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La derogación del 'impuesto al sol' provoca un 'boom' del autoconsumo fotovoltaico

 

Placas fotovoltaicas. -

La Costa del Sol cuenta con una media anual de 2.905 horas de luz solar, la zona más luminosa de España, seguida de la provincia de Alicante. En cuanto a ciudades, Huelva es la más soleada, con 3.120 horas. La segunda es Madrid, con 2.900 horas de sol al año, y además es la capital europea más luminosa. Barcelona cuenta con 2.513 horas. España es, en general, un país soleado, como lo demuestra el hecho de que incluso Bilbao, la ciudad más oscura, disfrute de hasta 1.500 horas de sol al año. Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología quizá ayuden a explicar por qué España ha pasado en unos años de rechazar el aprovechamiento de la fuerza del sol a vivir un boom de la energía fotovoltaica, pero no sólo en las grandes empresas, sino que también se ha disparado a nivel doméstico. El coste medio de una instalación individual es de unos 6.000 euros, que se amortizan en seis años, según fuentes de la Conselleria de Industria de la Generalitat Valenciana y las empresas distribuidoras.

El denominado autoconsumo eléctrico permite autoabastecerse de energía e, incluso, aprovechar la sobrante para venderla a la red pública y encontrar así una fuente de ingresos con la que capear la crisis económica que nos azota en estos tiempos de pandemia.

Además, se trata de una fuente de energía limpia, ecológica y que, de momento, sólo tiene como detractores a los que ven en los paneles un impacto sobre la agricultura tradicional y el paisaje.

La revolución es tal que en España hemos pasado en tres años de la derogación (2018) del impuesto al sol del PP (que gravaba a los propietarios de instalaciones fotovoltaicas) a encontrarnos desde el 2019 con un decreto que regula la figura del autoconsumidor individual y colectivo, y con un régimen de compensación económica por verter excedentes a la red eléctrica. Todo ello favorecido por una bajada de los precios de los paneles fotovoltaicos. Y, como impulso definitivo, otro decreto, este reciente, del pasado agosto, por el que el Gobierno flexibilizó los criterios para colocar estructuras de hasta 100 kw sobre suelo urbano.

Sol, economía y medidas del Gobierno hacen que el autoconsumo eléctrico esté viviendo una etapa de crecimiento sin precedentes en España. Según cifras de la UNEF (Unión Española Fotovoltaica), España alcanzó en el 2019 los 459 MW de nueva potencia fotovoltaica para autoconsumo, nada menos que el doble de la potencia instalada en el 2018. A buen seguro, la cifra se disparará este año, aunque hay que esperar las consecuencias que pueda tener el covid. La descentralización del sistema energético a través del autoconsumo y las comunidades energéticas es una de las palancas clave de la transición en que se encuentra el sector, ya que permite que el consumidor pueda gestionar la producción, el intercambio y el almacenamiento de energía limpia.

Para José Donoso, director general de UNEF, «un rediseño de la tarifa eléctrica que reduzca el peso del término fijo es una medida clave para incentivar el despliegue del autoconsumo. Los ciudadanos tienen que pagar por lo que consumen, lo que supone ver traducida en ahorros económicos la apuesta que hacen por la eficiencia energética». Es decir, debe pagarse por lo que realmente se consume, no más. Los periodos de amortización de las instalaciones industriales de autoconsumo son de entre 4 y 7 años en función del consumo. Pero esta «fiebre del sol» va más allá, como lo demuestra que hayan surgido decenas de empresas dedicadas a impulsar esta actividad.

Iberdrola, líder nacional en distribución eléctrica, diseñó hace unos años la denominada solución Smart Solar para el segmento residencial. Una de las más comunes, según explican desde la compañía, es la instalación de tres kW, es decir, diez paneles solares que ocupan una superficie de 20 m2 en el tejado de la vivienda. Su coste aproximado es de 6.000 euros. La instalación puede producir una cantidad anual de energía de 4.950 kWh y la vivienda puede beneficiarse de la parte que autoconsuma de la generación de las placas. Las emisiones evitadas serían de unos 1.700 kg. CO2/año.

