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MÁS DE LA MITAD DE JÓVENES LO SUFREN

Un informe de la UCO alerta sobre el aumento del acoso sexual entre adolescentes

La investigación, en la que participaron 3.489 estudiantes de entre 13 y 18 años, pone el énfasis en atajar los chistes y comentarios hirientes antes de que se conviertan en agresiones físicas.

 

Una investigadora de la UCO, durante una charla en un instituto cordobés. - Foto: CÓRDOBA

EUROPA PRESS / CÓRDOBA
08/03/2016

Un trabajo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) advierte del aumento del acoso sexual visual y verbal entre adolescentes, revelando que más de la mitad de los chicos y chicas han sido víctimas de este tipo de acoso, que no produce daños físicos, pero que puede ser la antesala de la violencia machista.

Según ha informado la UCO, la investigación determina que más de la mitad de los adolescentes declara haber sufrido acoso sexual por parte de sus compañeros. Se trata de una forma muy concreta de hostigamiento visual y verbal, que consiste en insultos y malas palabras o miradas, que son pautas demasiado comunes entre los escolares en los años de la adolescencia.

Así, el estudio, realizado por investigadoras de la UCO bajo la dirección de la catedrática de Psicología Rosario Ortega-Ruiz, señala que el 63,1% de los chicos y el 53,1% de las chicas manifestaron haber recibido algún tipo de acoso visual o verbal de contenido sexual.

Este tipo de acoso es el más extendido en las aulas y el que, en palabras de Ortega, "supone un riesgo alto para los propios agresores que están normalizando determinadas formas de violencia en pleno desarrollo de su personalidad, pero no es el único tipo", ya que el informe de la UCO ha revelado que, "aunque en menor medida, el acoso sexual físico y directo también está presente tanto en chicas como en chicos".

En su trabajo, científicas sociales de la UCO encuestaron a 3.489 estudiantes de entre 13 y 18 años de tercero y cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y los dos cursos de Bachillerato de centros públicos y privados de Andalucía, para conocer el alcance de este tipo de agresiones. El trabajo, recientemente publicado en 'International Journal of Clinical and Health Psychology', medía el acoso sexual entre compañeros de clase, ya que los estudiantes encuestados compartían aulas mixtas.

Los resultados "superan la idea preconcebida de que la agresión de componente sexual es un acto exclusivo de los chicos hacia las chicas, pero indica que son los varones los que más riesgo tienen de socializarse incluyendo patrones agresivos, más o menos graves, en su vida social", aunque, "evidentemente, también perjudica a las chicas, que, incluidas en el juego sucio de la violencia sexual, terminan siendo víctimas de una brutalidad que empieza siendo verbal y puede alimentar la violencia machista en años posteriores".

Expresiones ofensivas, obligar a ver dibujos y fotografías pornográficas, o notas guarras, además de mostrar partes íntimas del cuerpo, son formas de agresión sexual, de las que se quejan tanto chicos, como chicas.

Por acoso físico, de carácter más grave que el visual o verbal, se entienden comportamientos como tirar o bajar la ropa con intenciones sexuales, obligar o forzar a besar, tocar o pellizcar con intenciones sexuales o forzar a hacer un acto sexual más allá que besar. Estas conductas involucran como víctimas al 33,8% de los chicos y al 14,2% de las chicas. De nuevo, son más varones que chicas los que revelan que esta violencia les afecta.

En el caso de los agresores, los protagonistas también son los chicos y las diferencias son aún mayores. El 52,6% de los adolescentes ha ejercido acoso sexual visual o verbal en el último medio año, frente al 25,7% de las adolescentes.

El comportamiento agresivo físico es casi inexistente entre las chicas, el 5,1% manifestó actuar de este modo, mientras que el de los varones fue significativamente más elevado, el 25,2% afirmó realizar alguna vez estos actos en los últimos seis meses. El 3% de los varones afirmaron realizar comportamientos graves de acoso sexual (obligar o forzar a hacer algún acto sexual más que besar), conducta que en las chicas sólo ha sido nombrada por un 0,4%.

INTERPRETACIÓN DE LAS EXPERTAS

Rosario Ortega-Ruiz ha explicado que en todo el ámbito de la conducta agresiva el varón está más implicado, tanto en formas menos graves, como en las más graves.

Rosario Ortega Ruiz: "El riesgo para la sociedad es no atajar los elementos de dominio-sumisión que incluyen algunas pautas de relaciones sociales".

Alerta además que "hay una mayor normalización de comportamientos como el insulto sexual, como llamar a alguien 'maricón o lesbiana' o hacerle un gesto con connotaciones sexuales entre los varones", según ha insistido Ortega-Ruiz, que advierte que unir pautas agresivas y contenido sexual puede ser un riesgo de socialización en la brutalidad que después puede resultar difícil de eliminar de la vida erótico sentimental de los jóvenes.

"El problema es que se pase de hacer un uso de bromas supuestamente amistoso porque el receptor o receptora de la palabra o la mirada ofensiva lo vive como lo que es, una agresión", según ha añadido la doctora Esther Vega, primera autora del artículo, que ha sido parte de una tesis doctoral, dirigida por las profesoras Rosario Ortega-Ruiz y Virginia Sánchez (de la Universidad de Sevilla).

Esta normalización de comportamientos agresivos de carácter sexual puede hacer creer a los chicos que la vida sexual puede incluir, impunemente, formas de agresión física. Por otro lado, y desde un punto de vista psicoevolutivo, entre las escolares se observó una disminución progresiva de estos tipos de acoso conforme se acercaban a la mayoría de edad, mientras entre los escolares varones el acoso sexual se mantiene o incluso aumenta, siempre en las formas más leves, con la edad.

No obstante, Esther Vega indica que el hecho de que las chicas alcancen antes la madurez mental y física que los chicos quizás les ayude a aprender antes a modular sus expresiones verbales, rechazando la inclusión de formas agresivas de contenido sexual.

Rosario Ortega-Ruiz ha insistido en que el verdadero riesgo está en que se aprenda a tolerar de forma pasiva que la agresión sexual, de cualquier tipo, esté presente en la comunicación y actitudes sociales de los adolescentes. Descubrir que esto está pasando es una forma de alertar sobre el origen de la violencia machista.

Los datos en España se mueven en la misma línea que los estudios europeos. No obstante, Rosario Ortega-Ruiz advierte que es difícil comparar los trabajos, salvo que se hayan utilizado los mismos instrumentos de medida y se controlen las variables socio-culturales que en estos temas son importantes.