intención no era hacer una crónica de nuestra época, un fresco que reflejase cómo somos al día de hoy. Pero los personajes y las historias, en su mayoría, transcurren en un momento y en un lugar muy concreto y eso, sin duda, está presente en todos los relatos.

--A través de las abundantes elipsis y otros recursos, consigue un estilo muy característico, y agranda la realidad de los mismos, ¿es este su propósito fundamental?

--La elipsis es uno de los recursos literarios que más me interesan, por su capacidad de agrandar la realidad, como señalas, y de que el lector adquiera un papel más activo en la historia. Incluso en la vida real a veces es más importante lo que callamos que lo que decimos. Lo que calla el narrador debe escribirlo cada lector por su cuenta.

--Su tercer libro, Ocho cuentos y medio , es más ambicioso. ¿Homenaje a sus maestros en el género?

--Cada vez que escribimos homenajeamos de alguna forma a los autores que hemos leído y que nos han influido. En este sentido, escribir es destilar esas influencias. Eso es así siempre. En el caso de Ocho cuentos y medio , además de esa destilación, hay un homenaje explícito a varios narradores que han sido importantes para mí, sobre todo Chéjov, de quien aún sigo aprendiendo.

--La variedad temática ahora es más amplia y ambiciosa, ¿qué ha cambiado en sus presupuestos literarios?

--Me alegro de que se haya percibido esa evolución. Digamos que los presupuestos literarios siguen siendo los mismos. Pero creo que un escritor deber seguir buscando nuevos paradigmas, abrir nuevas posibilidades, aunque sea dentro de la tradición de la que se siente deudor, que en mi caso entronca con la chejoviana.

--Es autor de una novela, Pequeñas biografías por encargo , ¿qué distancia establece entre novela y cuento?

--El impulso que nos lleva a contar una historia es el mismo tanto si se trata de una novela como de un cuento o incluso de un reportaje periodístico. En este sentido me siento sobre todo un narrador, alguien a quien le encanta contar historias. Ahora bien, el aliento que lo impulsa es distinto. Intensidad, brevedad y tensión son cualidades inherentes al relato corto, aunque también algunas novelas las tienen. Digamos que el cuento es un fogonazo de vida, aspira a verdades fragmentarias, mientras que la novela tiene una ambición mayor de totalidad.