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REPORTAJE

A recuperar el orgullo

El conjunto blanquiverde regresa, doce años después, a la categoría de bronce del fútbol español, con un presupuesto mucho más bajo que entonces y con una categoría muy diferente

 

Asen y Arteaga, en El Alcoraz, invadido por cordobesistas, en junio del 2007. - A.J. GONZÁLEZ

Mucho han cambiado las tornas en Segunda B. El Córdoba CF sigue siendo claro favorito al ascenso en el grupo IV, pero para nada maneja las cifras a nivel de presupuesto que tuvo en la temporada 2006/07, su último ascenso a Segunda.

Aquel curso, con Rafael Campanero de presidente y Prasa en la propiedad, el club blanquiverde tuvo un presupuesto de 10 millones de euros. Era la época del ladrillo y de las inyecciones de capital de Prasa para equilibrar los presupuestos deficitarios. El Córdoba CF preparó su segundo curso en Segunda B con un músculo financiero que le permitió configurar una plantilla más que preparada para el salto a la división de plata. Pero el camino no fue de rosas. Los Pierini, Javi Moreno, Guzmán Casaseca y Arteaga, bajo el mando de Pepe Escalante en el banquillo, solo pudieron acabar cuartos en la liga regular.

Un 0-0 en la ida de la primera eliminatoria de ascenso ante el Pontevedra tornó en drama en la primera parte de la vuelta, en el Municipal de Pasarón, cuando los gallegos se pusieron 2-0 e hicieron temer lo peor al conjunto blanquiverde. Dos testarazos de Asen igualaron la contienda y le dieron la clasificación al Córdoba.

Aquel ascenso del 2007

El play-off final ante el Huesca se encarriló en la ida, en El Arcángel. Ante un estadio repleto, Pierini y Guzmán Casaseca pusieron los goles. Con la vuelta por disputarse, el presidente, Rafael Campanero, se aventuró a asegurar que «la respuesta del cordobesismo pasará a los anales deportivos y si tenemos suerte de pasar, con las posibilidades de esta ciudad, en tres temporadas como máximo estaremos en Primera División. Porque esta afición se lo merece».

La historia fue muy distinta. Pasaron siete años hasta el regreso a Primera con otro propietario, Carlos González, que también protagonizó el calamitoso descenso a Segunda y el continuo andar cuesta abajo hasta el 2018, cuando el tándem Jesús León-Luis Oliver logró una salvación milagrosa que solo fue una máscara de lo que vino después. El pasado curso 2018/19 certificó el descenso a Segunda B 12 años después de aquel Córdoba-Huesca. Pero los ingredientes del regreso blanquiverde a la división de bronce son muy distintos.

No habrá, como en aquel choque, un lleno histórico esta noche ante el Recreativo Granada. Solo cinco equipos de los que componían el grupo IV en la 2006/07 continúan en la división de bronce -Sevilla Atlético, Cartagena, Melilla, Marbella y Mérida- y ninguno de la provincia. El Villanueva, ante el que el Córdoba cayó por 3-1, remontada incluida, ya ha desaparecido.

La respuesta de la afición ha sido impresionante, con cerca de 11.000 abonados a pesar de la nefasta situación económica que vive la entidad de El Arcángel, con los problemas sufridos para la inscripción de los jugadores y el cuerpo técnico, la solicitud de embargo de Luis Oliver y la propiedad de las acciones discutida próximamente en los tribunales. No habrá lleno pero sí alrededor de media entrada para ver el debut del Córdoba en Segunda B ante el Recreativo Granada.

Menos presupuesto

Con una plantilla perfilada con un presupuesto de menos de la mitad del de aquel retorno a Segunda, en torno a los 4 millones de euros, el Córdoba sigue teniendo uno de los presupuestos más altos del grupo IV y de toda la Segunda B. La plantilla es prácticamente nueva, y los llamados a liderar el proyecto, o bien son de los pocos que continúan del pasado curso -Chus Herrero, Fernández y De las Cuevas- o hijos pródigos que regresan para arrimar el hombro -Javi Flores, llamado a ser el capitán con mayúsculas-.

Sin embargo, el resultado debe ser el mismo del de hace doce años, en el último partido en El Arcángel en Segunda B. Aquel Guzmán Casaseca acosado por los aficionados en el túnel de vestuarios para que les diese su camiseta, con 90 minutos aún por jugarse en El Alcoraz. Pierini y Aurelio «corriendo por la banda de tribuna, abrazados, saludando a un público enfervorizado», tal y como narró para este periódico José Juan Luque. Los jugadores «alocados, desperdigados por el campo y blandiendo bufandas». El coliseo ribereño estallando de alegría. Consecuencias de un ascenso que se veía inminente.

Para el proyecto de ascenso de este curso aún queda mucho por andar. Diez meses de penalidades. Pero que todo quede en una pancarta como la que lucía en el estadio aquel 17 de julio del 2007: «Javi Flores, el orgullo de Córdoba». Así sea, porque será síntoma del trabajo bien hecho y de una alegría inmensa.