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REPORTAJE

«El Papa, al teléfono»

Un vecino de Montilla recibió el lunes la llamada de Francisco desde la Santa Sede / El hombre, que sufre parálisis cerebral, dirigió una carta al Santo Padre por mediación del cardenal Stella

 

El Papa Francisco, en una imagen reciente. - CÓRDOBA

Juan Pablo Bellido Juan Pablo Bellido
24/04/2019

El Papa Francisco lo ha vuelto a hacer. Si en las Navidades del 2016 conseguía revolucionar a las Hermanas Carmelitas de Lucena tras llamarlas desde la Santa Sede para felicitarles las fiestas, ahora ha logrado inundar de alegría el hogar de una familia montillana con la que el Sumo Pontífice contactó este mismo Lunes de Pascua para saludar a un vecino de la localidad que, el pasado 6 de abril, entregó al cardenal italiano Beniamino Stella una carta en la que expresaba su deseo de poder conocer al Santo Padre.

El hombre, que cuenta 47 años y tiene parálisis cerebral, acudió al acto de apertura del Año Jubilar de San Juan de Ávila celebrado en Montilla y que fue presidido por el prefecto de la Congregación para el Clero que, en presencia del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, recibió el encargo de hacer llegar la misiva a Francisco.

«A pesar de tener una parálisis cerebral, sus limitaciones no le impiden ser conocido en su entorno como un hombre entusiasta y comprometido con la Iglesia católica», señaló ayer el Obispado, que desveló que la llamada de Jorge Mario Bergoglio tuvo lugar a las 16.45 de la tarde de este lunes y que la encargada de atender el teléfono fue la madre. «Al escuchar la voz del Papa, la mujer corrió hacia su hijo y activó la función de manos libres para que pudiera oírlo» indicó la Diócesis, para añadir que el vecino, «pese a no poder hablar, sí pudo celebrar con gestos la llamada, ya que espera el momento de poder ser abrazado» por el Sumo Pontífice.

Francisco transmitió a este vecino «que rezaba por él» y por sus seres queridos. Por su parte, la mujer explicó al Santo Padre la relación de su familia con sor Adriana de Jesús Resucitado, una monja argentina que reside en el Convento de las Carmelitas Descalzas de Lucena y que, a través de un hermano sacerdote, mantiene una vieja amistad con Bergoglio, antes incluso de que fuera proclamado Papa en 2013.

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