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REPORTAJE

El interior del sarcófago romano

La caja con una tapa con decoración floral hallada en agosto del 2015 durante las obras de la biblioteca de los jardines de Los Patos contenía a un varón de menos de 30 años, de 1,75 metros, de condición social intermedia, que no llevaba ajuar

 

Un extremo de la caja del sarcófago hallado en las obras de la biblioteca. - CÓRDOBA

Tapa con decoración floral. - CÓRDOBA

Isabel Leña Isabel Leña
18/05/2016

Las labores de pilotaje llevadas a cabo durante las obras de la biblioteca que construye el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en los jardines de la Agricultura, conocidos popularmente como de Los Patos, dejaron al descubierto en agosto del año pasado un sarcófago romano. El sarcófago ya ha sido analizado por un equipo dirigido por la arqueóloga Fátima Castillo, que estuvo al frente también de la excavación arqueológica del solar y de las labores de seguimiento durante las obras, y que relata a este periódico lo que escondía en su interior.

La «microexcavación», que así es como se denominan los trabajos llevados a cabo por el arqueólogo Rafael Caplés, con el apoyo de restauradores y una antropóloga, tenía tres objetivos, según explica Fátima Castillo, responsable de la empresa Arqueoqurtuba. El primero, señala, «la limpieza exterior del sarcófago para comprobar su estado de conservación y documentar la técnica utilizada en su fabricación», que «ha permitido visualizar toda la decoración de la tapa para su posterior análisis estilístico». El segundo, «la excavación del interior de la caja del sarcófago para exhumar el esqueleto del individuo que contenía para documentar el ritual de enterramiento y recuperar el posible ajuar u otros elementos que aportaran más información respecto a esta inhumación». Por último, «el análisis antropológico al esqueleto para determinar su sexo y edad y hallar posibles patologías que hubiera sufrido».

Todo este laborioso proceso se ha llevado a cabo durante dos semanas. Castillo señala que la limpieza del sarcófago ha permitido saber que su planta es «trapezoidal, más ancha en la cabecera». En este sentido, indica que «la caja tiene una longitud de 1,83, con una anchura en la cabecera de 45 centímetros y en los pies, de 35, y una altura de 30».

En cuanto a su ocupante, Fátima Castillo explica que es «un varón, adulto joven y menor de 30 años», que «no presentaba ninguna patología importante», aunque destaca «el notable desgaste de su dentición y la evidencia de retroceso alveolar asociado a una enfermedad periodontal». Además, «medía 1,75 de longitud», «sería de una condición social intermedia» y no llevaba ajuar, por lo que no se ha podido precisar la cronología del enterramiento. En este sentido, indica que, «aunque son poco frecuentes, los sarcófagos de plomo están relacionados con una condición socialmente intermedia». En Hispania, recuerda, estos sarcófagos son propios de los siglos II al V después de Cristo y «es posible que sea de una producción local».

El interior de la caja estaba «colmatado de tierra de tonalidad castaño claro con pequeños fragmentos de cerámica romana, algunos huesos de fauna, pequeños trozos de vidrio y semillas», todo, de «dimensiones minúsculas», indica Castillo. Bajo esa tierra, «el individuo estaba dispuesto en decúbito supino, con la parte superior del cráneo girada sobre sí mismo, el brazo derecho semiflexionado sobre la pelvis y el brazo izquierdo, sobre el abdomen, las piernas estiradas, y la cabeza apoyaba sobre un ladrillo».

La arqueóloga explica que el sarcófago presentaba «un gran deterioro como consecuencia de la acción mecánica que han ejercido las arcillas, que se caracterizan por tener una gran plasticidad», por lo que son «susceptibles de cambios de temperatura y humedad que han provocado expansión y contracción durante siglos favoreciendo su deterioro».

Durante los trabajos de seguimiento arqueológico, en la zona lateral oriental de la parcela, aparecieron 33 enterramientos. El sarcófago «pertenece a la denominada tumba 34», indica Castillo, que cuenta que tenía «una cubierta de tégulas como el resto de las tumbas y estaba reforzada con mampuestos, cantos rodados y ladrillos a modo de calzos». Bajo esa cubierta, recuerda, «encontramos el sarcófago formado por dos cuerpos, la cubierta y la caja, y la tapa con decoración floral». El sarcófago de Los Patos se encuentra protegido en el almacén del Museo Arqueológico desde su aparición. 

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1 Comentario
01

Por Uno que pasaba 13:36 - 18.05.2016

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El nombre de la antropóloga es Úrsula Tejedor García, quien realizó un excelente estudio que, en muchos sentidos, es único en Córdoba