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Paisajes literarios

El monte de La Parrilla

Ocho años antes de que se fundara la colonia de La Carlota, Celestino Mutis pasó por aquel paraje despoblado y peligroso

Vista del cerro Montoso, en el término municipal de La Carlota.

Vista del cerro Montoso, en el término municipal de La Carlota. / JOSÉ AUMENTE

José Aumente Rubio

José Aumente Rubio

Córdoba

El valor literario de la obra del sacerdote, médico y botánico del siglo XVIII José Celestino Mutis es secundario frente a su gran aporte científico. Su trabajo de investigación más relevante es la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, un proyecto de tres décadas de duración comenzado en 1783, y que buscaba documentar la flora del virreinato, dejando un legado de gran importancia para la ciencia y el patrimonio, como es el caso de la excelente colección de más de 6.000 dibujos de flora colombiana y ecuatoriana que se conservan en el Real Jardín Botánico.

Sin embargo, Mutis es también reconocido por algunos autores -como el historiador y escritor colombiano Guillermo Fernández de Alba- como poeta latino, porque el «sabio gaditano» no solo domina el latín en calidad de lengua de la ciencia, sino que se vale de él en sus disertaciones y en su correspondencia con los naturalistas de Europa; del mismo modo, escribe versos hexámetros y sáficos, al más puro estilo horaciano, para agradecer los variados testimonios de admiración hacia su persona que le dedican humanistas criollos; pero Mutis no solo domina la lengua del Lacio, que maneja desde su juventud, sino que también conoce el griego y el hebreo, y le son familiares el inglés, el francés y el italiano y, por supuesto, escribe el castellano con elegancia y maestría. Por todas estas razones Celestino Mutis bien merece un hueco en estos Paisajes literarios de Córdoba, teniendo en cuenta que en uno de sus escritos hace una curiosa descripción de cómo era el paisaje del municipio cordobés de La Carlota en el siglo XVIII.

Mi compañero y amigo el profesor e historiador carloteño Antonio Martínez ha escrito un interesante artículo titulado «La colonización carolina y el final de La Parrilla, la extinción de un gran bosque campiñés», donde, entre otros documentos de viajeros de la época, se hace eco de un texto de Celestino Mutis sobre un viaje que hizo de Madrid a Cádiz por el viejo Camino de la Plata en el año 1760, poco antes de embarcarse con destino al Nuevo Reino de Granada. El 5 de agosto de aquel año Mutis llegó a Córdoba y el día 6 pasó por La Parrilla, en cuya venta pernoctó, llegando a Écija el 7 por la mañana. Faltaban tan solo ocho años para la fundación de la colonia de La Carlota y para que diera comienzo el desmonte o descuaje del bosque de La Parrilla, un lugar despoblado y peligroso que, junto con el Monte Horquera, fueron los últimos reductos de vegetación natural de cierta extensión en la Campiña. Las palabras de Mutis son más que elocuentes: «De Córdoba salimos con los cuatro conductores y las cinco recuas acompañándonos los unos á los otros para pasar con mayor seguridad el peligrosísimo paso de La Parrilla, donde se han cometido tan horribles maldades. A dos leguas de Córdoba comienza este sitio sumamente espeso y temible por el poco uso que puede hacer el viajero de sus armas, pues desde una mata pueden tirar, como lo han acostumbrado, sin ser vistos. A tanto llegan las malditas acciones de estos salteadores de caminos, que para asegurar más bien el robo matan al caminante, quitando á veces la vida por ningún dinero, pues suelen quitarla sin reconocer los haberes del caminante. Fué Dios servido de conducirnos sin accidente de esta naturaleza, pasando las tres leguas del Monte de la Parrilla, entre 10 y 2 de la noche, que sería la hora á que llegamos á la venta llamada de la Parrilla. Bebimos y pasamos adelante para concluir en el resto de la noche el resto de la jornada, que es de 3 leguas de distancia entre la Parrilla y la ciudad de Écija».

