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La memoria viva de Córdoba / ENTREVISTA

"Me pregunto cómo se ha dejado desaparecer la Sociedad Lírica y que nadie haya dicho nada"

Carlos Hacar Montero, excatedrático de Canto del Conservatorio Superior de Música

 

Carlos Hacar Montero. - SÁNCHEZ MORENO

M.J. RAYA
15/07/2012

LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO: CÓRDOBA, 24 DE SEPTIEMBRE DE 1931

TRAYECTORIA: CATEDRÁTICO DE CANTO DEL CONSERVATORIO SUPERIOR DE MÚSICA Y PERITO

En la calle Doctor Barraquer, muy cerca del casco histórico, se puede disfrutar de un coro de voces angelicales. Proceden del estudio de Carlos Hacar Montero, excatedrático de canto del Conservatorio Superior de Música de Córdoba, que como buen artista es un ser incombustible, que sigue impartiendo clases a diario a aprendices de toda España, que acuden a él por su reconocida trayectoria. La vida de Carlos Hacar es reflejo de la importancia de la música clásica y de la lírica en Córdoba, ciudad que se ha caracterizado por organizar espectáculos musicales dignos de una gran urbe. Este profesor ha estado al frente en diversos periodos del coro del Real Centro Filarmónico Eduardo Lucena de Córdoba, del coro del conservatorio y fundó en 1986 el Coro del Gran Teatro. Hacar, que estudió además perito industrial e ingeniero técnico en Electricidad, simultaneó su labor docente en el conservatorio con su trabajo en la antigua Cenemesa, después Westinghouse y desde hace unos años ABB. Este otro trabajo le permitió formar parte de una de las industrias con más trabajadores de Córdoba, detrás de la Letro . Este excatedrático de canto ha formado a miles de alumnos, algunos de la talla del barítono Carlos Alvarez o de las sopranos Carmen Serrano o Mariola Cantarero. Por otro lado, ha sido promotor de la Asociación de Amigos de la Opera de Córdoba.

--¿En qué barrio de Córdoba nació y se crió?

--La casa de mis padres, Carlos y Concepción, estaba en la plaza de la Trinidad. Fui hijo único. Mi mujer, Africa Sánchez, y yo hemos tenido también una sola hija, Olga, que nos ha dado dos nietas, Isabel y María.

 

--¿Hubo ancestros suyos también dedicados a la música?

--Ninguno. Mi padre fue toda la vida funcionario del Estado en la Jefatura de Obras Públicas y mi abuelo, José Hacar Mora, fue juez en Córdoba y recibió una medalla a la judicatura que conservo yo.

 

--¿En qué colegio estudió?

--Hice los estudios primarios y el bachillerato en el colegio Cultura Española (luego La Salle) y formé parte del coro de este centro a los 10 años.

 

--¿Cuándo sintió la vocación por el canto y por la música?

--Cuando ya había terminado el bachillerato --en compañía de Juan Miguel Moreno Blanco (padre del actual concejal de Cultura), Andrés Guerrero y mi primo Paco Luna-- acudimos una tarde de las vacaciones de Navidad de 1948 a una prueba de voz que se hizo en el conservatorio. Escuché a un profesor y a otra persona cantar tan bien que me asusté y dije que no entraba a la prueba. Pero al final la hice y me dijeron que valía y empecé los estudios de canto. Entonces la carrera consistía primero en 3 años de solfeo y después se estudiaba 4 años de canto.

 

--Y simultaneaba estos estudios con la carrera de perito industrial e ingeniero técnico en Electricidad.

--Es que el conservatorio no me lo tomé al principio muy en serio. Pero como mis profesores vieron que iba cada vez mejor, pues obtuve mi primer papel solista a los 17 años en el Gran Teatro con el coro del conservatorio. Con el tiempo, mi profesor, Rafael Serrano Palma, me confió la dirección de este coro que él había fundado, llamado Pro Arte Lírico.

 

Durante sus estudios, Carlos Hacar participa en el montaje de diversas zarzuelas en el Gran Teatro. El coro del conservatorio actúa en los años 50 en numerosos conciertos y óperas, como Cavalleria rusticana , I Pagliacci , Rigoletto , Il Trovatore , Madame Butterfly o La Bohème . Con 26 años, Hacar Montero obtiene la cátedra de canto, que coincidió con la jubilación de Rafael Serrano. Las oposiciones se sacaban entonces en Madrid y eran de una gran dureza. En agosto de 1958 fue cuando vino su nombramiento en el Boletín Oficial del Estado (BOE), aunque ya llevaba varios meses impartiendo clase. Le coincidió la terminación del proyecto fin de carrera de perito con las oposiciones de esta cátedra, pero logró alcanzar las dos cosas.

--Y entonces le ofrecieron una plaza en la Universidad Laboral, en Rabanales.

