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REPORTAJE

Lectura y memoria

El taller de autoestima pretende actuar como método de reunión para mayores de 50 años, sirviendo la Biblioteca Central de punto de encuentro

 

Alumnos en la Biblioteca Central. - A. J. GONZÁLEZ

Clase del taller Memoria y autoestima. - A. J. GONZÁLEZ

Lydia Iznájar Lydia Iznájar
21/04/2018

Resulta curioso el caso de Valle, vecina del barrio de Levante, que decidió acompañar a su madre a un taller para ejercitar la memoria y, al probar la experiencia, acabó siendo ella la que no dejaría de acudir. De esta forma y comentándolo entre los vecinos del barrio, se fueron ampliando los alumnos que acudían al taller hasta alcanzar, hoy en día, grupos de 30 personas. Hablamos del taller Memoria y autoestima, que tiene lugar en la Biblioteca Central de Córdoba, una iniciativa de la oenegé Promove. Gema, la monitora encargada de llevarlo a cabo, es educadora social, y tuvo la misma reacción que provoca en sus alumnos, que son mayores de 50 años; una vez que empezó a trabajar con ellos «no quiero desvincularme de este sector» Estas actividades comenzaron hace cuatro años con solo un grupo y actualmente se distribuyen en seis, los miércoles y los jueves en tres sesiones de 1 hora y media.

Este tipo de actividades tienen como objetivo final conseguir que los mayores tengan un ratito de distracción de su rutina y que puedan interaccionar con los vecinos que «quizá llevan viendo toda la vida en el barrio pero nunca han llegado a conocer», como comenta la responsable. Alumnos como Mariángeles confiesan que «es el empujón necesario para salir de casa y pasar un rato entretenido» a la vez que aprenden y no dejan de reforzar sus valores cognitivos. Y es que esto es lo importante, porque cada vez Córdoba, al igual que España, se está convirtiendo en una población anciana, y más de 54.000 mayores viven solos en la ciudad. Esto hace que dejen de relacionarse y se sientan cada vez más solos. Gracias a este tipo de iniciativas se consigue que los mayores dejen de resultar «un sector apartado o marginado» y se sientan integrados en un colectivo. Algunos de ellos reconocen que el taller de memoria no solo les ha ayudado a la prevención del deterioro de la misma y a aprender aspectos nuevos, sino a superar enfermedades como la depresión. Además de los aspectos sociales, se trata de trabajar el razonamiento verbal, abstracto y la autoestima, se hace a través de charlas, fichas, lecturas e incluso se ofrecen conferencias por parte de otros profesionales para darles consejos a los alumnos. Muchos de los mayores que acuden al taller lo hacen con reticencia. «Al principio van asustados porque creen que el nivel es muy alto, pero dentro de la cantidad de alumnos que hay por curso nos vamos adaptando al nivel de cada uno», apunta Gema.

Todo esto tiene lugar en un espacio tan poco usual para actividades de este tipo como es una biblioteca. Pero podríamos denominarlo inusual si lo concebimos desde el punto de vista tradicional. Aunque actualmente lo entendemos como «un gesto cultural en el que se transmiten conocimiento o modalidades artísticas», según explica el director de la Biblioteca Central, Rafael Ruiz.