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lucena / cabra / Los actos se celebraron en ambas localidades

El obispo preside el hermanamiento entre las archicofradías de la Sierra y Araceli

Ambas entidades impusieron a sus titulares los escudos e insignias de la otra hermandad. Demetrio Fernández señala que este gesto será un estímulo para seguir viviendo en fraternidad

 

Autoridades y miembros de las archicofradías de Cabra y Lucena, en el acto celebrado en el santuario de Aras. - J.A.F. / MORENO

Las reales archicofradías de María Santísima de Araceli, patrona de Lucena, y de María Santísima de la Sierra, patrona de Cabra, celebraron ayer un hermanamiento con distintos actos en sus santuarios, que contaron con la presencia del obispo, Demetrio Fernández. El hermanamiento surge tras los acuerdos de las juntas de gobierno de las cofradías de ambas patronas, amparados por los consiliarios de las hermandades, David Aguilera y José Antonio Jiménez, respectivamente. Esta iniciativa se fundamenta en la estrecha relación religiosa y social existente entre las ciudades de Lucena y Cabra, y entre sus advocaciones marianas por excelencia, Araceli y Sierra. Además, tiene como objetivo sellar la unión, estableciendo lazos que permitan convertir a los dos santuarios «en faros, luces y guías para todos aquellos que quieran seguir a Jesús, con el ejemplo de María».

El acto comenzó a las 11.30 horas en el santuario de Aras, con la celebración de una solemne eucaristía concelebrada por los sacerdotes consiliarios de las hermandades, David Aguilera y José Antonio Jiménez Cabello, y estuvo acompañada musicalmente por Teresa Ruiz-Canela. David Aguilera destacó que en este acto ambas hermandades «se dan un abrazo fraternos y un beso de paz».

La misa en el real santuario de Aras contó con la presencia de los alcaldes de Lucena y Cabra, Juan Pérez Guerrero y Fernando Priego Chacón, respectivamente; las delegadas territoriales de Turismo y Justicia de la Junta, Purificación Joyera, y de Cultura y Fomento, Cristina Casanueva, así como los hermanos mayores de la Real Archicofradía de la Virgen de Araceli, Rafael Ramírez, y de la Real Archicofradía de la Virgen de la Sierra, Antonio Cano, y distintas autoridades de la vida pública, cofradías y hermandades de la comarca. Finalizada la eucaristía se entregó a la Patrona de Lucena, María Santísima de Araceli, el escudo de la Real Archicofradía de María Santísima de la Sierra. Ambas archicofradías ponían de manifiesto su satisfacción por la llegada de este acto de fraternidad mariana, con el deseo de que se extienda a todas las personas devotas de tan veneradas imágenes de Cabra y Lucena, por medio de las cuales se invoca protección de una misma madre, María.

El acto continuó pasadas las 13.30 horas en el santuario de María Santísima de la Sierra, donde bajo la presidencia del obispo y con la presencia de las juntas de gobierno de sus respectivas Reales Archicofradías con sus hermanos mayores al frente se procedió a la firma de este estrechamiento de lazos entre lucentinos y egabrenses.

Antes de la firma del documento por parte del responsable de la diócesis cordobesa y ante un buen número de fieles y devotos, Fernández subrayó la importancia de este hermanamiento acordado hace unas semanas por ambas archicofradías, apuntando que «este gesto que habéis tenido, esta feliz ocurrencia de poner por escrito y de celebrar un acto de hermanamiento, lo he visto con buenos ojos desde el primer momento».

Añadió igualmente el obispo que este gesto es ejemplar para todos los hermanos de ambas archicofradías, «porque os estimulará a vivir esa fraternidad como habéis hecho desde tiempos inmemoriales, entre Lucena y Cabra, dos ciudades cercanas, con sus rivalidades normales, pero que en el fondo se aprecian y que en este caso multiplicarán sus muestras de apoyo y de fraternidad al amparo de María Santísima, que se llama en Cabra de la Sierra y en Lucena de Araceli, pero que es nuestra misma Madre».

El acto finalizó con la imposición de la insignia de la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli a la imagen de María Santísima de la Sierra y con el canto por parte de los fieles allí congregados de las coplas de la patrona de Cabra.

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