--Estuve solo 3 meses, por aquellas fechas me encontré con un compañero mío que necesitaba un perito para la antigua Cenemesa y estuve trabajando allí durante 23 años. Iba por la mañana a la fábrica, por la tarde al conservatorio y de noche al Centro Filarmónico Eduardo Lucena.

Por el año 1982, cuando se aprobó la ley de dedicaciones exclusivas y fui nombrado subdirector del conservatorio, Cenemesa ofreció incentivos para quien quisiera dejar la empresa y me marché, trabajando exclusivamente en el conservatorio. Cuando estaba en Cenemesa, primero trabajaba en una oficina técnica comercial, que había entre Gran Capitán y Conde de Robledo, y después me fui a la fábrica. En aquella época colaboraba mucho con el ingeniero jefe Modesto Rodríguez.

 

Resulta curioso conocer, ahora que tanto debate hay sobre los sueldos públicos y privados, que antes de que se aprobara esa ley de dedicaciones exclusivas Carlos Hacar cobraba 600 pesetas al mes del conservatorio y 4.500 de Cenemesa. En Cenemesa trabajaban unas 2.000 personas.

--¿Qué amistades tuvo durante su etapa en el conservatorio?

--Muchas, la de Rodolfo Aguilar, José María Aguilar, Salvador Llinares, Paco Jurado, Rafael Roca, Auxiliadora Montero o Carmen Blanco. Por otro lado, estaban mis profesores Rafael Serrano Palma (canto); Antonio Jiménez y Víctor Guerrero (solfeo); Adolfo Pérez (armonía); Joaquín Martínez, hijo de Martínez Rücker (Estética e Historia de la Música), y Carmen Flores, tía de Rafael Orozco (piano).

 

--¿Cuál fue su primer concierto?

--Con el coro de la clase de canto del conservatorio celebrábamos muchos conciertos de ópera y zarzuela, nos presentábamos a concursos y ganábamos. Mi primer concierto en solitario fue en el instituto Góngora, con Enrique Báez al piano. En aquellos tiempos el salón de actos del Góngora era el único apropiado para conciertos en Córdoba.

 

--Coincide toda esta actividad cultural con unos años de posguerra muy duros.

--Era una época muy difícil, pues como he dicho antes los sueldos del Estado eran una verdadera ridiculez. Los apuros que pasaba la población eran terribles. Recuerdo que cuando empezó la Guerra Civil, frente a mi casa, nos refugiábamos durante los bombardeos en el Palacio de los Duques de Hornachuelos, que es ahora la Escuela de Arte y Oficios. Pero no sentíamos el drama, éramos críos y estábamos en la edad de jugar.

 

--¿Ha compuesto alguna obra?

--Sí. He compuesto una misa, canciones sobre un poema del escritor ruteño Mariano Roldán y un himno al Señor Amarrado a la Columna de Priego. Además, soy autor de un villancico.

 

--¿Cuándo se vinculó al Centro Filarmónico Eduardo Lucena?

--En 1961 fui a una reunión que vi convocada en el periódico. Admiraba a esta institución, ya que mi profesor Rafael Serrano, cuando necesitaba reforzar el coro con algún bajo para los conciertos, llamaba al Centro Filarmónico. Recuerdo a dos bajos, González y Obrero, que eran empleados de La Cordobesa, empresa que estaba en Diego Serrano, calle que da nombre al promotor de Ciudad Jardín y padre de mi maestro Rafael Serrano. El centro Eduardo Lucena llevaba desde finales de la Guerra Civil sin actividad alguna, ya que Educación y Descanso, que era una obra de la Organización Sindical Española, se había apropiado de su sede en la calle Ambrosio de Morales. Hasta llegaron a cambiarle el nombre y lo llamaron Centro Filarmónico de Educación y Descanso. Después de una comisión reorganizadora se logró expulsar a esta obra de allí y se nombró a una directiva. Fui nombrado en 1962 director del coro, y asumí la reorganización y búsqueda de voces nuevas, labor que he hecho siempre de forma desinteresada. Además de encargarme del coro, el centro se reorganizó con la rondalla y la orquesta de plectro. Como director de orquesta fue nombrado Reginaldo Barberá Jornet, director de la banda militar en aquella época, y como maestro de rondalla estaba Rafael González.

 

Además de los conciertos habituales que organizaba el coro del Eduardo Lucena, Hacar montó y dirigio con este grupo la música que compuso Cristóbal Halffter para Fuente Ovejuna , de Lope de Vega (1962). Estrenó Misa andalu

za , de Manuel Castillo, que se interpretó en la Mezquita Catedral para Eurovisión (1968), y dirigió el concierto de homenaje y despedida al barítono de Pozoblanco Marcos Redondo (1969).

 

--¿Cómo era aquella época?

