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NOVELA

Del campo al seminario

‘Papel de estraza’, un ensayo novelado de Jose Castillejo sobre la educación

 

José Castillejo. - CÓRDOBA

Federico Abad
07/03/2020

Nueve años después de la aparición de su libro de relatos El laberinto de los días, y tras seis desde la edición de su poemario Sin tiempo para jugar, Castillejo Valero publica su primera novela en una atractiva edición de Libro de Arena, joven editorial cordobesa con una valiente apuesta por obras sólidas de autores menos conocidos.

Conviene recordar, para entender el sentido de la obra, que José Castillejo ha ocupado un destacado lugar en el ámbito educativo cordobés como coordinador provincial de los equipos de Promoción y Orientación Educativa, profesor de Psicopedagogía de la UNED, director de varias revistas sobre educación, formador del profesorado y autor de libros y artículos sobre educación.

Papel de estraza está concebida como una autobiografía novelada en siete cuadernos o capítulos, y puede encuadrarse perfectamente en la categoría de las novelas de aprendizaje o Bildungsromane. Durante su convalecencia en la casa de sus padres, el narrador escarba en un baúl y se topa con una hoja de papel de estraza donde su madre había envuelto el pan. Allí aparece escrito un texto que puede considerarse el íncipit de la novela, la madrugada en la que él, Julián, comienza a trabajar en el campo con su padre, después de que el maestro de la escuela lo despida diciéndole que ya ha aprendido todo lo que necesita.

Aunque la obra no ofrece datos de ciudades ni de edades del protagonista, cabe inferir que cubre la preadolescencia y la adolescencia. El primer cuaderno cubre el periodo de primavera y verano en el que el chico trabaja con su padre en el campo. La precisión en la plasmación del mundo rural hace de esta primera sección una obra autosuficiente. Las labores del campo, la abnegación con las que son ejercidas por aquel niño, desarrollan muchos de los mejores pasajes de la obra.

Pero desde ese momento se presenta el dilema crucial del relato con importantes ramificaciones éticas: trabajar para mejorar el patrimonio familiar o escapar de esta tradición para desarrollar la propia educación. Esta disyuntiva, en la que la madre juega un papel primordial, tiene como resultado que aquel niño ingrese de interno en una institución religiosa de la ciudad para estudiar los seis cursos del antiguo bachillerato, cursos que corresponden a los restantes cuadernos. A lo largo de ellos la biografía novelada va cambiando de sentido al tiempo que se va construyendo la personalidad del narrador. Encontraremos perfectamente trazados los ingredientes propios de este género literario: el amor platónico, el cultivo de la amistad, las relaciones familiares, las vicisitudes de los estudios, el placer del deporte y del ocio, etcétera.

Elemento clave de la atmósfera de la institución es la falta de libertad. Sin embargo, el narrador no responde ni con el arma de la rebeldía ni se da a la autocompasión. Aunque vive bajo la constante amenaza de no poder continuar sus estudios, es tal su fe en su propia formación, en la educación en suma, que aprende a cosechar oportunidades en este ambiente opresivo. Y la mayor de todas será, por supuesto, su plena entrega a la cultura a través de los libros, de la literatura.

Pese a los sufrimientos que le origina aquella rígida educación, el narrador encuentra sus referentes en aquellos profesores con los que disfruta aprendiendo. De este modo la enseñanza se convertirá en su verdadera vocación, que no podría desarrollar si continuara los estudios religiosos. Así pues, a medida que avanza la lectura, el lector comprende el sentido esencial de Papel de estraza: no es una biografía en sentido estricto, no es tampoco una novela, sino un ensayo novelado sobre pedagogía. El maestro Castillejo, el pedagogo, va desglosando al tiempo que se desarrolla la trama su visión humanista de la educación. Hay una clara inspiración del Humanismo cristiano que impregna el Concilio Vaticano II, al que el libro dedica sustanciosos pasajes -como los dedica a Ghandi o a Martin Luther King-, con una simpatía que no se oculta hacia la teología de la liberación.

El narrador acabará comprendiendo que su papel como educador será, precisamente, evitar las situaciones de injusticia y de marginación que le tocó vivir, y trabajará por y para una educación inclusiva donde los más débiles, los más desfavorecidos, tengan las mejores oportunidades.

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