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contracorriente

Las mates no son el coco

El profesor José Ángel Murcia plantea en su primer libro, ‘Y me llevo una’, «hacer las paces con las matemáticas», que sirven para comprender mejor el mundo de hoy

 

José Ángel Murcia presentó ayer en la librería Luque de Córdoba su libro ‘Y me llevo una’, de divulgación matemática. - A.J GONZÁLEZ

Carmen Aumente Carmen Aumente
03/12/2019

Y me llevo una es su primer libro, pero José Ángel Murcia, licenciado en Matemáticas, formador de formadores, y autor del exitoso blog Tocamates, lleva detrás una amplia trayectoria para hacer que las matemáticas «no sean el coco, ni las culpables de que seamos de letras» sino que sirven «para comprender el mundo». Ayer, en la ruta de presentación de su libro que le lleva desde hace un mes por toda España, llegó a Córdoba, a la librería Luque, hacia donde se acercaron muchos seguidores de este divulgador matemático, que colabora en muchos medios de comunicación. En Y me llevo una, libro preciosamente ilustrado por Cristina Daura y editado por Nórdica y Capitán Swing, este profesor natural de Murcia plantea hacer las paces con las matemáticas.

«El libro hace divulgación de las matemáticas, que están a nuestro alrededor. Hay muchos elementos de nuestro entorno y de nuestro día a día que contienen matemáticas. Por ejemplo, cuando miras a un edificio en la calle, hay repetición de balcones en cada planta. Cuando miras a las baldosas del suelo, ves juegos geométricos que tienen que ver con patrones de repetición. Estamos rodeados de patrones matemáticos que se pueden utilizar para aprender, para refrescar, para mantener la mente despierta y para reconciliarnos con las matemáticas», explicó a este periódico poco antes de presentar el libro.

Entiende José Ángel Murcia que por esa mala relación con las matemáticas que tenemos muchos, «no se revisa una factura, un contrato o una hipoteca». En el libro, «a través de la historia, trato de buscar esa conexión que muchas veces ha quedado pendiente porque hemos aprendido procedimientos de cálculo, cómo se restaba, cómo se sumaba o multiplicaba, y eso ahora lo hemos delegado a una máquina que lo hace estupendamente y sin errores y nos da la sensación de que eso lo pueden hacer las máquinas». Sin embargo, si hay un error o cierto engaño en una factura, «no nos paramos a mirarla, nos creemos lo que nos dicen, y deberíamos ser más conscientes».

Por ello, su libro dice que va dirigido «al público adulto que por cualquier circunstancia tenga esa mala relación con las matemáticas; a la gente que cree que es de Letras, a niños a partir de 11-12 años, que me consta que lo están leyendo y disfrutando, pero más bien para leerlo con sus padres. El libro está repleto de juegos, de propuestas, para leerlo con un lápiz en la mano. Planteo por ejemplo un juego con las matrículas de los coches, hay muchas propuestas para buscar en el mundo real las matemáticas».

En Córdoba ha trabajado ya en más de 20 colegios con profesores de Infantil y Primaria y viaja por toda España dando formaciones. Pero también trabaja con niños, a través de la empresa Smartick, que propone un programa de entrenamiento para niños de 4 a 14 años, con 15 minutos de práctica diaria. Su blog Tocamates surge precisamente de una experiencia personal. «Soy licenciado en Matemáticas y trabajaba como profesor de Secundaria. Y cuando nació mi hija mayor me di cuenta de que los niños aprendían experimentando, trabajaban con el ensayo y error y, sin embargo, mis alumnos de Secundaria estaban ahí esperando esa lista de procedimientos. A mí eso me resultaba frustrante, porque yo sabía que las matemáticas nos rodeaban y ellos solo querían la receta de cómo se resolvía ese problema». Así pues, su idea es que «debemos usar la resolución de problemas para desarrollar el pensamiento matemático, no buscar la receta que resuelve cada problema», es decir, «las máquinas son mejores en los procedimientos pero nosotros somos mejores en los procesos». Dice que de los algoritmos, las ecuaciones, las raíces cuadradas y todo aquello que «nos hace sufrir» en matemáticas, nos ha quedado la capacidad de análisis, de síntesis, de seleccionar la parte importante de la menos importante.

«Debemos utilizar los contenidos de matemáticas para desarrollar ese pensamiento matemático y abandonar todos esos procesos que pasan por nosotros pero que no se quedan. No digo que no enseñemos cálculo, sino que lo enseñemos para conectarlo con la realidad». Y eso sí, insta a la Administración a «darle una vuelta al currículo» de esta materia y adaptarlo al siglo XXI porque «muchos contenidos son obsoletos».