Una de las principales características de los plásticos que les llevaron a tener un gran éxito desde principios del siglo pasado es su perdurabilidad, junto al hecho de que son maleables, inertes químicamente -por lo que resisten la erosión y el paso del tiempo- y admiten tintes y coloraciones. Sin embargo, esta perdurabilidad se vuelve en su contra cuando terminan su uso, ya que, como ocurre también con el caso de los neumáticos, se genera un problema de acumulación y de gestión insostenible que la sociedad actual no puede seguir asumiendo.

Como solución, en la mayoría de las ocasiones se viene apostando por la reutilización -lo que la mayoría de los ciudadanos entiende como reciclaje- mediante un pequeño tratamiento que permite de nuevo su utilización, aunque con algunas limitaciones y con dificultades para eliminar el tinte de las bolsas de plástico, por ejemplo. Para esta reutilización existen muchas plantas repartidas por toda Andalucía. Y otra solución es el reciclado en sentido estricto, que exige ya una transformación química importante y que tiene como objetivo la consecución de nuevos productos como gases y combustibles líquidos. Sin embargo, este proceso es más dificultoso y caro, especialmente en el caso de los neumáticos, que al descomponerse liberan azufre que debe ser descontaminado del resultado final posteriormente.

El tratamiento de neumáticos fuera de uso viene estudiándose desde hace años, y son muchas las contribuciones científicas existentes y las patentes generadas en diversos países.

No en vano, desde hace años la UE cuenta con una normativa legal y unos planes para la gestión de los neumáticos, ya que están considerados como residuos tóxicos y peligrosos; y en España existe un plan nacional de gestión de neumáticos fuera de uso que obliga a la recogida de los mismos e impone metas de reciclado a alcanzar a lo largo del tiempo.

La eliminación de los tintes es uno de los problemas a la hora de reutilizar los plásticos. CÓRDOBA

Precisamente, para la transformación de los neumáticos y residuos plásticos en desuso el equipo de investigación FQ M346 de la Universidad de Córdoba (UCO), liderado por el catedrático del Departamento de Química Orgánica César Jiménez-Sanchidrián, viene investigando y analizando con diferentes técnicas que permitan simplificar y abaratar los procesos de reciclado. Técnicas como la termólisis o pirolisis, que facilitan la descomposición química de estos materiales mediante altas temperaturas, aplicando entre 350 y 400 grados a los neumáticos y unos 250 grados a las bolsas de plástico, por ejemplo.

Así lo explica César Jiménez-Sanchidrián, cuyo grupo de investigación ha construido recientemente una «refinería en pequeño» para el reciclaje de los neumáticos y la obtención de combustibles líquidos, gases y residuos carbonáceos; cuya consecución no es solo interesante desde un punto de vista económico, sino también medioambiental, pues se podría dar una solución a la citada acumulación de este tipo de materiales tras su uso. «Mediante pirolisis y distintos procesos conseguimos la eliminación del azufre de los neumáticos, obteniendo combustible líquido denominado fuel pesado grosero, que puede utilizarse para quemadores domésticos e industriales; gases ricos en metano para uso doméstico; o residuos carbonáceos de calidad que, entre otras aplicaciones, pueden ser usados como absorbente en procesos de purificación de aguas», indica este catedrático de la UCO.

Además de esta pequeña refinería, este grupo de investigación viene desarrollando en los últimos años varios proyectos de I+D, como por ejemplo uno centrado en la valorización de residuos plásticos industriales y urbanos por reformado con CO2 y plasmacatálisis para la obtención de hidrógeno, combustibles líquidos y nanotubos.

A través de sus investigaciones y proyectos, estos investigadores han demostrado que estos procesos de reciclaje pueden ser viables y sostenibles a escala industrial, con lo que en el futuro cercano podría haber plantas en Córdoba y en toda Andalucía que generasen estos productos a partir de neumáticos y plásticos desechados. Se terminaría así con el hándicap que supone el hecho de que el plástico es poco denso, con lo que acumular muchos kilos para su reciclado y transformación en otros productos requiere un gran esfuerzo de logística, recogida y personal; que se podría rentabilizar si se obtienen otros productos que, además, tienen la capacidad de generar energía procedente de materiales a los que se les puede dar esta segunda vida.