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A los pies del Rescatado

Como cada año, el primer viernes de marzo deja estampas de la devoción popular en torno a imágenes sagradas como la de Jesús Recatado en Trinitarios, Jesús del Prendimiento en María Auxiliadora o el Cristo de Ánimas en San Lorenzo

 

Un momento del besapiés al Cristo de Ánimas. - A.J. GONZÁLEZ / MIGUEL ÁNGEL SALAS

Besamanos a Jesús en su Prendimiento. - A.J. GONZÁLEZ / MIGUEL ÁNGEL SALAS

Francisco Mellado Francisco Mellado
03/03/2018

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Besapies del Rescatado.

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Ni la lluvia ni el frío pudieron ayer impedir que la devoción estuviera presente en los templos. Cientos de personas se dieron cita a lo largo de la jornada en la iglesia de los Trinitarios para besar el pie del cautivo Rescatado. Una imagen que trasciende lo puramente cofrade, para hacerse del pueblo, del sencillo, del que a diario le reza y le pide. «Mientras pueda, vengo todos los viernes», decía María, con los ojos empañados.

«Es el mismo pie que con tanta devoción besaba mi madre y al besarlo de alguna manera también la beso a ella», señalaba Rafi mientras contemplaba con nostalgia la imagen de Jesús Rescatado.

Y así, una tras otra, muchas miradas de devoción, muchas lágrimas, muchas promesas que quizás este año no podrán cumplirlas detrás del Nazareno Rescatado en Semana Santa, pero sí que viniendo a verle en este primer viernes del mes de marzo o en su vía crucis del Viernes de Dolores.

Con paraguas en la mano y cámara de fotos en la otra, se despedía Jorge, un joven cofrade aficionado a la fotografía que se iba a buscar a Jesús Divino Salvador en su Prendimiento, que en el Santuario de María Auxiliadora estuvo expuesto en besamanos.

El Señor del Prendimiento lució en un sencillo pero elegante altar, escoltado con cera y perfumado con alguna flor en color púrpura.

En la calle seguía lloviendo. La conversación en la puerta de los templos era la misma: «Que llueva ahora todo lo que quiera, pero que pare en Semana Santa».

Una misma letanía que se escuchaba en el atrio de San Lorenzo, donde todo el mundo salía diciendo «qué maravilla» en relación al besapiés montado este año por la hermandad de Ánimas a su titular.

Quizás más sencillo que en otras ocasiones, pero cargado de la misma solemnidad de siempre. Así, la capilla donde recibe culto diario el Cristo fue revestida de funestos paños negros y varias alegorías con las que la hermandad, con el gusto que le caracteriza, quiso acercar al fiel a reflexionar sobre el Purgatorio.

Seguía lloviendo, si bien en estos templos la única lluvia que caía era de besos, de plegarias y de miradas de contemplación a unas imágenes que forman parte de nuestras vidas.

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