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CONTRAPORTADA

Elisabet Benavent: "Hay que acercarse a los libros sin prejuicios ni de edad ni de género"

 

La escritora Elisabet Benavent, durante la entrevista en Sevilla. - Foto:ELISA ARROYO

ANTONIO LOPEZ HIDALGO
03/03/2016

Licenciada en Comunicación Audiovisual (Valencia, 1984), ha publicado diez títulos en dos años. Y ha vendido 120.000 ejemplares de la saga Valeria. 'El diario de Lola' es su último libro.

--Un diario ilustrado con un estilo coqueto, glamuroso, actual y cosmopolita 100%. Vamos, un libro para leer y escribir.

--Es un libro que hay que leer con el bolígrafo en la mano y hay que desnudarse entre sus páginas. Pero hay que comprometerse a ser súpersincera ahí dentro.

--Ha dicho súpersincera. ¿Los hombres estamos excluidos?

--No. No estáis excluidos. Lo que pasa es que el 90% de mis lectores son mujeres.

--El libro ofrece además un relato erótico inédito. ¿Tanto le pone el sexo?

--(Ríe). Le doy la importancia que tiene. Hay que abogar por la naturalidad. Es una parte natural de la vida.

--De la saga 'Valeria' ha vendido 120.000 ejemplares. Y el país con estos pelos.

--La primera sorprendida soy yo (ríe). No me esperaba para nadaesto pero, bueno, toquemos madera. Que siga funcionando bien. Aún siento que quiero hacer muchas cosas. A ver qué tal.

--Los derechos de la saga los ha vendido para televisión. ¿Qué más sabe?

--Pues que el proyecto sigue en funcionamiento. Las cosas de palacio van despacio. Siguen estando interesados.

--'El diario de Lola' es su libro más reciente. Pero no el último. Diez títulos en dos años. ¿Algún secreto que confesar?

--Que tenía muchos escritos ahí guardados. Entonces ha sido tirar un poco de lo que tenía escondido en el ordenador.

--Define sus novelas como románticas contemporáneas en las que el componente erótico no es tan importante.

--Lo es y no lo es. Como el resto de las cosas que les pasan a las chicas en la vida. Justo lo que te decía antes. Que voy a abogar por la naturalidad y no darle más importancia ni menos. Porque si le das más importancia, resta a la historia.

--Sus libros los leen mujeres de entre 18 y 60 años. ¿Lo hace premeditadamente?

--No. Qué va. Creo que hay que acercarse a los libros sin prejuicios ni de edad ni de género ni de nada. Porque muchas veces los propios géneros de los libros llevan consigo algunos prejuicios que alejan a un público que se lo pasaría bien leyendo el libro.

--Dice usted: "Escribir es un ejercicio muy sano que debería practicar todo el mundo".

--Sí, porque creo que hay algo como terapéutico en escribir ciertas cosas. Y además, ese ejercicio mental que hay que hacer para ordenar las ideas y ponerlas después por escrito, creo que es muy, muy sano. Como esos diarios que teníamos de jovencitas, donde íbamos dejando todo lo que nos cabreaba, lo que nos gustaba. Yo creo que es muy sano.

--Dígame algún secreto que no se haya atrevido a contar en 'El diario de Lola'.

--Que fue un proyecto que salió muy, muy rápido. Creo que ha sido el libro más rápido que hemos preparado entre la editorial y yo. Fue un ritmo vertiginoso. En dos meses estuvo todo preparado, el contenido y las ilustraciones.

--Se reconoce como escritora de entretenimiento. ¿Nada más?

--Yo escribo para entretener. Si los lectores o las lectoras encuentran algo más en mis libros, es un regalo. Pero yo quiero entretener. No tengo más pretensión que entretener.

--Su contacto con lectoras en las redes es constante e intenso. ¿Le animaron ellas a publicar este diario?

--Muchas de esas lectoras se pusieron en contacto conmigo a través de redes sociales para decirme que les encantaría tener la agenda que llevaba Lola en la saga Valeria . Entonces, esto es como una evolución de lo que me dijeron ellas. En realidad, es un homenaje para las lectoras, como una pieza especial dentro de la saga.

--Ahora publica la primera entrega de una historia coral de alta cocina, con un chef y una jefa de partida como protagonistas.

--Tenía muchas ganas de meterme en el tema de la alta cocina, que es un mundo que me llama muchísimo la atención y, bueno, me ha servido de excusa para poder meterme en la cocina del restaurante Abac de Jordi Cruz en Barcelona para ver cómo funciona entre fogones con varias estrellas Michelín. Cuando te metes en un proyecto así, te das cuenta que no sabes absolutamente nada de cocina.