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INFORME

El covid reduce un 50% la caza menor en Córdoba

Las monterías celebradas son un 31% menos que en la última temporada. La federación estima que la actividad deja unos 300 millones en Córdoba

 

El covid reduce un 50% la caza menor en Córdoba -

Pilar Cobos Pilar Cobos
22/11/2020

La temporada de caza comenzó el pasado mes de octubre, en plena segunda ola de la pandemia de coronavirus, y las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias para reducir el avance de la crisis están afectando a sus resultados, pese a que la práctica está permitida. En este sentido, diferentes indicadores apuntan a un descenso de la actividad y el delegado de la Federación Andaluza de Caza en Córdoba, Francisco Javier Cano, estima que en el caso de la caza menor se ha reducido, como mínimo, un 50%, mientras que la mayor se encuentra «prácticamente normalizada» después de que se haya aclarado cómo le afectan las nuevas restricciones.

La delegación territorial de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible ha informado a este periódico de que, por el momento, se han comunicado 412 actividades cinegéticas en Córdoba, un 9% menos que en el mismo periodo de la temporada pasada, y se han celebrado 134, un 31% menos. También ha indicado que se percibe «una tendencia a celebrar las monterías, batidas, con menos puestos, y donde el año pasado se celebraba una montería, este año comunican dos ganchos», que son eventos con una participación menor de cazadores. Sin embargo, recuerda que las cacerías «se pueden seguir solicitando durante todo el periodo de caza».


LA MOVILIDAD
Sin poder acudir al coto en otro municipio

Francisco Javier Cano explica, en referencia a las últimas limitaciones establecidas por el Gobierno regional, que sí está permitida la movilidad para la caza mayor (no la entrada de cazadores de otras comunidades autónomas), pero en el caso de la menor solo se pueden realizar desplazamientos hacia aquellos municipios en los que se declaró la emergencia cinegética por el conejo, que son, sobre todo, de la Campiña Sur. Por esto, el cierre de las localidades está teniendo «una repercusión tremenda» en la actividad.

En la mayor, según recuerda, se aplazaron monterías a raíz de la publicación del decreto de la Junta de Andalucía del pasado 8 de noviembre (con las nuevas restricciones) hasta aclararse las condiciones en las que se permitía la actividad. «Pero se han retomado y prácticamente está normalizada», destaca. No obstante, alude a la incidencia del cierre de la comunidad autónoma, detallando que «se han descolgado muchos puestos de caza mayor de gente de fuera». Cano estima que, «como mínimo», un 30% de quienes cazan en Córdoba proceden de otras regiones españolas y en torno a un 2% son llegados del extranjero, «franceses, alemanes, italianos o portugueses, principalmente».


EL IMPACTO
La actividad deja unos 300 millones de euros

Consultado por el impacto económico de la actividad cinegética en la provincia, el delegado de la Federación Andaluza de Caza admite que «es complicado de cuantificar», aunque, según señala, de forma directa se generan alrededor de 93 millones de euros en distintas cuestiones como las licencias, las jornadas de caza o los cotos, mientras el beneficio indirecto rondaría los 300 millones de euros. Francisco Javier Cano alude a un estudio de la Fundación Artemisan que estima que la caza mueve en España en torno a 6.500 millones de euros al año, más de 2.000 millones en Andalucía, precisando que este cálculo incluye las distintas actividades relacionadas, como la generada en tiendas de deporte y armerías o cotos, y el trabajo de postores, arrieros y rehaleros, entre otros profesionales que participan en ella.


EN EL CAMPO
80.000 euros por una montería media

Tomás Jurado, ingeniero de Montes del departamento cinegético de Asaja, explica que la montería es una cacería colectiva donde se instalan más de 25 puestos y aclara que lo habitual es que acudan dos personas por cada uno para compartir el gasto. La organización de la montería responde a la decisión del titular de la finca de cazarla completa o parcialmente.

En cuanto a los precios que se cobra por participar en ellas, la horquilla es muy amplia y Tomás Jurado indica que en las más económicas el puesto puede costar unos 250 euros, pero en las de mayor nivel pueden pedirse varios miles de euros. Los cazadores llegan a abonar 4.000 o 5.000 euros por un solo día. Así, Jurado afirma que las monterías «aportan a la economía de las zonas rurales una gran cantidad de dinero muy necesaria». Consultado por la rentabilidad de una montería media, precisa que en este caso el puesto podría valer unos 2.000 euros y con unos 40 participantes se generarían 80.000 euros de ingreso para la finca. Al hilo de esa estimación aproximada, señala que la cuantía obtenida puede permitir cubrir los gastos del terreno, aunque recuerda que hay fincas muy diversas, que además de la caza desarrollan otras actividades como la producción de corcho o piña, o la ganadería.

Acerca de los aficionados a la caza menor, abunda en que estos suelen gastar menos en el disfrute de la actividad, pero «invierten un buen dinero también y son mucho más numerosos».

