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ENTREVISTA.

Pedro José Vela Torres MAGISTRADO DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL : "No tenía claro estudiar Derecho"

 

El juez Pedro Vela posa en su despacho de la sección tercera de la Audiencia. - Foto:SANCHEZ MORENO

MARIANO ROSAMARIANO ROSA 22/11/2007

LUGAR DE NACIMIENTO JAEN (1962)

TRAYECTORIA HA EJERCIDO EN POZOBLANCO, ALCALA LA REAL, PRIMERA INSTANCIA 1 Y MERCANTIL DE CORDOBA. PROFESOR DE LA FACULTAD DE DERECHO Y DE LA ESCUELA DE PRACTICA JURIDICA. HOY RECIBE LA MEDALLA DE SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT

-- ¿Estudió Derecho para hacerse juez?

-- Ni siquiera tenía claro estudiar Derecho. Durante gran parte del Bachiller pensé que iba a estudiar posiblemente Historia o Literatura. Sin embargo, en COU decidí estudiar Derecho. Pero tampoco era judicatura mi primera opción; de hecho, durante un tiempo pensé ejercer la abogacía y después, al terminar la carrera, estuve a punto de empezar a preparar Inspección de Trabajo, pero por unos problemas con la búsqueda de preparador acabé preparando judicatura, que era una posibilidad que siempre tenía fácil, porque mi padre y uno de mis hermanos mayores eran jueces..

-- Llegó muy joven a la judicatura. ¿Fue un problema la edad a la hora de dar instrucciones?

-- Cuando llegué con 24 años a mi primer destino, que fue el juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Pozoblanco, yo era el más joven de todas las personas relacionadas allí con el mundo judicial (funcionarios, abogados, procuradores, etcétera.), y ciertamente esa juventud puede producir ciertos recelos en los demás, aparte de lo que conlleva de inexperiencia de la vida en el propio sujeto, aunque no recuerdo haber tenido ningún problema concreto en ese sentido.

-- ¿Cómo abordó el primer caso que tuvo que resolver?

-- Al tomar posesión de un juzgado, un juez joven tiene ya cierto bagaje por su estancia en la Escuela Judicial, por lo que yo había resuelto ya varios asuntos haciendo prácticas en los juzgados de la plaza de Castilla en Madrid. Tuve la suerte de incorporarme a mi primer destino a mitad de julio, por lo que al poco llegaron las vacaciones de agosto (que yo no tomé) y dispuse de todo ese mes para tomarle el pulso al juzgado. Lo que recuerdo es que lo afrontaba todo con mucha preocupación.

-- ¿Recuerda el primer levantamiento de cadáver?

--Los primeros levantamientos de cadáver a los que asistí fueron haciendo las prácticas en Madrid y yendo como adjunto del magistrado titular. Además, en la Escuela Judicial había presenciado autopsias. Después, dio la casualidad de que el mismo día que tomé posesión en Pozoblanco tuve que levantar un cadáver, que recuerdo perfectamente fue un electricista que se electrocutó mientras hacía unas reparaciones en la calle. En años posteriores fueron muchos los levantamientos de cadáver que tuve que realizar, y en todos ellos tuve dos sensaciones: siempre iba preocupado con lo que me podía encontrar y siempre tenía cierta sensación de estar fuera de lugar, porque ni era especialista en la materia (como el forense o la Policía Judicial), ni podía compartir el sentimiento de drama y pérdida que flotaba en el lugar. Y lo que no pude superar nunca fue cuando el cadáver era el de un niño.

-- ¿Qué tiene el Derecho Mercantil de especial?

--Es una rama muy técnica del Derecho y que además, en una sociedad de capitalismo desarrollado en que el mundo de los negocios tiene cada vez más importancia, ha adquirido gran predicamento en las últimas décadas. Siempre me ha parecido una materia muy interesante, muy próxima a la realidad económica y social del mundo en que vivimos, que ayuda a comprenderlo y hasta cierto punto a ordenarlo; y además tiene que ver con una segunda faceta de mi actividad profesional, puesto que también soy profesor asociado de Derecho Mercantil de la Facultad. Cuando se reformó la Ley Orgánica del Poder Judicial para crear la especialización de magistrados en asuntos mercantiles, y se convocó el primer concurso--oposición, no tuve duda alguna de que eso era lo mío .

-- ¿Qué es lo que más le atrae de la docencia?

--Por un lado, que es completamente diferente a mi actividad judicial, lo que hasta cierto punto me permite vivir dos vidas profesionales paralelas. Mientras que la Universidad es el mundo de la reflexión y la teoría, la carrera judicial es el terreno de la decisión y la resolución de problemas. Y por otro, el contacto con los alumnos y con los académicos es muy enriquecedor. En el caso de la Escuela de Práctica Jurídica, poder formar a los profesionales con los que después vas a trabajar es todo un privilegio.

-- ¿La oposición es el mejor método de acceso?

-- Creo que es bueno recordar que la oposición se implantó en nuestro país a principios del siglo XX como antídoto contra el caciquismo y el amiguismo que provocaba el denominado turno de partidos de la Restauración. No solo se trata de garantizar una preparación jurídica completa y rigurosa, sino también de hacer del juez un profesional independiente, inmune a las luchas políticas y a las cesantías que provocan los cambios de gobierno. Por tanto, creo que hay que mantener un sistema riguroso y exigente de selección para el ingreso en la carrera judicial, basado en los dos elementos que ahora lo configuran: unos exámenes y una estancia en la Escuela Judicial. Otra cosa es que pueda revisarse cuál es el contenido y desarrollo de tales exámenes; o que se articule (como ya existe) un modo de acceso de profesionales de la abogacía, la docencia u otras profesiones jurídicas. Me atrevo a asegurar que si preguntáramos a los ciudadanos quién prefieren que los juzgue, si un juez de carrera o un juez reclutado por su expediente académico (o por méritos de otro tipo, que prefiero no pensar), se inclinarían abrumadoramente por la primera opción.

- ¿Qué ha cambiado en la Justicia desde que empezó a ejercer?

-- Fundamentalmente, los medios. Yo digo de broma que la justicia española ha pasado del siglo XIX al XXI sin enterarse del XX. En 1986, cuando yo empecé a trabajar, tener una fotocopiadora era todo un logro y en muchos juzgados todavía se utilizaban esas máquinas de escribir de color negro de antes de la guerra; además, los jueces teníamos que buscarnos nuestros propios medios de estudio y formación, suscribiéndonos por nuestra cuenta a las publicaciones. Ahora, todos los órganos judiciales están informatizados y los jueces disponemos de acceso a las mejores bases de datos y documentales.