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NOVELA

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Txani Rodríguez. - CÓRDOBA

¿En qué puedo ayudarte? -

Pedro M. Domene Pedro M. Domene
12/12/2020

L as imágenes que, a medida que pasamos las páginas, se suceden en Los últimos románticos (2020), la novela más reciente de Txani Rodríguez (Llodio, 1977), proceden de sus recuerdos de infancia y del paisaje industrial de su ciudad natal, quizá por eso la narradora construye un relato reivindicativo, un claro exponente de la solidaridad obrera, y añade una firme defensa de la amabilidad humana que complementa con la descripción de un envolvente horizonte que, siempre, ha dominado la vida de los habitantes de Llodio.

La protagonista, Irune, trabaja en una fábrica de rollos de papel higiénico industrial para gasolineras, el papel que cubre las camillas de los hospitales y servilletas para una cadena de comida rápida, desempeña una tarea alienante que, sin embargo, resulta esencial para que funcionen los engranajes de la producción. Aburrida, una primera impresión sobre la joven deja mucho que desear, resulta sosa, insegura, sin lazos familiares o de amistad que den vidilla a sus días que son repetitivos como su agenda, de casa al trabajo y del trabajo a casa, solo un problema de salud inesperado hace saltar las alarmas de su rutina, alterada también por un conflicto laboral y los problemas de una vecina, se muestra dispuesta a escapar de las preocupaciones o de su vida anodina, y se entretiene llamando al teléfono de información de Renfe para preguntar horarios de trenes que la lleven a París, a Sevilla, o a Lisboa, pero sin la verdadera intención de ir, solo para soñar con un destino, o para hablar con un teleoperador de voz sugerente llamado Miguel María. Un día decide unirse al grupo de huelguistas que ha ido viendo a su paso a la fábrica, aunque suponga un riesgo para su puesto de trabajo; de hecho, la avisan sutilmente desde arriba en alguna ocasión, sin que para ella suponga una renuncia a sus propios planteamientos. Irune es una mujer actual, con vindicaciones personales y, en realidad, Txani Rodríguez cuenta un relato minimalista, donde unos personajes y cruzados giros de un argumento variado dan vida a la narrativa que propone su autora. Una obra intimista donde la historia gira en torno a Irune, narradora en primera persona que se erige, en la voz y en la conciencia de su pequeño mundo, para ella repleto de injusticias, caso de la precariedad laboral o el maltrato a los ancianos; una suma de tragedias íntimas, como la enfermedad, la ausencia de los seres queridos o la difícil búsqueda del amor, y paralelamente, la narradora incluye un episodio más íntimo cuando se descubre un bulto en su pecho y comienza a sentir la angustia de quien recorre las consultas médicas en busca de esas rápidas respuestas que se demoran.

Muchos de los detalles que se van sumando a la narración construyen un argumento simple, confluyen en una novela sólida porque entre otros muchos aciertos cobran ese valor simbólico que trascienden a otras perspectivas y, en realidad, se convierten en auténticos dilemas existenciales: enfermedad y salud, amor y soledad, trabajo y diversión, o esa continua huida en pos de una realidad. Todas estas disyuntivas hacen que el relato avance con cierta sabiduría narrativa, sin que su tensión desfallezca en ningún momento, aunque el acierto de Txani Rodríguez es el tono que mantiene con una sobria y emotiva tensión sin que el relato caiga en un sentimentalismo chovinista.

Otros personajes conforman una trama que proporciona al lector una visión de conjunto, como Paulina, una vecina anciana que conoce Irune y visita con frecuencia para aliviar su soledad y el mal trato al que la somete su hijo Abel. Desde el planteamiento simbólico aludido en el párrafo anterior, es todo un acierto que no haya parentesco entre la joven y la anciana, así el altruismo de la joven se convierte en otro modo de luchar contra la soledad que experimentan nuestros mayores, particularmente significativo en una sociedad actual cuando el aislamiento y la vulnerabilidad de estas personas ha ido acentuándose.

La autora sintetiza su lenguaje, lo precisa y lo concreta, cuida la expresión sintáctica, porque en una novela intimista como Los últimos románticos lo vemos todo a través de los ojos de Irune, y esa mirada debe ser absolutamente nítida si pretende denunciar una realidad; pero, al mismo tiempo quiere transmitir al lector la sensibilidad de la protagonista para abordar los temas que va exponiendo, propios y ajenos que conforman ese micromundo del que todos formamos parte.