--Los inicios de los 60 fueron muy emocionantes. Me fui llevando a alumnos del conservatorio y formamos un coro de unos 60 hombres. Sin embargo, el repertorio era muy limitado y le propuse al presidente segundo, Rafael Campanero, sucesor de Antonio García de la Cruz, que hiciéramos un coro mixto. El coro debutó en 1968. Actuábamos en numerosos festivales por toda España, en el Gran Teatro o en el Duque de Rivas. El espaldarazo del coro fue en octubre de 1973, con motivo de la conmemoración del centenario del Gran Teatro. Hubo representaciones de todos los géneros. El Gran Teatro se había inaugurado con una ópera, la zarzuela Marta , y sus 100 años se conmemoraron con otra ópera, Tosca , de Puccini, a cargo de nuestro tenor Pedro Lavirgen. Lavirgen, gracias a las amistades que tenía con artistas del Liceo de Barcelona, se trajo de allí al director de escena y cantantes y también estuvimos el coro del Eduardo Lucena. Y eso nos abrió puertas para muchas actuaciones de ópera, ya que el director de orquesta que vino de Barcelona nos llamó para hacer la Traviata en varias ciudades. En los años 70 creo que el coro alcanzó la época de mayor esplendor de su historia.

 

--¿Cuándo dejó el coro del Eduardo Lucena?

--En 1982. Estuve unos años descansando. Tras la remodelación del Gran Teatro, obra que concluyó en 1985 y siendo ya esta institución municipal, Pedro López Castillejo y yo propusimos a su director, Miguel Valle Cosano, dotar al Gran Teatro de una gran programación lírica y un coro a la altura de este centro. El teatro acogió la propuesta y, a finales de 1986, se constituyó el coro del Gran Teatro de Córdoba, bajo mi dirección. Hicimos un rodaje de casi 3 años y en 1990 era Francisco López el director del Gran Teatro. La primera representación fue Carmen . Con motivo de la inauguración del teatro de la Maestranza de Sevilla, que se hizo para la Expo de 1992, se programaron óperas para darle rodaje a este teatro. Nuestro coro superó una prueba y actuamos en esa temporada previa junto con las orquestas de Sevilla y de Córdoba. Fue una época de una actividad tremenda para el coro. Lo que más me satisfacía era el carácter docente de este coro, lo que permitió que alumnos del conservatorio pudieran practicar la teoría en el escenario y que hasta 42 alumnos de la cátedra de canto participasen en papeles solistas en estas óperas.

 

Bajo la dirección de Carlos Hacar, el coro del Gran Teatro montó y protagonizó 19 óperas, con 58 representaciones; 8 zarzuelas (21 representaciones), además del estreno absoluto del Réquiem flamenco , de Amargós (teatro de la Maestranza) y los estrenos en España de la Cantata de Lorca , de Teodorakis, y La selva del Amazonas , de Heitor Villa-Lobos, en la Expo de 1992. Con este coro a su vez efectuó grabaciones, entre las que destaca Doña Francisquita , para la firma Sony Classical, junto a Plácido Domingo y Ainhoa Arteta. Al jubilarse en 1997, Hacar dejó este coro.

--En el año 2000 le vuelven a llamar del Centro Filarmónico Eduardo Lucena.

--El coro y la orquesta estaban muy mal y escasos de gente. Convencieron a mi amigo Pedro López Castillejo para que se hiciera cargo de la presidencia, pero él aceptaba si iba yo de director del coro. Y ahí seguimos desde hace 12 años. Ensayamos 3 días en semana. Como el local donde estamos, que era nuestro desde 1930, lo compró la Junta para el Teatro Cómico Principal, aunque Cómico no había sido en la vida, esta administración es la dueña, pero tenemos derecho a estar allí. Sin embargo, nuestras condiciones son malísimas. No podemos ir cuando queremos. Y además, como está pendiente si la Junta cede este espacio para acoger la exposición de Pilar Citoler, estamos a punto de que nos echen a la calle, aunque esta coleccionista no quiera este espacio. O también está el uso de este teatro como ampliación del Museo de Bellas Artes. Lo que no puede pasar es que se tenga que disolver el Centro Filarmónico Eduardo Lucena por no tener sede. Cada vez que en este teatro hay una exposición u otro acto no nos dejan ensayar. Por otro lado, queda una labor muy importante, que es poner en valor el archivo del centro y no me dejan ir a cualquier hora para hacer este trabajo de forma gratuita.

 

--¿Está perdiendo Córdoba su potencial lírico?

--Córdoba es una ciudad especial y apática. Me pregunto cómo se ha podido dejar desaparecer la Sociedad Lírica Cordobesa y que nadie haya dicho nada, tras más de 20 años de funcionamiento. Es algo parecido a lo que está ocurriendo con el Centro Filarmónico. No recibimos subvención alguna y así no podemos subsistir. Si nos quedamos sin local el Círculo de la Amistad nos ha dicho que nos acoge, pero sería una solución transitoria. Córdoba es una ciudad con una tradición cultural impresionante y muchas instituciones se lamentan de la falta de apoyos.