EL EMPLEO
Del veterinario al hostelero

Preguntado por los profesionales que hacen posible la montería, Tomás Jurado confirma que «interviene mucha gente que trabaja y que es absolutamente necesaria». En este sentido, cita al veterinario, que determina la salud de los animales cazados como paso previo a su destino a la alimentación; el taxidermista, que se encarga de preparar los trofeos de los cazadores; la industria cárnica, que recoge la carne en un camión frigorífico para transportarla a las instalaciones donde se preparará para su comercialización (un ingreso más para la finca); los perreros o rehaleros, ya que en la montería pueden intervenir varias rehalas, imprescindibles porque los perros levantan a los animales y les hacen huir para que puedan ser cazados; los postores, que colocan a los cazadores en su puesto, y los arrieros, que llevan mulos y ayudan a sacar a los animales cazados (como los ciervos o jabalíes) de los lugares de difícil acceso. Este ingeniero de Asaja recuerda que este año, con motivo de la pandemia de coronavirus, no se ofrecen comidas, pero habitualmente las monterías cuentan con empresas que organizan el desayuno y el almuerzo en el campo y cuyo servicio se incluye en el precio de los puestos.

Junto a estas actividades, hace hincapié en que los cazadores pueden pernoctar en los pueblos donde se ubican las fincas, comprar en los comercios o acudir a sus restaurantes. Además, matiza que este año se ha prohibido que acudan más de dos personas por puesto, pero en otras ocasiones «es muy frecuente que se lleve a la familia» y esta también puede disfrutar de la ciudad mientras que el aficionado montea, por lo que «se alterna el turismo con la caza».

OTRAS FUNCIONES
Los efectos sociales y medioambientales

Por otra parte, el delegado en Córdoba de la Federación Andaluza de Caza, Francisco Javier Cano, recuerda la función social y medioambiental de la caza, explicando que fija población a los municipios y que contribuye al control de las especies. En esta línea, comenta que, «prácticamente, el 100% de los pueblos de la provincia tiene sociedades de cazadores», y asegura que «sería inimaginable» el impacto negativo para el medioambiente que supondría no poder desarrollar la actividad. Esta temporada de caza mayor, por ejemplo, finaliza a mediados del mes de febrero, pero se prolongará un mes «para hacer batidas de gestión en los cotos que necesiten reducir las densidades de jabalíes», un animal sobre el que añade que «es un reservorio de enfermedades».

Por su parte, Tomás Jurado asegura que «en una provincia como Córdoba se abaten todos los años varios miles de animales, si se dejan de matar y siguen reproduciéndose vamos a tener accidentes de tráfico, destrozos en cultivos agrícolas y problemas sanitarios por la transmisión de enfermedades».

EN CIFRAS
1.463 cotos y 38.916 licencias

Un balance facilitado por la Junta de Andalucía a este periódico recoge que Córdoba tiene 1.177 cotos de caza menor y 286 cotos de caza mayor, que suman un total de 1.142.908 hectáreas. Asimismo, contempla que las licencias para la práctica de esta actividad ascienden a 38.916. Entre otros datos, el informe detalla que en la última temporada de caza se autorizaron 535 cacerías. En ellas se abatieron 12.465 ciervos, 7.788 jabalíes; 847 muflones y un total de 967 gamos.

EN LA PROVINCIA
Las zonas y los propietarios

Francisco Javier Cano manifiesta que las localidades más demandadas para la caza mayor en la provincia son Hornachuelos, Villaviciosa de Córdoba, Espiel, Belmez o Cardeña, recogidas entre el centro y el norte del territorio. La caza menor se desarrolla, prácticamente, en toda la provincia, aunque «la zona centro y el sur tienen mayor densidad de especies», precisa.

Sobre la propiedad de los cotos, también detalla que los casos de fincas grandes que pertenecen a un solo propietario no representan más del 20% de las hectáreas, añadiendo que se dan, sobre todo, en la caza mayor. Cano afirma que «las principales fortunas españolas tienen su propio coto de caza mayor, por ejemplo, en Hornachuelos». No obstante, destaca que en esta actividad están los montes públicos, propiedad de la Junta de Andalucía, que normalmente son cedidos a sociedades de cazadores; los montes comunales, de los ayuntamientos, cedidos a sociedades o a empresas, y las referidas fincas propiedad de un terrateniente.

En la caza menor, fundamentalmente, los cotos son gestionados por una sociedad de cazadores a la que el agricultor suele ceder «de forma gratuita» el terreno. De esta forma, Cano concluye que «la inmensa mayoría de los cotos de caza de Córdoba los tienen cedidos los agricultores locales a las sociedades de cazadores de los pueblos».

LA PANDEMIA
Reclaman poder desplazarse

En cuanto a los efectos que la crisis sanitaria está teniendo en la actividad, el delegado de la Federación Andaluza de Caza afirma que también se adoptan distintas medidas para evitar posibles contagios por coronavirus y admite que «nos ha afectado muchísimo que no se permita a la caza menor desplazarse». Por esto, reclaman que se declare actividad esencial. Cano especifica que en la caza mayor se ha eliminado todo el contenido social (como las comidas) y «el peligro de contagio es casi inexistente». De otro lado, en la menor opina que «es casi nula la posibilidad de contagio, porque es muy individual» y se suele practicar solo o junto a un compañero.

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