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Así es la misteriosa escultura romana hallada en Córdoba que guarda el alma de un barco y simboliza el poder del mar

La escultura apareció en la iglesia de San Lorenzo, donde estuvo incrustada en un muro del pórtico

Así es la misteriosa escultura romana hallada en Córdoba que guarda el alma de un barco y simboliza el poder del mar

Así es la misteriosa escultura romana hallada en Córdoba que guarda el alma de un barco y simboliza el poder del mar

Uno de los mayores tesoros de Córdoba no solo está en las calles que todos caminamos, sino en el diálogo silencioso que la ciudad mantiene con su pasado. Ese vínculo entre presente y memoria se cuela en cualquier rincón, incluso en piezas que, durante siglos, pasaron desapercibidas hasta que alguien las volvió a mirarlas.

Eso es justo lo que ha ocurrido con la escultura que hace apenas unos días divulgaba la cuenta de divulgación histórica ‘Templo del Pasado’, revelando uno de los objetos más singulares que descansan hoy en el Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.

Una proa tallada hace dos milenio en pleno corazón de Córdoba

Realizada en caliza micrítica negra, esta pieza representa la proa de una nave romana del siglo I d.C. A pesar de su apariencia esquemática, conserva con claridad todos los elementos que definían la parte frontal de estos barcos: el espolón o rostrum reforzado con armas, el acrostolio con su forma de voluta y el proembolio donde se talla la cabeza de un jabalí.

Son detalles que, aunque hoy puedan parecer simples adornos, en su tiempo estaban cargados de significado político, militar y simbólico.

La escultura apareció en la iglesia de San Lorenzo, donde estuvo incrustada en un muro del pórtico. Su parte trasera está rota porque, precisamente, era el punto de empotramiento en el monumento original. Ese fragmento perdido es una de las pistas que permite entender cuál fue su función y por qué se convirtió en un objeto tan relevante.

Qué simboliza y por qué importa tanto esta pieza

En época tardorrepublicana y durante el Alto Imperio, las representaciones de proas de nave no se hacían al azar, sino que eran un motivo habitual en monumentos conmemorativos relacionados con victorias navales o en estructuras funerarias dedicadas a soldados que habían participado en campañas marítimas.

El arqueólogo Desiderio Vaquerizo ya apuntaba en los años 90 que esta escultura probablemente formaba parte de un monumento funerario encargado por un ciudadano romano (o hispanorromano) vinculado al ejército o a alguna actividad marítima, fallecido en Córdoba durante la primera mitad del siglo I d.C.

El mar, incluso a cientos de kilómetros de distancia, era un símbolo de poder, expansión y prestigia y los barcos no solo trasladaban mercancías: también proyectaban la fuerza de Roma sobre el Mediterráneo.

El hecho de que esta proa acabase integrada en un muro siglos después demuestra hasta qué punto la ciudad fue reutilizando materiales a lo largo del tiempo, como si cada época se apoyase sobre las ruinas de la anterior.

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