Ventana a la naturaleza
¿Por qué se caen los árboles en las ciudades?
La vegetación urbana, aunque parezca lo contrario, está sometida a un mayor estrés en ese entorno que en la naturaleza, donde los árboles arraigan como más fuerza y crecen mecidos por el viento

Un cedro del Himalaya talado tras la acción del viento en Córdoba. / R. A.

Los árboles están diseñados para vivir en el bosque y a pesar de soportar tormentas de gran fuerza caen en menor proporción que los que se encuentran en las ciudades a pesar que estos últimos están protegidos por edificios y teóricamente están mucho mejor atendidos o cuidados.
En la naturaleza, las raíces de un árbol se extienden horizontalmente mucho más allá de la copa para anclarse en el suelo y buscar también el agua a mayor profundidad. El árbol en la ciudad está confinado a un pequeño alcorque y las raíces no pueden anclarse para crear un contrapeso físico a la parte aérea. El entorno donde se desarrollan es de suelos compactados que impiden que el oxígeno y el agua lleguen a las raíces profundas, provocando su debilitamiento o pudrición.
Puede parecer que los edificios protegen a los árboles, pero en ocasiones crean microclimas peligrosos. Al pasar por las calles estrechas entre edificios altos el aire se acelera y golpea con mayor virulencia al árbol que en un espacio abierto. En un bosque los árboles desde que nacen se balancean con el viento más o menos suave, lo que estimula el crecimiento de madera de reacción, que es más fuerte. En la ciudad al estar más protegidos por edificios y no tener oportunidad de adaptarse al aire, cuando llega una ráfaga fuerte de una tormenta, su estructura no está preparada para soportarla. El medio urbano es un escenario de alto estrés.
Las podas abusivas o las continuas son algunos de los problemas que afectan a los árboles urbanos.
El cuidado que se realiza sobre el árbol urbano, con podas abusivas por cuestiones estéticas o separándolos de los edificios de manera drástica para que no tapen farolas u otro mobiliario urbano, altera su centro de gravedad y crea heridas que son puertas de entrada para hongos que pudren el tronco por dentro y por tanto lo debilitan aún más.
Al abrir zanjas para cables o tuberías, es frecuente que se corten raíces
Las obras que se realizan en el medio urbano tampoco tienen en cuenta la existencia del árbol y se realizan sin respeto hacia éste, que es un organismo vivo. Al abrir las zanjas para la instalación o reparación de cables o tuberías, es muy frecuente que se corten las raíces laterales y se dejen mucho tiempo al aire provocando su muerte. Estos tensores naturales del árbol quedan así eliminados y por tanto queda mucho más debilitado.
Puede parecer que los edificios protegen a los árboles, pero crean microclimas peligrosos
La presencia de pavimento impermeable reduce la infiltración de agua y aumenta el estrés hídrico de los árboles. Este estrés se produce tanto por poca agua o demasiada acumulada por mal drenaje. Asimismo, los parques urbanos suelen estar acompañados de césped que requiere mucha agua superficial. Esto hace que las raíces de éstos sean muy superficiales y ante la presencia del viento no sirvan de sujeción, el peso de la parte arbórea lo vence y caen a plomo fracturados por su base a pesar de estar sanos. Si además la copa está desequilibrada por la acción de las podas el riesgo de caída es mayor. En el medio urbano se produce una retirada constante de elementos (hojas, ramas y ramitas, frutos, etc), que provoca una eliminación constante de nutrientes y por tanto los suelos suelen ser pobres. Este efecto se produce en mayor proporción en los árboles dispuestos sobre alcorques. Un árbol mal alimentado es un árbol estructuralmente débil.
A esto se une el efecto de la isla de calor, ya que en la ciudad las temperaturas del aire y del suelo son más altas debido al asfalto. El cemento y la escasez de vegetación, lo que aumenta la evapotranspiración y favorece la desecación de los tejidos. Los contaminantes del aire afectan a la fisiología de los árboles y pueden reducir la capacidad de fotosíntesis y la resistencia a heridas o plagas.
La presencia de pavimento impermeable reduce la infiltración de agua y aumenta el estrés hídrico
Estudios de inventarios urbanos destacan que los árboles en calles y parques tienen tasas de mortalidad más altas que árboles en bosques rurales, y que esta mortalidad está estrechamente relacionada con factores de estrés urbano y selección de especies menos adaptadas. La literatura científica señala que los periodos de establecimiento (primeros años tras la plantación) son especialmente críticos y tienen las tasas más altas de falla y mortalidad.
Córdoba, de clima mediterráneo continentalizado, presenta uno de los climas urbanos más extremos de Europa: veranos muy largos, con frecuentes temperaturas máximas mayores de 40 °C, precipitaciones escasas, irregulares y concentradas en pocos episodios, y largos periodos de déficit hídrico estival. Estas condiciones reducen el crecimiento radical y por tanto tienen peor anclaje, producen madera con menor densidad y mayor proporción de tejido juvenil en árboles urbanos jóvenes. Así se aumentan los fallos por vuelco tras lluvias intensas otoñales, cuando el suelo se satura rápidamente tras meses secos.
En la ciudad las temperaturas del aire y del suelo son más altas que en la naturaleza debido al asfalto
En Córdoba, como en muchas ciudades españolas, las podas abusivas reiteradas, extemporáneas y severas por interferencias con fachadas o por seguridad ciudadana tiene una serie de efectos. Entre ellos se encuentran la formación de madera de reacción débil, cavidades, pudriciones, inserciones defectuosas, y copas descompensadas respecto al sistema radical. Es hora de modificar esta gestión histórica para minimizar estos efectos.
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