Me confirma Antonio Martínez que la venta de La Parrilla se encontraba a la salida de La Carlota en dirección a Écija, a pie del antiguo trazado de la N-IV, cerca de una estación de servicio próxima a la incorporación a la autovía. Si bien ya no quedan vestigios de la antigua posada, sí que podemos encontrar en los alrededores algunos bosquetes a modo de islas vegetales, es decir manchas de bosque mediterráneo o pequeñas dehesas aisladas en medio de los olivares o la tierra calma de labor, que constituyen una prueba palpable de que antes de la colonización todo este territorio estuvo poblado de espeso monte. La dehesa de Las Pinedas, el parque de la Torrontera, el parque de El Hecho, la cañada de Los Contrabandistas o el cerro Montoso son una muestra de lo que pudo ser el monte de La Parrilla.

Plantas de La Parrilla

Mutis intercambió correspondencia con Carlos Linneo, uno de los científicos más relevantes del siglo XVIII y padre de la taxonomía, es decir, de la clasificación de los seres vivos, a quien también envió muestras de las increíbles plantas que se podían encontrar en Nueva Granada.Y Linneo en honor a su colega bautizó una orquídea como Mutisia, nombre con el que hoy se designa a todo un género de plantas. Evidentemente, Mutis conocía la obra de Linneo Systema naturae (1735) y adoptó y aplicó su sistema de clasificación de especies, conocido como el sistema binario, para nombrar el género de algunas plantas que identificó en el monte de la Parrilla. Lo tuvo que hacer con relativa prisa por el miedo que ocasionaba la permanencia en lugar tan peligroso. Curiosamente en la documentación consultada las plantas aparecen con una denominación incompleta, solo nombra el género y la especie aparece con puntos suspensivos, no sabemos si debido a un error de transcripción: «Al amanecer pude reconocer algunas plantas y hallé en abundancia una especie de Staechas, que me pareció la Staechas... pregunté á uno de los caminantes que encontré cómo llamaban á aquella hierba, y me respondió que ellos la conocían por tomillera, pregunté después á otro, y me respondió que no se acordaba, aunque ciertamente la conocía; díjele si era alguna especie de cantueso, respondióme que sí, mostrando la alegría que solemos cuando, pensativos, no podemos dar con el nombre de alguna cosa que hemos sabido. Encontré la Xara estepa en abundancia, de que recogí semilla más abundantemente que en Sierra Morena, donde estaba escasa la semilla, aunque la planta se halle en abundancia. Hallé en abundancia el Xuagarzo y la otra Xara llamada Cistus... Recogí también semilla de un Helianthemo, una especie que no pude averiguar, pero me pareció el Helianthemum...Tomé igualmente semilla de una Pedicularis, según me pareció el fruto cuya especie no pude averiguar».

Es fácil identificar algunas de las especies arbustivas citadas por Mutis, que aún se pueden encontrar en la zona y que debían ocupar grandes extensiones por aquellos años, como el cantueso (Staechas, en realidad Lavandula stoechas), el jaguarzo o estepa negra (Cistus monspeliensis), la jara estepa o jara blanca (Cistus albidus) o el heliantemo (se ha detectado la presencia de varias especies del género Helianthemum en la Campiña: salicifolium, ledifolium, aegyptiacum o angustatum). De otra planta, la Pedicularis (probablemente Pedicularis lusitanica), una planta semiparásita más propia de humedales, turberas y otras comunidades higrófilas, no hay constancia de su presencia actualmente en la zona, y pudo desaparecer al transformarse el bosque de La Parrilla en campos de cultivo. Todos estos géneros de plantas ya figuraban en el libro Species Plantarum (1753), donde Linneo clasificó más de 7.300 especies, y que Mutis también debía conocer, pues nombró las plantas identificadas en La Parrilla tomando como referencia esta obra publicada tan solo siete años antes de que realizara su viaje.

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