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Zonas inundables / Casi una década después de las riadas

Sin solución tras diez años

La coordinadora CALU reclama medidas como la limpieza de cauces y arroyos e infraestructuras en puntos clave. El movimiento ciudadano exige salidas para las viviendas que no están junto al río

 

El río, a su paso por Guadalvalle, que tiene viviendas junto al cauce. - SÁNCHEZ MORENO

Isabel Leña Isabel Leña
19/09/2019

«No se ha hecho nada, ni limpieza de cauces, ni de arroyos, ni nada», ni «en la zona del aeropuerto, ni en Alcolea», y «como vuelva a ocurrir otra inundación, vamos a pedir responsabilidades». Así se expresa el presidente de la plataforma de Afectados por las Inundaciones (Apaig), Francisco León, que, a su vez, preside la Coordinadora Andaluza por la Legalización Urbanística (CALU). León considera imprescindible que el Ayuntamiento convoque la mesa del río, un grupo de trabajo en el que deben estar presentes todas las administraciones «para coordinarse y evitar que se repita otra vez la riada del 2010». La mesa, a la que se sumará la Diputación, se reunió una sola vez al final del mandato anterior. León pide, además de la limpieza de cauces y arroyos, «infraesctructuras en los puntos de entrada de agua», como Alcolea o Majaneque.

Que nada ha cambiado es también la sensación del presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano, Juan Andrés de Gracia, que, en el caso de Guadalvalle, confirma que «no se acabaron de tirar las casas y las desalojadas se han vuelto a ocupar» y «también se ha reconstruido». «Las casas se han ido ocupando y nadie se hace cargo, ni la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), propietaria de parte de los terrenos, ni el Ayuntamiento», lamenta. A su juicio, «esa ocupación irregular crea problemas de convivencia». Además, afirma que «de todo lo prometido no se ha hecho nada, más allá de la intervención urgente, de la limpieza y de las ayudas que lograron unos pocos». Precisamente de que «nunca llegaron las ayudas» se queja uno de los damnificados de Guadalvalle.

Aunque De Gracia considera que «la zona más peligrosa, la del cauce, no tiene solución», hay otras, como Ribera Baja o Fontanar de Quintos, en terreno inundable pero con un periodo de retorno del agua mayor, «a las que la administración debía dar solución» pero «no asume la responsabilidad». «Hay una realidad y hay que buscar las medidas oportunas para evitar las inundaciones», señala. De Gracia lamenta la «indefinición» que hay y critica que la CHG «se ha dedicado solo a marcar líneas de inundación inaceptables que afectan a barrios consolidados como Cañero, Campo de la Verdad y Arenal». Entre las acciones pendientes, recuerda la tercera fase del encauzamiento del río, imprescindible para proteger Alcolea. También reclama la mesa del río.

La CHG, por su parte, que desde el 2010 ha realizado en la capital dos limpiezas consecutivas del Guadalquivir y el encauzamiento y acondicionamiento de varios arroyos, así como otras acciones en la provincia, explica que este año ha aprobado la revisión de la evaluación preliminar del riesgo de inundación, que identifica las zonas en peligro. La CHG cuenta con un plan de gestión de riesgo de inundaciones aprobado desde el 2016, que incluye las medidas a aplicar, y está realizando los trabajos de seguimiento.

Si en el entorno del aeropuerto el agua subió hasta casi devorar las casas, en Alcolea también hizo estragos. «Llegaba el barro hasta las rodillas», recuerda Ana Gómez, presidenta de la asociación Batalla de Alcolea, que asegura que «todo está igual, no se ha hecho nada». Gómez, que ha visto más de una vez inundarse la calle La Barca, piensa que el problema es que «no se limpia el cauce del arroyo», que «llevamos años reivindicando», y «cuando viene agua, sube». Su temor es que, al estar «tan sucio y atrancado», si llueve, la situación vuelva a repetirse. Aunque todos coinciden en que lo del 2010 no fue una gota fría como la de ahora y en que fallaron los desembalses, no pueden evitar seguir mirando al cielo.

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