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REPORTAJE

Naranjas con un fin social

60 personas que estaban en la bolsa de trabajo de Fepamic han encontrado un empleo por tres meses en la recogida de naranjas amargas de más de 21.000 árboles distribuidos por toda la ciudad

 

Carmen Aumente Carmen Aumente
11/01/2018

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Pedro García y Sara Rodríguez, con responsables. - A.J. GONZÁLEZ

Nunca la recogida de las naranjas que llenan los más de 21.000 árboles frutales distribuidos por toda la ciudad tuvo mejor fin que este año, cuando ha dado trabajo por tres meses a 60 personas discapacitadas o en exclusión social que dicen haber tenido «el mejor regalo de Reyes». Ayer se afanaban con entusiasmo en el barrio de Cañero, cuyas calles están pobladas de naranjos. Lanzaban con sus varas las naranjas amargas al suelo para después recogerlas en una cuba que las depositará en un vertedero de frutos, con destino no muy claro, según los responsables del proyecto.

El presidente de Sadeco, Pedro García, y la presidenta de Fepamic, Sara Rodríguez, informaron ayer in situ de la campaña de recogida de estas naranjas amargas, de las que que cada año se recogen unos 900.000 kilos. Pedro García señaló que con esta recogida de los frutos se eliminan los problemas de suciedad e inseguridad en las calles que ha habido otros años, pero no supo especificar si las naranjas se dedicarán después a compost, mermelada o serán destruidas. El presidente de Sadeco se mostró satisfecho de la adjudicación a Fepamic de este concurso público, que tiene un presupuesto de 171.000 euros, pues es «una empresa de economía social y solidaria con la que trabajamos bastante cómodos porque nos gusta su modelo de economía». También la presidenta de la Federación provincial de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Córdoba, Sara Rodríguez, se mostró satisfecha por la adjudicación de este concurso, que «supone una oportunidad de trabajo para nuestro colectivo», donde hay una bolsa de empleo de más de 6.000 personas. Antonio Alba, encargado de una cuadrilla de 8 personas, comentaba que habían hecho un curso de prevención de riesgos antes de empezar. Tanto él como María Jesús Ariza, Miguel Olivares o Mercedes Mesa agradecían con emoción este trabajo, después de años en paro. Cobrarán unos 750 euros por 8 horas de trabajo diario, que les llega ahora, a primeros de año, como agua caída del cielo.

A todos les hacía mucha falta y Córdoba no tendrá las naranjas tiradas por los suelos.

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