Los ahorros generados con esta instalación pueden alcanzar, según aseguran desde la compañía, hasta un 70% de la factura anual, si la casa dispone de baterías para almacenar lo que produce, y hasta un 40% si no dispone de ellas. En este caso, no se han considerado las ayudas municipales y/o autonómicas disponibles (bonificación de IBI, a través de IRPF o ayudas específicas con presupuesto definido). En el caso de instalaciones para empresas, los ahorros estimados pueden representar entre un 30% y un 35% frente al coste tradicional, según Iberdrola.

La solución de esta y otras empresas (Holaluz, Naturgy...) incluye un estudio personalizado, el diseño a medida, montaje y tramitación administrativa completa de una instalación solar fotovoltaica, ayuda en la tramitación de subvenciones, financiación, asesoramiento sobre el seguro, mantenimiento y monitorización a través de herramientas web y servicio de atención telefónica. En ese sentido, la empresa está facilitando el acceso a una financiación favorable con acuerdos con entidades financieras.

«El programa llave en mano está dirigido a consumidores domésticos, comunidades de vecinos, y también pymes o grandes empresas que pueden generar y consumir su propia energía eléctrica renovable, optimizando el consumo y mejorando la eficiencia energética de su instalación. Realizamos un estudio personalizado de la solución adaptado a las necesidades de cada cliente», subrayan desde la compañía.

Comunidades de vecinos

El autoconsumo, sin embargo, no se limita ya a viviendas individuales, aisladas, como sucedía hasta ahora, sino que se ha abierto también a otras modalidades, como el suministro colectivo en comunidades de vecinos. La competitividad del autoconsumo hace que estas soluciones sean aplicables también en edificios residenciales, mejorando la eficiencia energética de las instalaciones. Se acaba de poner en marcha, por ejemplo, la primera iniciativa de autoconsumo colectivo en Madrid, con una instalación de 20 kilovatios ubicada en la azotea de un edificio en el distrito Retiro de Madrid. Integrada por 60 módulos fotovoltaicos, la instalación abastece de energía limpia a los servicios comunitarios del edificio (ascensor e iluminación de la escalera y el portal) y a sus 31 vecinos, que reciben también una compensación por los excedentes de la energía generada que no consumen y vierten a la red, de manera que al final del periodo de facturación el valor de esa energía excedentaria se compensa en la factura del consumidor.

Con esta iniciativa se promueve un modelo de vivienda más sostenible, evitando la emisión de CO2 a la atmósfera, y unos ahorros de entorno al 30% para cada uno de los vecinos adheridos a esta modalidad. Para Rodrigo Irurzun (Ecologistas en Acción), la salida del Gobierno del PP trajo una legislación más sensata del autoconsumo. El autoabastecimiento se venía produciendo desde hacía tiempo, mediante generadores de respaldo, placas fotoeléctricas, pequeños aerogeneradores y saltos de agua, en zonas aisladas y desconectadas de la red eléctrica. El revuelo de los últimos años viene derivado de la bajada de precios, lo que podría llevar a una generalización de su uso, advierten desde Ecologistas en Acción.

Por otro lado, el autoconsumo también puede ayudar a hacer de la agricultura una actividad más sostenible, al sustituir las fuentes de energía contaminantes, como son los generadores de gasolina o diésel por paneles fotovoltaicos. Un ejemplo es el de la Cooperativa Costa de Huelva, cuya instalación fotovoltaica con almacenamiento permite cubrir alrededor del 30% de su demanda energética y reduce el consumo de aproximadamente 93.000 litros de diésel al año. Evita así la emisión a la atmósfera de 243 toneladas de CO2 al año, lo que equivale a la plantación de alrededor de 15.000 árboles.

Los cambios regulatorios introducidos en la legislación han supuesto, en definitiva, un revulsivo para la instalación de energía fotovoltaica para autoconsumo, ya que han reducido los costes y se han simplificado los procesos de tramitación de las instalaciones y se han introducido nuevas modalidades de consumo -como el autoconsumo compartido-, entre otras medidas. El panorama es, por tanto, esperanzador.

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