Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El taller oculto en Córdoba donde una madre y sus tres hijas convierten abanicos en auténticas obras de arte

Sus tres hijas participan activamente en la creación de los abanicos y cada una imprime en ellos su propio universo

El taller oculto en Córdoba donde una madre y su hija convierten abanicos en auténticas obras de arte

El taller oculto en Córdoba donde una madre y su hija convierten abanicos en auténticas obras de arte

La ciudad y provincia de Córdoba otra cosa no, pero arte derraman por los cuatro costados. Da igual si miras a sus patios, a sus calles empedradas o a esos pequeños negocios que parecen pasar desapercibidos: la creatividad está en el aire. Y uno de los mejores ejemplos se esconde en plena Judería, dentro de una pequeña tienda donde un objeto tan antiguo como el abanico se transforma, literalmente, en un lienzo.

Allí Mari Carmen Pintado y sus hijas han convertido este soporte clásico en algo completamente inesperado con Abanicos Disimusa. No compran piezas prefabricadas para decorarlas: cada abanico nace desde cero entre sus manos.

Un clan familiar unido por el arte

La historia no es solo de Mari Carmen: a su alrededor ha crecido un auténtico clan de artistas. Sus tres hijas participan activamente en la creación de los abanicos y cada una imprime en ellos su propio universo. El marido de Mari Carmen, Aurelio, también forma parte de esta aventura creativa que tiene raíces profundas: en la tienda cuelga una fotografía antigua de la abuela paterna pintando en El Prado, junto a nombres como Cecilio Pla y Manuel Benedicto. No es una casualidad, el arte ya corría por esa familia.

Cada miembro aporta algo distinto: mientras que Mari Carmen empezó pintando sobre telas y llegó al abanico casi por azar, encuentra inspiración en la naturaleza. De sus manos salen lirios, petirrojos y composiciones abstractas.

Adriana, la mediana, aplica los conocimientos de Bellas Artes en ilustraciones que recuerdan a cuentos infantiles, ciudades de rascacielos o incluso catrinas mexicanas.

Rocío, la mayor, deja huella con un estilo más naíf, lleno de colores intensos, perspectivas libres y mucha fuerza expresiva. Y Jara completa todo ese universo con fundas para abanicos, mochilas y bolsas ecológicas de diseños llamativos.

Más que pintar: reinventar el abanico

En esta tienda de la calle Tomás Conde, en plena Judería, no solo se pintan abanicos. También se reinventan: les dan nuevas formas y nuevas maneras de existir. Sobre un mostrador de madera reciclada, Mari Carmen trabaja con un pincel humedecido en acrílico sobre telas de algodón y varillas de madera de peral, una madera flexible y resistente.

Los precios habituales rondan entre los 35 y los 40 euros, pero también realizan encargos personalizados. Entre ellos destacan los “semi pericón”, que se han convertido en los favoritos de muchas novias cordobesas. Y la semilla del oficio ya sigue brotando: el último abanico en llegar al taller ha sido el de Maya, la nieta de Mari Carmen, que con apenas 12 años ya empieza a mostrar un talento prometedor.

Un pequeño escaparate al que cuesta no mirar

Primero vendían en internet y en ferias de artesanía. Pero hace cinco años decidieron dar un paso más y compraron su propio local. Hoy su escaparate es una explosión de color imposible de ignorar. Quien pasa por allí suele detenerse, aunque sea unos segundos, hipnotizado por la variedad de diseños, las formas, las texturas y los matices.

Bajo el nombre de Abanicos Disimusa, este proyecto familiar se ha consolidado como un taller de mujeres emprendedoras con base en Córdoba, donde cada abanico está hecho en España, con algodón 100% y madera de peral, y pintado a mano.

Tracking Pixel Contents