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Diego de haro, caballerizo real

 

EDUARDO AgüeraEDUARDO Agüera 12/08/2007

Ffelipe II en 1565 ordenó crear en Córdoba unas caballerizas que tuvieran como objetivo obtener una "raza" de caballos para satisfacer una doble finalidad: privativa de la casa real, y en beneficio general de sus reinos. Para realizar este proyecto encargó al noble cordobés Don Diego López de Haro que dirigiera la construcción de unas caballerizas para alojar a los sementales, así como que comprara o arrendara las dehesas necesarias donde pastaran y criaran las piaras de yeguas. Además, para satisfacer los objetivos ordenó a Don Diego eligiera y adquiriera, por Andalucía, a su gusto y criterio las yeguas y sementales. Asimismo, el Rey, habilitó fondos para este proyecto destinando recursos de las salinas de Andalucía, e incluyó el funcionamiento de las Caballerizas en los presupuestos de la Junta de Obras, Jardines y Bosques.

El Rey, el propio Don Diego o bien ambos, eligieron situar sus Caballerizas en el barrio de San Basilio, en la ribera norte cordobesa del Guadalquivir, junto al Alcázar construido por Alfonso XI , en terrenos donde en otros tiempos habían descansado los caballos de Al hakan II y de Almansur. Las yeguas, se ubicaron en dehesas y tierras de "Córdoba la Vieja", "Alameda del Obispo", "Dehesa de la Rivera", "Gamonosas", "La Pendolilla", y "Cortijo el Alcaide", entre otras. Esta empresa tenía para la Corona tanto interés que el propio Felipe II que asistió en Córdoba para celebrar Cortes desde el 20 de febrero hasta el 26 de abril de 1570, supervisó el desarrollo del proyecto.

Tras más de treinta años de dedicación, Don Diego escribió a su Rey en estos términos: "la bondad de los caballos de Córdoba, es cosa de mayor grandeza que tiene su majestad en el mundo". El Caballerizo Real había logrado en el crisol de las Caballerizas Reales de Córdoba "el caballo andaluz", una de las razas equinas más emblemáticas de todos los tiempos, y en opinión de muchos el hito más relevante de la historia de la época moderna de Córdoba.

Don Diego de Haro, según mis fuentes, era un noble cordobés de la segunda mitad del siglo XVI, nieto de Doña Beatriz de Sotomayor Marquesa del Carpio, y de Don Diego López de Haro gentilhombre de Castilla, que además de caballerizo Real, fue veinticuatro de la Ciudad de Córdoba, y a partir de 1580, también Marqués del Carpio. Pero personalmente lo que más me admira de este personaje ha sido leer entre sus escritos (Archivo General de Simancas, Leg.273) dando cuenta del funcionamiento de las caballerizas al Rey, los fundamentos genéticos y de bienestar animal tan avanzados que tenía para su época. Pues independientemente de su buen criterio para seleccionar los ejemplares equinos, llama la atención la cuidadosa elección de yeguas y sementales para su mejora racial, las condiciones ambientales que imponía a las dehesas donde acomodar sus yeguas, así como las rigurosas exigencias que dictaba y hacía cumplir al personal a su cargo, en el manejo de los caballos.

Tras todo lo expuesto, y sobre todo por el logro de Don Diego de ser el hacedor del caballo andaluz que encumbra el caballo de la Córdoba moderna, llama la atención el hecho que todavía este notable personaje no haya tenido un lugar en la Historia de Córdoba. Pues hasta la fecha, que yo sepa, no existe una calle o una plaza con el nombre de Don Diego, ni otros reconocimientos que rememore su obra. Y no es el caso que haya sido solamente en la época contemporánea cuando se diera valor a su labor y a la bondad del caballo de raza andaluza, pues ya en 1625, Felipe IV reconoció los méritos del caballerizo de su abuelo, al dejar por Real Sanción vinculado a sus descendientes a perpetuidad, el título de Marqués del Carpio con el de Caballerizo Mayor de Córdoba.

Y bien, Córdoba está en deuda con este noble cordobés, caballero veinticuatro del concejo de Córdoba, gentilhombre de la Casa Real, Marqués del Carpio, y primer Caballerizo Mayor de las Caballerizas Reales de Córdoba, quien durante treinta y seis años a base de conocimientos, criterio, dedicación y tesón, logró una "raza" de caballos: --el caballo andaluz--. Una obra de la que aún hoy, cinco siglos después, Córdoba, Andalucía y España se sienten orgullosos. Además, con este éxito obtuvo para Córdoba su reconocimiento, haciendo mundialmente famosas sus Caballerizas Reales. Por todo ello, loado sea Don Diego López de Haro.

* Catedrático

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