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CARRETERA Y MANTA

Mesas, insignias y relojes (I)

«A peor nada, en absoluto; todo ha ido a mejor», García Amado dixit

 

Alfredo García Amado (izquierda), durante su presentación oficial, junto a Jesús León. - SÁNCHEZ MORENO

Ignacio Luque Ignacio Luque
19/03/2019

«A peor nada, en absoluto; todo -ha ido- a mejor. Se está generando una situación de estabilidad en el club y tenemos que conseguir que sólo se hable de fútbol, porque en el momento que lo logremos es que estaremos haciendo bien las cosas. Todo ha cambiado para bien, el club se está consolidando dentro de una estructura razonable para su capacidad, limitando costes, responsabilidades y personas. Estamos logrando, con esfuerzo, que la entidad cada vez esté más ordenada, más estable y, al final, eso debe redundar en el equipo». La parrafada no es de la mejor época de González en el club, sino del director general del Córdoba, Alfredo García Amado, pronunciadas públicamente hace tan sólo diez días. Nada ha ido a peor. Todo ha cambiado para bien. Pero lo mejor del discurso del teórico número dos del club fue, sin duda, aquello de «estamos limitando costes». Su experiencia en Gijón en ese apartado es legendaria. De hecho, recibió la «felicitación» pública del juez en uno de los procesos concursales de la entidad gijonesa. En aquel «reconocimiento», su señoría añadió una nota en la que remarcaba a los directivos del Sporting, entre los que se incluía el hoy del Córdoba, como «incapaces para gestionar un club».

No sé si León leyó en el currículum de García Amado esa nota cuando decidió traerlo al Córdoba, pero lo que sí está claro es que nada de lo que públicamente declaraba hace diez días se ha cumplido en estos meses. Esas tres palabras juntas me nublaron la vista como a los defensores blanquiverdes ante Carmona, el pasado domingo: «Estamos limitando costes». No sé si recuerdan que a finales del pasado noviembre el Córdoba decidió homenajear a sus abonados más antiguos. El acto se celebró en el Círculo de la Amistad y el equipo acaba de cambiar de entrenador. La idea -«algo típico en el Sporting», me comentaron- partió del propio director general, que lo veía como un acto para hacer patria blanquiverde. Estaría bien que la joyería a la que se encargaron las insignias ya hubiera cobrado, ya que si la patria se hace con viruta propia, pues mejor que mejor. Vamos, que no la pague otro. En cualquier caso, no se entiende la limitación de costes pregonada con un gasto ideado por uno mismo y que, según parece, aún no se ha abonado. A un precio llamativo, por cierto.

Pero sí tenía razón en una cosa García Amado. Hay que hablar más de fútbol. Su llegada el pasado julio ya parecía algo torcida, ya que entre cientos de candidatos, no parece que el mejor sea el socio de una agencia de representantes. Lo dicho, quizás la «recomendación» del magistrado influyó, pero el caso es que la llegada de dos jugadores al plantel y quizás cierta influencia en otros dos no deja en el mejor lugar al propio club y mucho menos el futuro del propio director general.

Y ya puestos a hablar de fútbol, enlazando con la información que va en esta misma página, podría ejercer García Amado algo más de luz sobre los motivos por los que la operación Guardiola-Aguado se marchó hasta la última semana de enero cuando a principios de diciembre lo problemático era Guardiola y estaba resuelto. Luego, la complicación llegó por el jiennense. Algunos dicen que los motivos se debían a que en la negociación había demasiadas mesas. Él lo debe saber bien, aunque igual se le paró el reloj. Aunque lo de los relojes sí que fue un ejemplo de orden. Y de lealtad.

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