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ENTREVISTA.

Ignacio Vicens y Hualde ARQUITECTO : "La arquitectura debe dar lo mejor a la sociedad, pero ésta a veces no sabe lo que le conviene"

 

A pie de obra Ignacio Vicens, en el solar donde se levanta la iglesia de la Consolación. - Foto:FRANCISCO GONZALEZ

ROSA LUQUEROSA LUQUE 06/07/2009

NACE EN MADRID (1950).

FORMACION PREMIO EXTRAORDINARIO DE DOCTORADO POR LA ETSAM, ES CATEDRATICO DE PROYECTOS ARQUITECTONICOS.

TRAYECTORIA DIRECTOR DE LA CATEDRA BLANCA CEMEX, POSEE NUMEROSOS PREMIOS. PROYECTA TRES TEATROS EN UNO EN MADRID.

Iba para diplomático, pero cambió la abogacía por la arquitectura y asegura que cada día está más contento de su elección. Y es que, vitalista y multifacético, igual de bien se le dan a Ignacio Vicens las clases en la universidad que proyectar edificios emblemáticos, la esgrima o el piano, que toca en su estudio madrileño para relajarse. Ahora, mientras proyecta "una locura arquitectónica" en la capital de España, tres teatros en uno por encargo de José Luis Moreno, sigue de cerca la construcción de la nueva parroquia cordobesa de la Consolación, una joya vanguardista para el barrio de la Paz. Esta entrevista se realizó en su última visita a la obra, con un dinámico Vicens preparado para hacer lo que todos los veranos: viajar a Perú con 35 jóvenes para levantar "escuelitas" junto al lago Titicaca.

--¿Será la iglesia de la Consolación tan supermoderna como la que hizo en la localidad madrileña de Rivas, ese juego atrevido de volúmenes oxidados que tanto le han premiado?

--Queríamos hacer un templo muy contemporáneo, que no sólo sea un lugar de culto sino una obra de arte, pues la Iglesia ha sido siempre promotora de cultura. Pero no será tan rompedora como la de Rivas Vacíamadrid, aunque sí absolutamente de vanguardia. En Rivas el entorno era tan neutro, tan poco atractivo que necesitaba un punto de referencia. Córdoba ya tiene suficientes monumentos de referencia a nivel mundial, no necesita eso.

--¿Qué tal casan la modernidad arquitectónica y las cosas del espíritu, tan inmutables?

--Maravillosamente. Eso es lo que tenemos que demostrar; precisamente porque son inmutables son para todos los tiempos, para todas las personas, para todos los países. El arte varía, qué duda cabe. Cada época, cada persona tiene sus propias formas de expresión. Lo bonito de la Iglesia católica es que ha sabido bautizar todas las culturas, porque todo cabe.

Este hombre que domina igual los planos que la palabra, rápida y bien modulada --verbaliza con la soltura de un orador y entona la frase como si fuera un profesional de la escena-- es un especialista en lo que se ha dado en llamar "arquitectura efímera", a la que dedicó la primera tesis doctoral que sobre el tema se hizo en España, en concreto sobre el Barroco. "Por cierto, que pasé mucho tiempo consultando los archivos del Obispado de Córdoba, que son excepcionales --dice recordando aquella investigación--. Como su nombre indica, la arquitectura efímera es la que está hecha para no durar, tan sólo un día o dos como mucho, y de la que sólo quedan documentos". Es la que antaño se hacía para la entrada de reyes a las ciudades y grandes eventos. Como a los que a Ignacio Vicens le tocó dar respuesta: las visitas de Juan Pablo II a Madrid y la decoración de la catedral de la Almudena para la boda de los Príncipes de Asturias.

--¿Qué recuerdo guarda de aquellas visitas del Papa?

--Mi contacto con él es una de las cosas más importantes que me ha sucedido en la vida. Era una persona increíble. No sé si será por esa especie de premonición de hacer la tesis sobre arquitectura efímera o por qué, pero lo cierto es que desde el año 1982 he estado haciendo todos los estrados del Papa siempre que ha ido a Madrid, seis en total. Y ahora he recibido otra gran alegría y es que me han encargado para el 2011 tanto el estrado de recibimiento y despedida de Benedicto XVI en Madrid como el de la Jornada Mundial de la Juventud, que presidirá en la base aérea de Cuatro Vientos.

--Qué encargo tan distinto al de decorar La Almudena, tan fea y tan fría, para una boda real, ¿no?

--(Risas)Sí, sí... En la boda del Príncipe había que ambientar una catedral que no se presta demasiado a una ceremonia solemne. Pero teníamos varias ventajas. Una: Patrimonio del Estado se volcó y nos permitió utilizar su maravillosa colección de tapices, que ayudaron a tapar lo feo. Dos: la estupenda convivencia entre todos los que trabajamos allí (el Arzobispado, televisión... ). Conseguimos que nadie viera una cámara, y había ochenta y tantas. Al final quedó bien gracias a ese buen entendimiento entre todos.

--Imagino que, por mucho que le gusten las construcciones no permanentes, lo que más debe de satisfacer a un arquitecto es dejar una huella perdurable.

--Qué duda cabe de que el arquitecto tiene vocación de que lo que construya permanezca. Cuando yo era muy joven invité a un gran arquitecto, Richard Meier, a dar unas conferencias, y me dijo una cosa que me impresionó: "Nacho, no olvides nunca que lo único que queda en arquitectura son las fotografías". Me pareció de un cinismo terrible, pero luego me he dado cuenta de que, efectivamente, lo que queda es lo documentado. Pero sí, lo que nos gusta es lo permanente.

Ignacio Vicens confiesa estar al tanto de los proyectos hechos y por hacer en Córdoba, así como de sus respectivas polémicas. En alguna incluso ha tomado partido, como en la que rodeó al puente de Miraflores, "ese puente tan sutil y exquisito" recibido en la ciudad con reticencias y que él no se cansa de defender públicamente. "Hay una cosa positiva y es que una ciudad en la que existe polémica arquitectónica es una ciudad viva", argumenta con optimismo.

--¿Debe estar supeditada la arquitectura al pulso social del momento o ha de ir por libre?

--Por libre no, el único sentido de la arquitectura es la felicidad del usuario. La arquitectura debe dar lo mejor a la sociedad. Pero a veces la sociedad no sabe lo que le conviene. La arquitectura es ordenación del territorio, es forma de vida, es técnica, es ideología... Algo tan complejo que no puede depender de frívolas aproximaciones. Por eso a veces los profesionales tenemos que ver con cierta ironía comprensiva algunas críticas apresuradas.

--Se quejaba usted en otra entrevista de la escasa "relevancia cultural" de la arquitectura, pero la verdad es que algunos de sus colegas van de estrellas. ¿Qué opina al respecto?

--Una cosa es relevancia cultural y otra moda, que pasa. Yo no quiero que el arquitecto sea famoso, sino que su labor permanezca. La arquitectura no puede prostituirse convirtiéndose en un objeto de consumo ni cayendo en manos de políticos que la usen para ganar votos.