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NOVELA

Una epopeya contemporánea

Theodor Kallifatides actualiza ‘La Iliada’ en ‘El asedio de Troya’

 

Theodor Kallifatides. - NURIA SOLER

Pedro M. Domene Pedro M. Domene
30/05/2020

La Ilíada de Homero cuenta un episodio concreto: los últimos diez años de la guerra de Troya y relata el ataque a esta ciudad de Asia Menor por el ejército aqueo o griego, y se convierte en una epopeya de gran valor literario porque sus héroes son guerreros valientes que arriesgan su vida en la batalla y persiguen la victoria y la gloria. Los protagonistas serán un modelo para el pueblo griego, por su dignidad, su condición moral, sus virtudes, y la fuerza de las pasiones que impulsan a los héroes, o como la amistad, uno de los sentimientos destacados en la obra; subyace el orgullo, el amor, la ira o la generosidad. La Ilíada se traduce como el poema del destino, una epopeya que proyecta y establece el perfil de la condición humana; es el tiempo de los héroes y en estos versos cristalizan toda una serie de mitos que, hace dos mil quinientos años, difundían los aedos entre los reinos micénicos de la Grecia arcaica. Resulta extraño que la leyenda se llene de criaturas horrendas, de hechiceras hermosas, de ejércitos en desbandada, de amigos intransigentes, de esposas abnegadas y de furiosos guerreros.

El escritor Theodor Kallifatides (Malaoi, Grecia, 1938) enmarca su novela, El asedio de Troya (2020), en la Segunda Guerra Mundial, en un pequeño pueblo griego ocupado por un destacamento alemán y, aunque, miles de años separan ambos acontecimientos, el recurso del escritor será utilizar sus propios recuerdos biográficos para construir su texto, en un claro paralelismo entre ambos hechos trágicos para recordarnos que al final todos somos los mismos y que, como decía Homero, con las guerras todo acaba en lágrimas. El asedio de Troya utiliza el contexto bélico como un escenario en el que una maestra griega relata los eventos de Aquiles, Patroclo, Áyax y demás héroes a sus alumnos logrando mitigar, al menos durante su narración, los horrores de la guerra con los curiosos episodios del asedio. Sin embargo, este simple relato forma parte de un escenario más complejo, con mayor trasfondo, con mucha más proyección en el tiempo. En esta evidente y preconcebida división entre guerra real y guerra mítica, Kallifatides mezcla los planes de la historia, a veces haciendo que Aquiles parezca un soldado de una guerra tangible, o que un joven aviador alemán del pueblo de los protagonistas se vea como un héroe que vino con su barco negro de una isla distante, casi olvidada.

La novela, estructurada de esta manera, basa su arquitectura interna en estos dos pilares que se apoyan mutuamente. El hecho es que La Ilíada es un mundo eterno, autosuficiente con sus propias reglas, un círculo perfecto que comienza cuando todo está en su apogeo, da un giro inmenso y luego se convierte en el escenario de una acción imperecedera, con las características que se suponen en lo narrado y no se pueden ignorar. Kallifatides valora las partes de la narración de ese presente histórico en guerra mucho más que las partes de La Ilíada, un relato con que considera ameniza a sus alumnos, aunque en alguno de ellos, el protagonista, consigue que despierte su interés y admiración por esa historia clásica. La narración fluye, aunque sin el lirismo e intensidad humana de Homero. El asedio de Troya es un libro que funciona y de alguna manera complementa al clásico. De un lado, tenemos una historia personal verdaderamente emotiva y conmovedora; del otro, la historia de La Ilíada, que sirve como materia de estudio y ejemplo para unos alumnos en unos momentos difíciles de sus vidas. Es verdad que La Ilíada requiere mucho más, una lectura más profunda, medida, analítica y de una sensualidad absoluta, y que no solo quede en una espontánea impresión. La Ilíada de Homero abre el camino a todas esas vidas que pueblan este canto, se convierte en la voz suave de una melodía que derrocha vida.

Kallifatides permite que coincidan las dos guerras en su relato, una constatación amarga de que Homero sigue vigente, en el sentido de que la humanidad no parece haber progresado mucho en los dos mil quinientos años transcurridos de un conflicto a otro. El embeleso con que los adolescentes escuchan a su maestra obliga a pensar en un testimonio autobiográfico, y la fuerza con la que la literatura los atrapa con la recreación que hace a diario la Señorita pone de manifiesto el valor sobre la vida y la muerte, sobre la dignidad y el orgullo, o incluso sobre el absurdo incomparable de las guerras, y sobre la crueldad y sus consecuencias.